Menu

Debajo

5 mayo, 2021 - Portada, Sin categoría
Debajo

Guillem Martínez. La buena noticia es que hay, al respecto, una buena noticia. Desde el país más inesperado, y a través de un político inesperado, se está cimentando una respuesta a esta época, sellada en 2008, pero iniciada en los 70.

Carta a la comunidad ctxt. Enviada el 1-5-2021

El mito fundacional del republicanismo planetario es un tanto cenizo. Lucrecia, violada por el rey de Roma, se suicida, por todo lo alto. La indignación que ello produce acaba con la monarquía romana. Esta estructura narrativa –un abuso y un sacrificio ocasionan un gran cambio y, con él, la felicidad– es propia de las narraciones populares. Lo que nos explica que el mito de Lucrecia es anterior a sí mismo, remoto, un cuento popular. En tanto que cuento popular, podría haber optado por otros itinerarios para, al final, devolver, como hace, el orden, la edad de oro, al mundo. El rey de Roma podría haber propuesto a Lucrecia tres pruebas, perderlas y, con todo ello, perder su trono. O Lucrecia se podría haber reído del rey de Roma, porque iba desnudo pensando que llevaba un traje I+D. Pero no. Lucrecia optó por el sufrimiento para acceder al happy end. Y eso nos pesa.

    Por detalles como el de Lucrecia miramos la política en términos de tragedia. Lo es. Pero hay otros puntos trágicos en la vida. La política, a temperatura y presión normales, solo es uno más. Y sí, la manera de soportar en la vida cotidiana la política y sus obras es trágica. Pero no necesariamente –y aquí Lucrecia hizo mucho daño– la forma de enfrentarse a ella, de tomar partido, no solo puede ser alegre, sino divertida, cool y con juego de piernas. Estas líneas que les estoy escribiendo son, de hecho, una vindicación de la alegría –o lo que es lo mismo, la vitalidad, la ausencia de amargura– en la vivencia de la política.

    En 2008 se inició un ciclo que, dependiendo de tu edad, ha ocupado el grueso de tu vida. Se trata de un periodo de reformulación agresiva del capitalismo, y de abandono progresivo –la forma más cruel de lo definitivo– del Bienestar. Un túnel hacia otro túnel. La buena noticia es que hay, al respecto, una buena noticia. Desde el país más inesperado, y a través de un político inesperado, se está cimentando una respuesta a esta época, sellada en 2008, pero iniciada en los 70. Siempre será menos luminoso de lo que parece, pero la luminosidad que se intuye es una respuesta sólida ante el neoliberalismo. Un plan de inversiones que, por sí solo, presupone otra lectura del Estado y de la economía. Con su ambicioso plan, Biden intenta a) frenar a China –puede hacerlo; China, el capitalismo no democrático, posee, junto a su éxito, grandes bolsas de conflictos futuros–, y b) frenar al republicanismo USA, en órbita postfacista, una nueva forma de matar a Lucrecia, que solo se puede detener, no con declaraciones, sino con políticas de igualdad y cohesión social.

    Así narrado y escuchado, parece que lo de Biden es una seta, que ha nacido sin más ayuda que el calor y la lluvia. No es una seta. Es algo que existía debajo de lo que existía desde 2008. Existía fuera de la política, en el movimiento Occupy, esa lógica tan próxima al 15M que era su lógica. Existía subterráneamente en la forma de movimientos y de personas, de millones de ellas, que no hicieron, desde 2008, lo que apuntaba el guión de la tragedia vivida desde entonces. Hacer la Lucrecia. Combatieron la política –una política de exterminio social, como se ha vivido en pandemia en gran parte del mundo; un mundo que ya no contemplaba cuidar del mundo– con la alegría y el vitalismo que ustedes recordarán de la pasada década. No se mezclaron con la tragedia sino que, a través incluso de la comedia, recordaron la existencia de otra lógica. La lógica de lo humano contra lo inhumano.

    El próximo 4M no se desanimen. Gane quien gane, hemos ganado. Existe, por fin, algo. Pequeño, sin forma, contradictorio, mundial. Una especie de respuesta a la tragedia. Solo hay que dejar que descienda, que crezca, que ejerza el poder de contradicción con su mera existencia. Con su mera existencia, el ciclo cambiará de una forma más leve o profunda. Todos los fanatismos de la austeridad, y todas esas vías hacia la nada del neoliberalismo, en breve tendrán oportunidad de envejecer, de hacer el ridículo. Sencillamente, porque no estarán solos en el escenario. Y el escenario, con ello, se volverá absurdo. Nadie verá, o verá con otros ojos, a los reyes de Roma. Cuando escuchemos sus declaraciones confusas, no haremos como Lucrecia, sino como debería haber hecho Lucrecia. Reiremos.

El sentido de esta carta era ese. Gracias por dejarnos describir, desde CTXT, un mundo más cómico que trágico. Gracias por no ser como Lucrecia, sino como su prima, Lucrecia la Cachonda, una mujer que tampoco existió, pero que se cargó al rey de Roma de la risa.

Gracias. Atentamente,

Guillem Martínez

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

Follow by Email
Facebook
Facebook
Twitter
YOUTUBE
INSTAGRAM