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Informes para que todo siga igual

15 junio, 2019 - Actividad observatorio RBU

José Maria Herreros

El pasado día 11 de junio el Defensor del Pueblo en funciones entregó a la presidenta del Congreso, Mertixell Batet y al presidente del senado, Manuel Cruz, el informe anual correspondiente a 2018. Apenas unos días después, casi solapando pero sobre todo complementando el mismo, se ha publicado el VIII informe de la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada) sobre Exclusión y Desarrollo Social en España.

Los informes del Defensor del pueblo son extensos por enumerativos, dado que recogen casi al detalle las reclamaciones de toda índole que han recibido en la institución a lo largo del año, pero contienen, como no podría ser de otra forma y fruto de las mismas, un extenso capítulo de recomendaciones. La Fundación Foessa hace un estudio más general de la situación y diagnostica sobre la misma. No podemos hablar por tanto de coincidencias en los mismos, porque tienen diferente naturaleza, pero reflejan, como si de un espejo se tratara, la misma realidad.

En lo referente a las políticas sociales y en concreto a las que afectan a las personas en riesgo de exclusión, el informe del Defensor del Pueblo resalta la necesidad de hacer un esfuerzo económico en la dotación de la cuantía de las denominadas Rentas Mínimas y aboga por simplificar el acceso a las mismas dado que su laberíntico proceso de solicitud impide que accedan a ellas las personas con menos recursos y por tanto las que más lo necesitan. Pero sobre todo hace una detallada enumeración de las argucias (en el informe las denomina procedimientos administrativos) de las que se valen las diferentes administraciones autonómicas, con Madrid a la cabeza y de forma muy destacada, para, so pretexto de luchar contra un supuesto fraude en su concesión, rechazar, interrumpir o suspender las mismas, lo que supone una forma más de encarnizamiento en el ya bastante indigno proceso de solicitud de las mismas.

Ejemplos como la pretensión de tener que declarar las limosnas que se reciben de la gente en las calles es, aunque bastante significativo, solo uno de tantos, algunos de los cuales vienen recogidos en el citado informe que, por cierto, no tiene carácter vinculante sino de recomendación. Sus señorías del Congreso y Senado lo recibirán, incluso alguna llegará a realizar alguna lectura parcelada, y seguirán a lo suyo, como si lo que se expone y describe estuviera pasando en otro país. Pongamos Venezuela, que es el imprescindible avecrem de todas las salsas.

El informe de la Fundación Foessa señala por su parte que los esquemas de garantía de ingresos mínimos, con sus diversos subsistemas y con sus permanentes reformas o desarrollos, aunque nunca han sido eficaces, lo son cada vez menos en la cobertura e intensidad protectora, lo que merma cada vez más su capacidad para reducir la pobreza. Pero también ahonda en las consecuencias que la desigualdad, modo elegido por las élites económicas y políticas para superar macroeconómicamente esta crisis, está ya teniendo en la estructura social.

Entre estas consecuencias, cabe destacar el miedo que produce la escasez material o la perspectiva de acabar sumido en ella. Miedo que, como señala el informe, ‘reduce nuestra capacidad de pensamiento, nos paraliza psicológicamente, reduce nuestro ancho de banda y produce el efecto de visión de túnelcapturando nuestra mente e impidiendo el pensamiento estratégico, la mirada a me­dio-largo plazo, la distinción entre lo urgente y lo necesario, y nos encierra psicológicamente en esce­narios competitivos de suma negativa’. Miedo que afecta más y peor a los más necesitados. Miedo como elemento descapitalizador de mirada estratégica y a la vez útil como granero de votos o desmovilizador del mismo garantizándo así el mantenimiento de la situación.

Informes, descripciones y diagnósticos sobre políticas sociales como estos que nos ocupan vienen publicándose desde hace años. De hecho uno empieza a pensar que forman ya parte del juego. Estamos muy mal, y cada vez peor, pero no pasa nada porque tenemos informes que lo explican. ¿Cómo se lucha contra una realidad cuando la propia realidad contra la que se lucha es la causa que impide luchar? se pregunta Jorge Moruno en su libro ‘No tengo tiempo’. No propongo que dejemos de elaborar y leer estos informes, pero está claro que no basta con eso. Como dice el profesor Jean-Gabriel Ganascia, durante mucho tiempo la ciencia-ficción se inspiró en la ciencia para crear argumentos. Pero en la actualidad se ha producido una especie de inversión. Es la ciencia la que se inspira en la ciencia-ficción. Seamos capaces por tanto de imaginar un futuro diferente cuyo relato modele y transforme nuestra cultura, nuestras creencias y nuestra forma de ver el mundo y empezaremos a dar pasos para transformar la realidad. O lo que expresado de forma más prosaica, decía una pintada en un muro de Buenos Aires: ‘menos realidades y más promesas’.

Tal vez, como dijo Jordi Cuixart en su alegato de defensa en el juicio del procés (y que Dios y la sociedad me perdone por citarle), aplicado a nuestras sociedades y con la que está cayendo, el problema no es la desobediencia civil sino la obediencia civil.

Empecemos imaginando un mundo con Renta Básica (la universal, individual, incondicional y suficiente) y pensemos cuantos de los problemas que se describen en el informe del Defensor del Pueblo y de las situaciones que se exponen en el de la Fundación Foessa se resolverían de manera casi automática. Por ejemplo ese miedo paralizante y desmovilizador. Y después, cómo se transformarían con el tiempo nuestras vidas y por tanto nuestras sociedades. Yo ahí lo dejo.

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