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Grecia: ¿salir del euro o cambiar la política neoliberal de la Eurozona?

26 abril, 2014 - Organismos Internacionales, Unión Europea

Wolfgang Münchau, Yanis Varoufakis …. Este podría ser el momento del impago   Ni está en recesión ni está recuperándose. La economía griega ha colapsado. Pero hay otra historia. Mientras el mundo financiero está celebrando la vuelta de Grecia al mercado de bonos me planteo la siguiente pregunta: ¿es un buen momento para que Grecia […]

Europa mitoWolfgang Münchau, Yanis Varoufakis ….
Este podría ser el momento del impago
 
Ni está en recesión ni está recuperándose. La economía griega ha colapsado. Pero hay otra historia.
Mientras el mundo financiero está celebrando la vuelta de Grecia al mercado de bonos me planteo la siguiente pregunta: ¿es un buen momento para que Grecia no pague su deuda  externa? Ello no es tema de conversaciones políticamente correctas en Bruselas o Atenas.  Tampoco parece ser un tema popular para conferencias de inversores. Por primera vez desde la crisis Grecia está en posición de impago. Tiene un excedente presupuestario primario – antes del pago de intereses. La Comisión Europea ha pronosticado que el superávit primario alcanzará el 2,7% del PIB este año y aumentará al 4,1% en 2015. Las cuentas griegas registraron un primer superávit. Grecia ya no es dependiente de inversores extranjeros.
 
Es verdad que el hecho de estar en una posición de impago no significa que automáticamente debieras hacerlo. Entonces, ¿cómo debería uno planteárselo? Grecia está ahora probablemente cerca del final de su depresión económica, la cual comenzó hace ya seis años. Entre 2008 y 2013 el PIB real se contrajo un 23,5% y la inversión un 58,4%. La encuesta de población activa más reciente presentó un desempleo del 26,7% en enero. La tasa de paro juvenil se situó en 2013 en 60,4%. Los préstamos bancarios a los negocios cayeron a una tasa anual del 5,2% en febrero. Los préstamos incobrables han alcanzado un nivel del 38% del total. Los depósitos de los bancos están reduciéndose.
 
Más impactantes que esos cambios relativos son las estadísticas que ponen los datos en perspectiva. Yanis Varoufakis, un economista político griego, redactó recientemente una larga lista de la cual pueden destacarse las más dramáticas: de 2,8 millones de hogares griegos, 2,3 millones deben impuestos que no pueden pagar, las pensiones son la fuente principal de ingreso para el 48,6% de las familias y 3,5 millones de personas empleadas deben financiar a 4,7 millones de desempleados. La economía griega no está en recesión. Tampoco se está recuperando. Ha colapsado.
 
Pero hay todavía otra historia – aquélla del vendedor de bonos – que dice que Grecia es el mayor caso de recuperación en los tiempos modernos. Piraeus y Alpha, respectivamente el segundo y el cuarto de los bancos más grandes, lograron aumentar la participación en el capital social al menos en 3 billones de ! entre ellos. El último año ella era mayoritariamente de los fondos de inversión que apostaron por el país. Cada vez más inversores tradicionales se han apiñado desde entonces. La emisión de bonos soberanos a cinco años de la última semana atrajo 21 billones de ! en ofertas de más de 600 inversores mayoritariamente internacionales.
 
Si puedo discernir alguna estrategia en la política oficial de la Eurozona para Grecia, la describiría del siguiente modo: permitir la generación de una burbuja de inversiones financieras masivas y tener la esperanza de que parte de los beneficios finalmente se filtren a la economía real. Con un índice de deuda proyectado a aumentar al 177% del PIB este año, Grecia no atrae mucha inversión real desde el extranjero ahora mismo. Ni puede generar inversión doméstica debido a la quiebra de su sistema bancario.
 
Si el gobierno pudiese subastar su participación en los bancos, podría usar los fondos para crear un banco malo con el objetivo de quedarse a cargo de los préstamos incobrables. Una vez que el BCE ha concluido los tests de stress de este año, un sector bancario revitalizado podría empezar a prestar a una economía esbelta y reformada. Problema resuelto.
 
Pero alcanzar ese punto conllevaría una burbuja. La razón por la que Grecia fue capaz de suscitar tanto interés en la emisión de bonos de la última semana fue una combinación de la promesa de un alto interés y el perfil de vencimiento de la deuda griega existente. Los préstamos oficiales – desde los Estados miembros de la Eurozona y del Fondo Monetario Internacional – crearon el 80% del total de la deuda. Grecia no empezará a pagarlos hasta 2023. En otras palabras, el país es solvente en el corto plazo. Pero en el largo su solvencia está lejos de ser una certeza.
 
