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Mercantilización financiera y crisis climática (III)

30 diciembre, 2019 - Actividad observatorio Ecología política
Mercantilización financiera y crisis climática (III)

Por mucho capitalismo “verde” o de “rostro humano” que se nos quiera vender la realidad es que el problema en sí es el capitalismo. No valen adjetivos. A más capitalismo, mayor probabilidad de desastres naturales por la desregulación que conlleva, incrementando incluso riesgos fiscales en los Estados. La financierización de la naturaleza no solo no resuelve los problemas sino que los incentiva, los recrea, en su lógica de rentabilización de inversiones especulativas favoreciendo así a los generadores de los efectos ambientales.

publico
Antonio Fraguas

El terco sentido de los datos

Todo esto es la respuesta de los «Foros Económicos». Nada más que vueltas al mismo sitio (¿será eso la Economía Circular?). Solo algunas cifras: 100 grandes corporaciones emiten el 70% del CO2 actual (el 70% entidades privadas) y dentro de estos, 20 empresas emiten el 35% del CO2. Asimismo, el 10% de la población más rica del planeta emite el 50% de los gases de efecto invernadero. Ahí están las responsabilidades.

Si tenemos en cuenta que según la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration), de los USA se emiten aproximadamente unas 38 GT[1] de CO2 equivalentes (34 de la industria y el sector energético y 4 de la agricultura y suelo) solo pueden ser absorbidos como sumidero 23 GT (12 por bosques y 11 por océanos) quedan 15 GT que permanecen en el sistema. Por tanto, no hay otra, es preciso reducir las emisiones y drásticamente. Para ver el alcance del enorme esfuerzo que supondría esta reducción hagamos unos simples cálculos teóricos. Según NNUU para conseguir una temperatura que no supere en el futuro los 1,5°C que es lo que recomienda el IPCC, se requiere una disminución de un 7,6% de CO2 anual (sería un 2,7% si se plantea llegar al límite de los 2°C como requiere el Acuerdo de París). ¿Qué supone esta cifra? ¿Qué esfuerzo requiere?. Podríamos tener una referencia muy gráfica. El colapso económico de la URSS implicó una reducción de 7,6 GT en 10 años (desde 1992 a 2011 aproximadamente). Las emisiones anuales totales para comparar con esta cifra serían pues de 380 GT (38 anuales en 10 años en la hipótesis planteada), esas 7,6 GT supondrían tan solo un 2% de reducción comparada. Es decir, se necesitarían «derrumbes permanentes» parecidos a la caída de la URSS para cumplir el Acuerdo de París. Algo impensable. El reto es de unas dimensiones casi incalculables. No nos engañemos. El Cambio Climático está aquí y precisa fundamentalmente políticas de adaptación porque las de remisión o mitigación solo pueden abordarse modificando drásticamente el modelo productivo y de consumo.
Ante este reto en el ámbito de las máximas potencias económicas, máximas responsables también de emitir CO2 (es decir el G-20) en un flagrante incumplimiento de un ya de por sí lábil Acuerdo de París, se limitan a mercantilizar los procesos como antes vimos (la COP25 de Madrid insiste en ellos), cuando la realidad es la siguiente:

No obstante, los incendios de áreas naturales buscando suelos de cultivo se han incrementado de manera brutal este año (Amazonia, África, Asia …).

Nada indica por tanto que se esté en el camino de las soluciones.

Mercantilización financiera y crisis climática
Mercantilización financiera y crisis climática

¿Hay Alternativas?: No se trata de dar la vuelta a la tortilla sino de cambiar de sartén

Siempre que se plantea el problema, se cuestionan las soluciones… es aquello de «bien, es un grave problema … pero ¿Qué hacemos?». La respuesta es obvia: lo primero ser conscientes de la enorme entidad del riesgo y por tanto no profundizar en él. Pero esto es bien difícil. La ciudadanía no solo debe modificar sus hábitos pues con ello no es suficiente. Por ejemplo, las políticas de transporte y energía que son grandes generadoras del cambio climático no pueden ser modificadas solamente por gestos o meros comportamientos personales voluntaristas sino por una acción política a gran escala.

La ciudadanía, por tanto, debe exigir a sus gobiernos y a las empresas que respeten su futuro. En las instituciones y también en la calle como ya está sucediendo ante la evidencia de que los compromisos y grandes declaraciones solo están sirviendo para mirar al cielo mientras se camina hacia el precipicio. Una trampa en el solitario ante la que la gente joven (que es joven pero no estúpida) ha reaccionado al ver tan hondamente comprometido su propio futuro.

El proceso es complejo, muy complejo porque las soluciones no pueden ser parciales y el tiempo se ha acortado. Hace 30 años se planteaban muchas de las cosas que hoy siguen siendo objetivos. Entonces era urgente; hoy es emergente, y ya no valen tiritas para curar un cáncer. La única solución es cambiar el modelo productivo y de consumo, cambiar los paradigmas pasados, cambiar las estructuras convivenciales y las relaciones de poder que han implicado el abuso de los recursos naturales y por tanto de los bienes comunes que estos implican y los desequilibrios ecológicos que devinieron en desigualdades sociales.

El Medio Ambiente es un indicador, una voz inmejorable para alertar de las desviaciones del modelo de los márgenes de equilibrio socioecológico. Paso a paso se debe alumbrar el futuro de un nuevo modelo de economía social y solidaria de mayor proximidad a la ciudadanía basado en principios de cooperativismo y autogestión que suponen menor impacto ecológico y energético. Un modelo nuevo, resiliente a la crisis climática, en el que se mide el futuro con parámetros más realistas por integrales que un mero indicador contable como el PIB. Lo claro es que la alternativa al capitalismo no es un capitalismo más verde, pues éste ya ha demostrado su fracaso.

Estos últimos 40 ó 50 años de neoliberalismo (y los pasados 10 años en que uniformemente se ubica la crisis) dejan ver las grietas de un modelo que se niega a desaparecer. Pero los sistemas ecológicos han dicho basta. Están en crisis desde hace más de un siglo. Lo podemos llamar Antropoceno, Colapso ambiental, Sexta extinción… da igual. La tendencia es clara. O hay cambios en los patrones y paradigmas económicos o esto no durará mucho porque el modelo está, estructuralmente, en crisis que no es solo económica, sino también ecológica y por tanto global.

En esta situación es obvio que el Estado regulador debe tener un papel esencial en un primer estadio de cambio de modelo y fortalecer su papel como conector entre Mercado y Naturaleza, un rol de interfaz que permitiría las correcciones adecuadas partiendo de algunos principios esenciales:

¿Cómo hacer efectivos estos principios? Algunas propuestas:

Estas nuevas orientaciones en el tiempo conllevarían a un segundo estadio del modelo tendente a sistemas de la Economía de lo común, donde modelo de economía social y solidaria fueran más y más dominantes, con incentivo de la economía de cercanía o proximidad (más eficiente en términos energéticos y sociales en tanto generadora de cohesión), con sistemas corporativos agroecológicos y/o de comercio justo, donde temas esenciales como aplicación de Renta Básica Universal ayudarían a conformar un nuevo Contrato Social en base a principios de solidaridad intergeneracional donde todo debiera concluir con nuevos medidores de la evolución de la sociedad humana (más allá del PIB). El Cambio Climático pasaría así de ser una oportunidad de negocio a otra para cambiar el mundo y evitar así el Colapso . El tiempo pasa y se acorta para tomar soluciones , mas allá de Cumbres y Ferias del Clima nos jugamos el futuro .

NOTAS
[1] Datos tomados de comunicación por Valeriano Ruiz.

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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