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La izquierda europea ha visto cómo el capitalismo puede volver a morder de nuevo

28 enero, 2014 - Organismos Internacionales, Unión Europea

Los socialdemócratas creían, erróneamente que las mejoras que se habían conseguido estaban aseguradas para siempre. En Grecia, la lección ha sido bien aprendida por Syriza. Por: Leo Pantitch, The Guardian Alexis Tsipras, líder del partido griego Syriza: “Syriza es el partido de izquierda que ha logrado un gran éxito electoral al rechazar el camino de la […]


Los socialdemócratas creían, erróneamente que las mejoras que se habían conseguido estaban aseguradas para siempre. En Grecia, la lección ha sido bien aprendida por Syriza.
Por: Leo Pantitch, The Guardian

Alexis Tsipras, líder del partido griego Syriza: “Syriza es el partido de izquierda que ha logrado un gran éxito electoral al rechazar el camino de la reforma y reclamar que ésta sea redefinida”.
Durante la mayor parte del siglo XX la palabra “reforma” estaba comúnmente asociada a la obtención de la protección del Estado contra los efectos caóticos de la competencia del mercado capitalista.
No se trata simplemente de una cuestión de apropiación del término por los países de la UE y los organismos internacionales de crédito, que la están utilizando ordenar el castigo contra las demandas de Grecia, por ejemplo, para que se lleven a cabo mayores recortes en el empleo y los servicios del sector público. Es además la forma en que la palabra se ha introducido en el vocabulario de los partidos de centro izquierda que la utilizan cada vez más. Así, el recién elegido líder del Partido Demócrata de Italia (el sucesor del que fuera el partido comunista más fuerte de Europa Occidental), Matteo Renzi, ha hecho un llamamiento para que el gobierno sea aún más radical en la reducción del gasto público y el cambio de las regulaciones para flexibilizar el mercado de trabajo y atraer la inversión extranjera.
Haciéndose eco del número de países europeos que están ahora “desmantelando frenéticamente toda protección laboral en un intento de reducir el coste de la mano de obra”, un reciente artículo del New York Times, encuentra las raíces de esto en los “esfuerzos para mejorar la competitividad” que realizó el gobierno socialdemócrata de Alemania a principios de los noventa. Aquello fue algo que erosionó profundamente la protección del trabajador, lo que alimentó un auge de los salarios de bajo coste, hasta llegar a los mini empleos de hoy, que ya representan más de una quinta parte del empleo total en Alemania.
En la izquierda existe un viejo debate sobre reforma versus revolución, que parece haberse vuelto obsoleto, no solo por las perspectivas y las limitadas fuerzas que existen decididas a llevar a cabo un cambio revolucionario. El significado actual de la palabra “reforma” contrasta con la forma que se utilizaba por los socialdemócratas de Europa hace aproximadamente un siglo. Estuvieran o no las reformas graduales que se denominaban gradualismo destinas a la transformación social sin someter a la sociedad a un cambio revolucionario, a lo que sí contribuían era a promover la solidaridad social contra la economía de mercado.
Tal vez la mayor ilusión de los socialdemócratas del siglo XX fuese la creencia de que una vez conseguidas las reformas estarían garantizadas para siempre. Pero ahora podemos ver hasta que punto las viejas reformas estaban sujetas a la erosión producida por la ampliación de la competencia capitalista a escala global. La socialdemocracia ha quedado en una posición tan débil por la lógica de la competitividad, que en nuestro tiempo parece muy difícil que pueda considerarse asegurada la protección social para los trabajadores en contra de los mercados sin que el pueblo recurra a medidas adicionales, que serían vistas como revolucionarias.
La idea de que resulta inaceptable cualquier cosa que se haga para socavar la inversión privada, se ha convertido en un argumento muy poderoso. Esto es lo que hace que los políticos socialdemócratas se muestren tan timoratos en estos tiempos. Y no cabe duda de que para sostener actualmente las reformas en el antiguo sentido progresivo de la palabra, el gobierno tendría que imponer controles exhaustivos para evitar la salida de capitales y probablemente necesitaría utilizar las instituciones financieras con el fin de poder manejar los medios indispensables para maniobrar.
Syriza en Grecia es el único partido de izquierda que ha logrado un gran éxito electoral en plena crisis europea al rechazar el camino de las reformas que imponía la TROIKA y conseguir que fuesen redefinidas. El eje central de su programa político implica implantar “un sistema bancario de propiedad pública para conseguir el control de la economía mediante la transformación radical de su funcionamiento…” De hecho, lo que hace que las élites europeas se sientan cómodas con Grecia en la presidencia de turno de la UE durante los próximos seis meses, es que una nueva crisis política que lleve a unas elecciones generales en Grecia, ahora con Syriza actualmente encabezando las encuestas, convertiría al presidente de Syriza en primer ministro de Grecia.
Lo que impresionó especialmente del programa político de la “reforma radical” que Syriza aprobó en su congreso de julio pasado fue que Tsipras concluyó con estas palabras: “El Estado con que nos encontramos en la actualidad requiere algo más que un programa completo de reformas democráticas, colectivamente acordadas. Requiere la creación y expresión de la mayor cantidad posible de gente, militantes y catalizadores de todos los movimientos sociales…Solo un movimiento de este tipo puede dar lugar a un gobierno de la izquierda y sólo tal movimiento puede salvaguardar el curso de ese gobierno”.
Sin embargo, los líderes del partido no pueden dejar de tener en cuenta que a menos que se produzca un cambio en la correlación de fuerzas en otros países que proporcione al gobierno de Syriza y el espacio para poner en práctica reformas progresistas, el pueblo de Grecia sufriría aún más al quedarse aislado y ser penalizado económicamente. Esta puede ser sin duda la razón por la que, cuando Tsipras fue nominado el mes pasado por el pequeño contingente de “extrema izquierda” de los partidos del Parlamento Europeo para sustituir a José Manuel Durao Barroso en mayo próximo como presidente de la Comisión Europea, hablara en términos de “oportunidad histórica” por el hecho de que ahora exista una alternativa de izquierda al actual “modelo capitalista europeo”.
Esto nos lleva de nuevo al otro lado del debate revolución frente a reforma de hace un siglo, recordándonos lo que ocurrió cuando la esperanza de que una revolución en la periferia de Europa encendiera la mecha de las revoluciones en los países capitalistas más fuertes no se cumplió”.
La izquierda se dedicó a vencerse a sí misma, a veces literalmente, con debates sobre reforma o revolución, parlamentarismo versus extraparlamentarismo, partido frente a movimiento, como si lo uno descartara sistemáticamente a lo otro. La cuestión en el siglo XXI no es reforma frente a revolución, sino más bien qué tipo de reformas, con qué tipo de movimientos populares detrás de ellas que se dediquen al tipo de movilizaciones que puedan inspirar acciones similares en otros lugares. Y que puedan resultar lo bastante revolucionarios para resistir las presiones del capitalismo.
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Fuente: http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/jan/12/europe-left-capitalism-social-democrats-reforms
Ilustración: O COLIS
Traducción de Enrique Prudencio para Zonaizquierda.org

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