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Moro: un luchador anticapitalista y con mucha ternura

27 enero, 2014 - Nacional, Noticias ATTAC

por Pepe Mejía -ATTAC Madrid  Me comunican que Miguel Romero, Moro, ha fallecido después de una larga enfermedad. Conocí al Moro en el primer semestre de 1977 -en plena semi clandestinidad- y porque yo hacía algunas tareas puntuales de enlace entre la dirección de la LCR y Madrid.  La primera imagen que tengo de él es la […]

por Pepe Mejía -ATTAC Madrid
Moro: un luchador anticapitalista y con mucha ternura

 Me comunican que Miguel Romero, Moro, ha fallecido después de una larga enfermedad. Conocí al Moro en el primer semestre de 1977 -en plena semi clandestinidad- y porque yo hacía algunas tareas puntuales de enlace entre la dirección de la LCR y Madrid.
 La primera imagen que tengo de él es la de un camarada austero, sentado y escribiendo a toda velocidad en una vieja máquina de escribir en el local que Combate tenía en una zona sur obrera de Madrid. Mientras trabajaba no hablaba y siempre concentrado.  Tenía muy presente las medidas de seguridad que todo militante teníamos por obligación que asumir. Después de redactar su texto arrugaba el papel y me lo daba. Me decía: «mételo en tu bolsillo y si ves algo raro, lo tiras«. Nunca tuve necesidad de tirarlos y los textos llegaron a su destino.
Posteriormente le ví en diversas reuniones internas de la LCR. Siempre me llamó la atención su verbo fácil, punzante e irónico y, cuando las circunstancias lo requerían, duro. Sus argumentos eran muy difíciles de rebatir. Consumía mucha lectura y socializaba todo. Durante mi militancia en la LCR compartí muchos espacios y momentos.
Militamos mucho en el área internacional. Muy amigo de muchos camaradas de la Cuarta tuvimos una relación muy especial con otro camarada y amigo, Hugo Blanco. Tuvo y mantuvo una relación muy especial con Perú. Compartimos informaciones sensibles que supimos manejar y que con el tiempo saldrá. Siempre que viajaba a Perú nos veíamos antes para comentar temas de Perú. Después Hugo se entusiasmaba cuando sabía que le venía a visitar. Muchas veces, y me consta, Hugo bajaba desde su Cusco natal hasta Lima sólo para ver y hablar con Moro. Una amistad, la de Hugo con el Moro, que ha perdurado por el tiempo.
En mis viajes a Perú nunca faltó un encuentro previo con Moro. Porque me ilustraba, me aconsejaba los contactos que tenía que hacer y los temas a tratar. Me valió mucho un viaje que hice a Lima y hablar sobre la revolución sandinista. Moro acababa de escribir un folleto y sus planteamientos me ayudaron mucho.
Otro de los momentos que recuerdo con mucho entusiasmo fue el primer carnet de periodista de Combate que me dió. El local todavía lo teníamos cerca de la Gran Vía. Pues ese carnet de Combate me salvó de una expulsión como inmigrante «ilegal». Un policía me pidió la documentación y yo le dí lo único que tenía: el carnet de prensa de Combate. El poli lo vió por delante pero no por detrás en la que estaba el «escarabajo» y me lo devolvió. Por dentro tuve una sensación de alivio.
La última vez que me dió un carnet fue el de Viento Sur para la cobertura de prensa frente a la casa de Esperanza Aguirre en Madrid. Pero no tuve necesidad de utilizarlo. Así era el Moro. Siempre presto a los detalles.
Tampoco puedo olvidar el momento que me comunicó que tenía orden de búsqueda y captura como «embajador de sendero luminoso» en europa. Después de un viaje a Bélgica, el Moro me llamó a casa y le respondí con naturalidad. Y lo primero que me dijo fue: «no sé cómo estás tan tranquilo pero que sepas que tienes orden de búsqueda y captura internacional. Te acusan de ser embajador de sendero luminoso en europa. Sale tu nombre en todos los medios, desde El País hasta El Mundo«. Me quedé helado y lo único que le dije es que teníamos que coordinar para evitar mi detención y/o expulsión a Perú en donde me esperaba un  Tribunal Militar Sin Rostro. Después del lío que montamos en medios y presionando a contactos concretos el Moro viajó a Perú para, entre otras cosas, hablar de lo mío.
Otro de mis principales momentos con el Moro fue cuando trabajé con él en Viento Sur. Exigente, meticuloso hasta el detalle, le daba a todo mil vueltas y siempre perseguía mejorar. Tenía una innata cualidad de elección de textos y conocía a los autores por especialidades. Pero es que además te hablaba de fútbol. Teníamos nuestros encontronazos siendo yo del Madrid y él un declarado y consumado culé. Pero siempre terminábamos con unas sonoras carcajadas. Pero además, me ilustró mucho sus conocimientos en cine. Un fijo en los festivales de San Sebastián del cual venía con las pilas recargadas.
Con el Moro no sólo hemos reído sino que nos hemos partido a carcajadas. Sonoras carcajadas. Porque el Moro tenía un sentido del humor innato. También disfruté de sus conocimientos en flamenco. Compartimos comentarios sobre cantaores y tocaores y no me veía muy bien con el cajón aunque le fascinaba el hecho de que un peruano le gustara tanto el flamenco, lo disfrutara y encima tocara el cajón.
Otro de los momentos especiales con el Moro fue cuando impulsamos, a través de las movilizaciones, la Plataforma 0’7. Cuando ocupamos la catedral de la Almudena durante quince días fue el primero que se acercó para hacerme una entrevista. Cuando siete del 0’7 nos encadenamos a los leones del Congreso también fue uno de los primeros que se acercó. Pero es que, además, trabajábamos juntos codo a codo en los temas de cooperación. Él a través de la Coordinadora de ONGD y yo desde la calle con la Plataforma 0’7. Allí aprendí mucho del trabajo en los movimientos, con los movimientos y el partido. Y el Moro fue uno de los que más me ayudaron.
No solamente era un buen teórico y polemista sino que también era un buen activista. En todas las acciones que realizamos, desde las ocupaciones de consulados hasta la sede del banco Santander en Madrid más recientemente, siempre tuvimos sus consejos. Valiosos por cierto.
Escritor consumado aprendí de él la concisión, el contraste y la seriedad. La sinceridad era una de sus cualidades. Aunque él sabía que te iba a doler, te lo decía y tu se lo agradecías.
Moro, para mí siempre Moro, tus enseñanzas perdurarán en las nuevas generaciones de camaradas. El privilegio de haber compartido tiempo y tareas hacia la revolución hace que redoble mis esfuerzos por tu memoria. Que la tierra te sea leve, camarada.
ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.
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