Y esto nos trae de vuelta al problema esencial: ¿quién en su sano juicio va a realizar inversiones a largo plazo en un país con deudas insostenibles a largo plazo? Veo difícil cómo puede generarse un boom de inversiones a menos que y hasta que la deuda sea condonada, o impagada. El modo más sencillo de llevarlo a cabo sería a través de una conferencia de la deuda, pero los países acreedores no quieren oír hablar de ello.
 
Ahora contemplemos la alternativa. Grecia impaga toda su deuda extranjera. Establece una nueva moneda que inmediatamente devaluaría. Para asegurarse una ganancia de competitividad – para convertirla en una devaluación real – requeriría un banco central con un objetivo de inflación creíble, un mercado de trabajo y de productos suficientemente desregulados. Ésta no es una opción fácil y requeriría muchas más reformas estructurales de las que Atenas ha emprendido.
 
Aunque un escenario como éste haría perder los papeles a los inversores extranjeros, cuando ello ocurra podrían confiar en olvidarlo rápidamente y volver igual de rápido. Después de todo, la probabilidad más baja de un impago está justo después de que hayas impagado. En ese momento, una Grecia reformada podría ser muy atractiva para los inversores extranjeros, no sólo para los financieros.
 
No estoy defendiendo la salida. Sin embargo, los votantes griegos y los inversores extranjeros deberían saber que Grecia se encuentra ahora en una posición en la cual hay elección.
 
Wolfgang Münchau es coeditor del Financial Times en Londres y columnista estrella del más importante semanario alemán, el Spiegel de Hamburgo.
http://www.ft.com/intl/cms/s/0/26f7a326-c0d6-11e3-bd6b-00144feabdc0.html?siteedition=intl#axzz2zMk44ENK
 

El gran desacople de Grecia, la opción nuclear y una estrategia

alternativa: un comentario a Münchau.

 
En su última columna en el Financial Times, Wolfgang Münchau está de acuerdo en mucho de lo que he escrito aquí (sobre el profundo coma de la economía social de Grecia) y aquí (sobre las razones por las cuales los inversores están llegando) pero él continúa sugiriendo que Grecia debería considerar seriamente salir de la Eurozona. En la publicación de hoy ofrezco una evaluación de su argumento. En resumen, mientras su diagnóstico de la situación da en el blanco, decidirse por la “elección nuclear” (esto es, amenazar con salir de la Eurozona) no es deseable ni necesario como medio para forzar a Europa a rectificar su camino.
 
La gran paradoja griega del día, la impresionante subida de los activos de una nación más en quiebra que nunca, no es tan grande ni es tal paradoja. De hecho, hay una sencilla razón de que los inversores extranjeros estén llegando a comprar algunos de sus activos en papel (por ejemplo, bonos del gobierno recientemente acuñados y de los que participan algunos bancos), a pesar de que el país está económicamente destruido y su gobierno está más que nunca estancado en una insolvencia a largo plazo. ¿Cuál es esta sencilla razón? El desacople a corto plazo entre el valor de los activos en papel y de la economía real de Grecia.
 
Tomemos por ejemplo los nuevos bonos valorados en 3 billones de ! emitidos la semana pasada. Esta nueva deuda ha sido añadida a la deuda existente de 320 billones de euros acumulada por una economía contraída con un PIB nominal alrededor de 180 billones de euros actualmente. Para cubrirla solo el próximo año (en 2015) el gobierno debe alcanzar un gigantesco superávit primario del 12,5% del PIB y usarlo todo para amortizar la deuda (mientras los griegos están presos de una miseria incalculable y sólo el 10% de 1´3 millones de desempleados recibe algún tipo de ingreso). ¿Por qué compraría un inversor autointeresado estos nuevos bonos en vista de la insostenibilidad de la deuda total del país? Naturalmente, la respuesta es que Berlín y Frankfurt han indicado a los inversores que no hay nada de lo que preocuparse. Que mientras la deuda griega al final será recortada – con la misma probabilidad que el sol se pondrá mañana por el este -, estos bonos particulares no serán prestados De hecho, se les ha hecho creer que el BCE (a través de las OMT o algún otro pretexto), quizás con la participación del MEDE, estará detrás de los bonos. De manera similar sucede con bancos como Alpha y Pireus que están inmersos en un mar de préstamos incobrables: el director del Banco de Grecia ha afirmado que los tests de garantía de calidad y estrés deberían “no ser demasiado estrictos por temor de que desanimen a los inversores”. Afirmaciones de este tipo (por el ex vicepresidente del Banco del Pireo que se pasó directamente a la oficina del director del Banco Central), alientan a los inversores en el sentido de que las nuevas acciones emitidas por esos bancos serán apoyadas por una actitud activa tolerante de los reguladores, por el compromiso de no escudriñar seriamente los libros de activos de los bancos.
 
