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“En España no hay conciencia de los buitres”

25 julio, 2014 - Internacional, Mercados Financieros, Nacional, Organismos Internacionales, Portada

Juan Hernández Vigueras. Consejo Científico de ATTAC En su reciente libro “Los lobbies financieros; tentáculos del poder”,  Juan Hernández Vigueras indaga cómo buitres e influyentes intereses intervinieron en las crisis de los países del Mediterráneo para evitar regulaciones efectivas. Entrevistado por VIERNES vía telefónica, el autor analiza las consecuencias del fallo Griesa y sus probables […]

fondos buitreJuan Hernández Vigueras. Consejo Científico de ATTAC

En su reciente libro “Los lobbies financieros; tentáculos del poder”,  Juan Hernández Vigueras indaga cómo buitres e influyentes intereses intervinieron en las crisis de los países del Mediterráneo para evitar regulaciones efectivas. Entrevistado por VIERNES vía telefónica, el autor analiza las consecuencias del fallo Griesa y sus probables implicancias en las economías europeas.
Por: Francisco Aldaya
 

Viernes: ¿Cuán permeable es la Justicia de los Estados Unidos ante los lobbies financieros?
Juan Hernández Vigueras: 
Cuando leí la sentencia del juez Thomas Griesa, como doctor en derecho me sorprendió mucho su contenido altamente político, en vez de judicial. El derecho anglosajón es completamente distinto al nuestro, pero esto parece indicar que tiene una alta permeabilidad a los lobbies financieros, que actúan a través de agencias regulatorias, los medios y jueces.
V.: ¿Percibe el caso argentino como excepcional?
J.H.V.: 
El sistema financiero internacional domina a los Estados con problemas económicos. El caso argentino me pareció un ejemplo típico de la conducta de los fondos buitre, es decir, de transacciones de alto riesgo con fines puramente especulativos. Buscan maximizar sus ganancias sin invertir en el valor añadido de los países en lo más mínimo y, evidentemente, están muy bien organizados y financiados para ejercer presión y tener éxito. La labor del lobby del Paul Singer American Task Force Argentina ha sido mucho más fuerte y exitosa de lo que se valora. Dentro de la Argentina, no me extrañaría que hubiese gente vinculada a este poderoso lobby que participa del debate político interno y doméstico.
V.: El Gobierno de Barack Obama rechazó el fallo de Thomas Griesa sobre la Argentina, pero luego no fue a fondo en el expediente judicial; se quedó a mitad de camino. ¿A qué cree que se debe?
J.H.V.: Mi convencimiento personal es que el peso de la política norteamericana sobre los jueces en general, y de Manhattan en particular, es muy fuerte. Hubo una época en que los Estados Unidos defendían la inmunidad de los Estados, pero dejó de interesarle. Wall Street se identifica mucho con Washington y viceversa. De alguna manera, más que aleccionamiento, se produjo una llamada al orden. Dejó cierto resentimiento la política de independencia que ha seguido la Argentina desde 2002.
V.: ¿Por qué al poder político estadounidense le habría dejado de interesar la inmunidad de los Estados? 
J.H.V.: Es el sentido imperial que muchos dirigentes norteamericanos han adquirido desde que cayó la Unión Soviética.
V.: En cuanto a la jurisprudencia establecida por la decisión de la Corte Suprema de los EE.UU., ¿no pueden los Estados simplemente emitir bonos con cláusulas para evitar este tipo de conflictos, o no emitir deuda en situación de default?
J.H.V.: 
En la Unión Europea, Grecia abogó por un marco regulatorio para apoyar la emisión de dichos bonos, pero desde la reunión del G-20 de abril de 2008, cuando los líderes se reunieron para discutir el tema, prácticamente no ha habido progreso. Sin la ley, nadie compra bonos soberanos con estas cláusulas. En 2008, la UE aprobó la regulación de los fondos especulativos de alto riesgo, pero la legislación estaba prácticamente vacía de contenido.
V.: Un ejemplo de una cláusula sería establecer un piso que obligue a todos los tenedores de bonos a aceptar la reestructuración de su deuda si la mayoría de los acreedores deciden hacerlo.
J.H.V.:
 Parece simple, pero el caso de la Argentina demuestra que hay una cuestión política de fondo, aparte de financiera. Los holdouts, con su poder político y financiero, fueron capaces de establecer su propio lobby. También tienen influencia sobre los medios de comunicación. No hubo avances para regular en absoluto; los intentos han fallado. En lugar de tener bancos adecuados y apropiados que compren bonos, todavía cualquier fondo puede hacerlo, incluso cuando un país se encuentra en default, por lo que claramente se confirma que aún no hay límites a las acciones de estos grupos en el sistema financiero actual.
V.: ¿Cómo operan estos lobbies en la UE?
J.H.V.:
 Es un poder muy oculto. Incluyo varios ejemplos y documentos sobre varios casos en mi libro «Lobbies financieros; tentáculos del poder». La Comisión Europea es la responsable de traducir los acuerdos políticos en legislación, lo que implica un proceso considerablemente largo en el que toman parte comités de expertos, que a su vez son integrados por representantes de bancos, delegados de empresas de seguros, etcétera. Así es como se diluye el contenido de las leyes, por lo que quedan endebles.
V.: ¿Desde Europa se observa un probable default argentino como una situación catastrófica para un país periférico?
J.H.V.: Es difícil contestar. Entiendo que la situación sería mala por la razón objetiva de que la Argentina podría quedar afuera de los mercados internacionales. Qué consecuencias, es difícil evaluarlo. Se habla de los BRICS, que son importantes, pero el tema básico es que, aunque China tenga un peso económico y político, como Rusia, los Estados Unidos tienen el poder estructural.
V.: Hay quien dice en la Argentina que el ratio de la deuda sobre el PBI es bajo, y que el país pudo transitar un tiempo el camino bajo la premisa «vivir con lo nuestro». Aunque el contexto es otro, algunos quitan dramatismo a un default.
J.H.V.: Cuando en España el Gobierno de (José Luis Rodríguez) Zapatero fue obligado por la Unión Europea a cambiar su política, el ratio de la deuda sobre el PBI era cuarenta y pico, mucho menos que Alemania y los países más importantes de Europa. Había una cierta amenaza financiera de que España podía verse excluida de mercados financieros cuando lo necesitaba. El objetivo de un país de la dimensión de la Argentina o de España es conservar un cierto grado de autonomía, seguir siendo soberano, pero no puede vivir aislado.
V.: Hace pocos días, el primer ministro de Grecia celebró que su país, según él, se estaba recuperando, y que en cambio la Argentina se encontraba «al borde de un nuevo colapso». ¿Cómo le suena?
J.H.V.: 
Dada la situación de Grecia, eso responde más a la coyuntura política de ese país que a alguna realidad. La pretensión de equiparar un país pequeño como Grecia con la Argentina no parece afortunada. La carencia de solidez que tenía Grecia y sigue teniendo por someterse a las reglas de las autoridades europeas, falseando los datos con el amparo de Goldman Sachs, no es un buen ejemplo.
V.: Aunque España parece haberse alejado de un default. ¿Se habla de buitres?
J.H.V.:
 Aquí es un término que se ha usado por alguna cadena de televisión que pretende ser crítica y por periodistas de algunos medios digitales. No hay una conciencia pública por parte de los políticos. El endeudamiento español, que hoy casi equivale al PBI, no se encuentra ante una amenaza futura. La realidad latinoamericana en este sentido es bastante desconocida. En España, la gente dice: «Estamos saliendo de la crisis» porque el capital extranjero regresó al país. De lo que no parecen darse cuenta es de que estos fondos están operando de la misma forma que los holdouts en la Argentina: comprando acciones de empresas en dificultades a precios extremadamente bajos. La única diferencia es que se trata de acciones privadas y no de bonos soberanos. El tema se ha mencionado a partir de la compra de los activos devaluados y la venta de participación de las cajas de ahorro y los bancos saneados por el erario público.
http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=751003
ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.
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