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Desobedecer a la Unión Europea

30 enero, 2014 - Organismos Internacionales, Unión Europea

Cédric Durand y Razmig Keucheyan   Se sueña lo que se puede. No hace mucho las elites europeas ambicionaban, en el marco de la estrategia de Lisboa, convertir a la Unión Europea en “la economía del conocimiento más competitiva y más dinámica del mundo de aquí a 2010, capaz de una mejora cuantitativa y cualitativa […]

Europa mitoCédric Durand y Razmig Keucheyan

 
Se sueña lo que se puede. No hace mucho las elites europeas ambicionaban, en el marco de la estrategia de Lisboa, convertir a la Unión Europea en “la economía del conocimiento más competitiva y más dinámica del mundo de aquí a 2010, capaz de una mejora cuantitativa y cualitativa del empleo y de una mayor cohesión social”.

Las élites europeas han asimilado ahora que una tasa de paro del 10% o 12% es un dato irreductible de la situación
La crisis ha pasado por aquí y con ella un largo cortejo de convulsiones financieras y de psicodramas institucionales. Nada queda hoy de las ambiciones de antaño: la agenda de la competitividad y de la innovación no ha generado ni crecimiento ni progreso social ni, menos aún, soluciones a los grandes desafíos ecológicos de nuestro tiempo. ¿Con qué sueñan ahora las elites europeas? Con la estabilidad, con que la catástrofe aminore un poco su curso y les deje un poco de respiro, aunque sea por poco tiempo. Esto es lo que destaca de las recientes palabras de Mario Draghi, director del Banco Central Europeo, uno de los hombres más poderosos del continente.
Contra todo pronóstico, el tono de las entrevistas que concedió Draghi a la prensa la semana pasada es optimista. Por supuesto, ya no se trata de convertir la economía de la UE en la economía “más dinámica del mundo” ni tampoco de promover la “cohesión social”. Ahora Draghi parece congratularse de que parezca que el paro se estabiliza en Europa en el 12%. Y añade que puede que el ritmo del crecimiento llegue del 1,1% al 1,5%. En una entrevista publicada en Le JDD se mencionan no menos de siete veces l as palabras “estabilidad” y “estabilizar”. Las “incertidumbres refluyen”, afirma, invitando a los gobiernos a “seguir por el camino de las reformas”.
Al leer las palabras de Mario Draghi se llega a una conclusión: las elites europeas (la franja de estas elites menos inclinada a hacerse ilusiones) ha asimilado ahora que una tasa de paro del 10% o 12% es un dato irreductible de la situación. También han asimilado que el crecimiento seguirá siendo muy bajo y que en el mejor de los casos llegará al 1,5%, pero más probablemente se quede en torno al 0,5%. Aun suponiendo que vean el día los “nuevos modelos de crecimiento” que Draghi desea de todo corazón, sus efectos sobre el empleo solo de sentirán dentro de unos años, incluso de décadas. Adiós a la estrategia de Lisboa. El nuevo horizonte de los dirigentes de la UE es gobernar el estancamiento.
El “eurokeynesianismo” del que todavía se hablaba al principio de la crisis solo ya es un recuerdo lejano
Desde el siglo XIX los avances democráticos son indisociables del desarrollo económico y social. Los periodos de crisis, por su parte, suelen generar endurecimientos autoritarios. Conforme a esta regla, el estancamiento reinante da lugar a procesos de regresión democrática. En respuesta a la crisis los Estados han aceptado un “gran salto adelante” en la integración europea. Para ello han renunciado a lo esencia de su capacidad de iniciativa en materia económica a beneficio de las instituciones de la UE (como el Banco Central) cuyos fundamentos democráticos son en el mejor de los casos muy débiles, aunque en general son inexistentes.
Si la fábrica de lo político es ahora europea, sin embrago ello no implica que la propia vida política se haya vuelto europea. No deja de aumentar el abismo entre la escala continental y la nacional: en la primera la iniciativa de la política económica, en la segunda el debate democrático. En ausencia de movimiento social a escala del continente, este abismo va a seguir aumentando y se va a seguir acentuando la desdemocratización. En este contexto es simplemente inconcebible la emergencia de una mayoría de izquierda en ruptura con el neoliberalismo y capaz de gobernar la UE. El “eurokeynesianismo” del que todavía se hablaba al principio de la crisis ya solo es un recuerdo lejano.
Con todo, los partidos de la izquierda europea reunidos recientemente en Madrid todavía parecen inclinarse por esta opción. En su opinión, un presupuesto europeo sustancial y un Banco Central que sostuviera las finanzas públicas, unas inversiones en infraestructuras ecológicas y un subsidio de paro continental, entre otras medidas, permitirían la emergencia de otra Europa. Por desgracia, los obstáculos al establecimiento de este programa son infranqueables. Estas medidas son contrarias al código genético de los tratados europeos en vigor. La construcción de Europa se ha efectuado en torno al proyecto “ordoliberal” de economía social de mercado. Como demostró Michel Foucault, en esta perspectiva “la forma fundamental de política social no debe ser algo que vendría a luchar contra la política económica y a compensarla”.
La verdadera política solo podrá empezar una vez que se consume la ruptura con la UE
Se trata, por el contrario, de permitir que el mercado se encargue del conjunto de las necesidades sociales. De estas premisas se desprenden mecánicamente el exigente principio de competencia libre y no falseada, la independencia del Banco Central, los límites a la política presupuestaria, la libre circulación de los capitales y la ausencia de política social unificada. Por consiguiente, pretender reorientar Europa supone acabar previamente con esta máquina infernal.
En caso de que una izquierda en ruptura con el neoliberalismo conozca un éxito electoral en uno o varios países, algo totalmente posible, se encontrará ante una alternativa implacable: rebajar sus ambiciones de transformación ecológica y social para ser eurocompatible o desobedecer y romper in fine con la UE. No hay una tercera posibilidad. La verdadera política solo podrá empezar una vez que se consume la ruptura con la UE : política de pleno empleo, reorientación de la economía en función de las necesidades sociales, integración internacional solidaria, planificación de la transición ecológica…
Permitir imaginar, como hacen los sectores mayoritarios de la “izquierda de la izquierda”, que “otra Europa es posible” a partir de la que existe comporta un riesgo: el de suscitar el pesimismo y la desesperación entre los militantes y electores. Por consiguiente, es necesario clarificar esta cuestión de aquí a las elecciones europeas del próximo mes de junio. En esta campaña se impone una sola consigna: ¡desobediencia a la Unión Europea!
Cédric Durand es profesor de economía de la Universidad París XIII y Razmig Keucheyan es profesor de sociología de la de París IV.
Fuente: http://www.regards.fr/politique/Desobeir-a-l-Union-europeenne,7338
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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