Por lo tanto, el gran desacople apuntala la gran paradoja que se extiende en el corazón del dilema actual griego:
– Los bancos son insolventes y todavía atraen cantidades considerables de dinero de inversores extranjeros.
– El Estado es insolvente aún. De nuevo, los inversores están haciendo cola para prestarle dinero.
– Mientras tanto, la inversión en la economía real es negativa, el crédito es inexistente y todo el mundo le debe a todo el mundo y nadie puede pagar sus deudas. Al mismo tiempo la deflación está cobrándose su precio de mala manera en la sostenibilidad de todas estas deudas.
En su columna habitual del Financial Times (13 de abril de 2014), Wolfgang Münchau comienza dando su propia explicación – bastante certera – de lo que llamó el gran desacople griego. Él sugiere que la estrategia de Berlín de declarar la victoria sobre la crisis griega (no demasiado distinto al célebre discurso del señor Bush sobre un portaaviones cerca de la costa de Irak) es simple: “permitir la generación de una burbuja de inversiones financieras masivas y tener la esperanza de que parte de los beneficios finalmente se filtren a la economía real”. Por supuesto, como Münchau añade: “[…] alcanzar ese punto conllevaría una burbuja. Y esto nos trae de vuelta al problema esencial: ¿quién en su sano juicio va a realizar inversiones a largo plazo en un país con deudas insostenibles a largo plazo.
Claramente, la respuesta es nadie. Es la razón por la que, más recientemente, hubo una única y tristemente baja oferta (de 85! por metro cuadrado) por una amplia extensión de la riviera de Atenas (el viejo aeropuerto en Hellnikon) sobre la que el Estado tenía derechos reales y que el gobierno subastó con el objetivo de pagar algunas de sus deudas. Es la razón por la que incluso Gazprom no estuvo interesado en adquirir el monopolio del gas en un Estado miembro de la UE. Es por lo que los negocios griegos están cerrando y trasladándose, etc.
 
La táctica del actual gobierno griego es confiar en la estrategia de la Nueva Burbuja de Berlín y pretender que no existe el gran desacople, esto es, que la Nueva Burbuja (en bonos y precios de acciones) es equivalente al crecimiento real o un camino seguro hacia él. Münchau lo discute correctamente. Y, ¿qué es lo que propone? Sugiere que el gobierno griego (quizás el próximo gobierno de Grecia) se plantee lo “impensable”: un impago total de la deuda externa griega, la retirada de la Eurozona, una nueva Regla de Taylor para poner en marcha el nuevo régimen monetario de tal manera que apuntale un objetivo de inflación creíble, y un mercado de trabajo desregulado que aporte el entusiasmo necesitado para dar a la economía griega la velocidad de salida necesaria.
 
Donde Münchau da en el blanco es en su conclusión de que la política actual de confiar en una nueva burbuja más inflada que nunca y confiar en algún efecto de goteo, no es una opción realista para Grecia. Básicamente, el gobierno griego debe enfrentarse a Berlín y Frankfurt, si está por evitar muchas décadas de estancamiento y miseria social innecesaria. Los lectores habituales de este blog saben que estoy de acuerdo totalmente con él en esto. Donde continúo en desacuerdo es en la asunción de que la única alternativa, la única estrategia válida de confrontación para el gobierno de Grecia es romper la baraja y salir de la Eurozona. Dicho de otra manera, no veo por qué Grecia está limitada a la opción nuclear (la salida de la Eurozona) cuando el diseño institucional de la UE otorga una variedad de cartas de negociación a su gobierno de las que puede hacerse uso secuencialmente dentro de la Eurozona para convencer a sus socios de la necesidad de la “conferencia de la deuda”. Ésta, también según Münchau, cambiaría considerablemente los parámetros y de tal modo que haría de nuevo sostenible la economía griega (lo cual podría incluir acuerdos beneficiosos para Portugal, Irlanda, Italia, etc.)
Más concretamente, Grecia puede elegir una estrategia de presión escalonada a Berlín, Frankfurt y (la cada vez menos popular) Bruselas como la que sigue:
 
– Podría comenzar con un rechazo a firmar los acuerdos de la Unión Bancaria (como es su derecho) sin los cuales, como Münchau sabe perfectamente, Europa en general y Grecia en particular están mejor.
 
– Podría afirmar entonces que, hasta que no se produzca una reducción sustancial de la deuda, Atenas rechazará emitir nuevas Letras del Tesoro o bonos o, de hecho, aceptar el último tramo de fondos de rescate con el objetivo de amortizar bonos del gobierno griego adquiridos como parte del programa SMP del BCE.
 
– Además, podrían intensificarse más a fondo asuntos como rechazar aceptar ningún alargamiento de deudas existentes a la troika, un alargamiento que Berlín está planeando ofrecer a Grecia este verano que viene en lugar de un rescate serio de la deuda, etc.
 
No hay duda de que Grecia tiene el derecho y la oportunidad de utilizar cartas de negociación. La cuestión relevante que Münchau y algunos otros podrían plantear es ésta: ¿Qué pasa si Berlín y Frankfurt no acceden? ¿Qué pasa si ellos le dicen a Atenas “tírate desde el precipicio más alto”? El gobierno griego actual afirma que tiene un superávit presupuestario. Mientras dudo firmemente de esta afirmación, sospecho que un pequeño superávit primario puede conseguirse a través de algunos recortes en los costes adicionales y una reducción leximin de los ingresos públicos más altos hacia abajo (sin afectar a los ingresos, pensiones y beneficios más bajos). Ello debería bastar para permitir al gobierno de Atenas encontrarse a salvo durante un período medio de alejamiento con Berlin y Frankfurt, ya que el Estado griego no necesitará financiación ni del sector oficial ni de los mercados financieros. En resumen, la respuesta al alemán “lánzate” puede ser: “Nosotros no deberíamos saltar, sino que deberíamos mantenernos en tierra firme dentro de la Eurozona y detrás nuestra demanda por una conferencia de la deuda. Sólo miradnos.
 
Sin duda, Berlín y Frankfurt estarán furiosos. Amenazarán con toda suerte de desastres, entre los que se incluirá la suspensión de los flujos de fondos estructurales desde Bruselas. Sin embargo, la batalla real se producirá con los bancos. Como hicieron con Chipre, donde amenazaron al gobierno con una suspensión inmediata de la ELA de la nación insular, del mismo modo en el caso de Grecia amenazaran con cerrar los bancos. Han de hacerse dos puntualizaciones aquí. Primero, los bancos griegos no mantienen ya ninguna deuda con el gobierno griego, lo cual quiere decir que su garantía con el Sistema europeo de bancos centrales no puede ser degradada legalmente. Segundo, Frankfurt tendría que pensarse dos veces antes de soltarse la amenaza de burlar sus propias reglas para cerrar los bancos griegos – de hacerlo esto amenazaría con sepultar el completo sistema bancario de la periferia en otra cascada de pánico. Enfrentado a tal realidad, tengo buenos motivos para esperar que Berlín preferirá amoldarse al gobierno griego y buscar un gran pacto más “amable”: la “solicitud” de una conferencia del rescate de la deuda. Y si ello no pasase, y Berlín desease hundir la Eurozona con él, entonces les dejaría lo peor.
 
Epílogo
Wolfgang Münchau y yo estamos de acuerdo en la situación actual: la economía griega está destruida y la estrategia de la Nueva Burbuja alemana para revivir el país está claro que producirá décadas de innecesaria miseria. Más aún, Berlin y Frankfurt nunca concederán cambios a esta Nueva Burbuja hasta que y a menos que se les confronte. La pregunta es: ¿Qué tipo de confrontación deberíamos ofrecer? Münchau considera la “elección nuclear” de salir de la Eurozona. Yo defiendo que hay armas “convencionales” que pueden sacar a Alemania de su posición actual de intransigencia irracional. O forzar a Alemania a tomar por sí misma la iniciativa política de desmantelar la Eurozona. En este sentido, Grecia no tiene razón para voluntariamente hacerse responsable de la fragmentación en tanto que hay pasos legítimos y legales dentro de la UE con los cuales hacer frente a las intransigentes posiciones de Berlín y Frankfurt.
 
“No estoy defendiendo la salida”, concluye Münchau antes de terminar con el útil aviso de que “Sin embargo, los votantes griegos y los inversores extranjeros deberían saber que Grecia se encuentra ahora en una posición en la cual hay elección”. Yo no podría estar más de acuerdo. Lo que me lleva a la conclusión de que la elección correcta de Grecia es desplegar una serie de cartas de negociación que tiene el derecho de usar dentro del marco legal e institucional de la UE, así como no lanzar amenazas que Atenas no quiere poner en marcha.
 
Yanis Varoufakis es un reconocido economista greco-australiano de reputación científica internacional. Es profesor de política económica en la Universidad de Atenas y consejero del programa económico del partido griego de la izquierda, Syriza. Actualmente enseña en los EEUU, en la Universidad de Texas. Su último libro, El Minotauro Global, para muchos críticos la mejor explicación teórico-económica de la evolución del capitalismo en las últimas 6 décadas, fue publicado en castellano por la editorial española Capitán Swing, a partir de la 2ª edición inglesa revisada. Una extensa y profunda reseña del Minotauro, en SinPermiso Nº 11, Verano-Otoño 2012.
 
http://yanisvaroufakis.eu/2014/04/14/greeces-grand-decoupling-the-nuclear-option-and-an-alternative-strategy-a-comment-on-munchau/
 
Traducciones para www.sinpermiso.info: Rodrigo Amírola González
www.sinpermiso.info
ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización. 

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