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¿Por qué no puede Europa resolver el problema del desempleo juvenil?

27 mayo, 2013 - Unión Europea

Por Jérôme E. Roos, de su página ZSpace. Traducción: Enrique Prudencio para Zona Izquierda   Desde hace ya años, los jóvenes de la endeudada periferia de Europa se han enfrentado a un desempleo masivo. En Grecia y España, un 59 y 56% respectivamente de los jóvenes se encuentran sin trabajo, mientras que la tasa de […]

Por Jérôme E. Roos, de su página ZSpace.

Traducción: Enrique Prudencio para Zona Izquierda
 

Desde hace ya años, los jóvenes de la endeudada periferia de Europa se han enfrentado a un desempleo masivo. En Grecia y España, un 59 y 56% respectivamente de los jóvenes se encuentran sin trabajo, mientras que la tasa de desempleo en el conjunto de la UE es de un preocupante 24%, frente al 22,5% del año pasado. Los “afortunados” están en las listas de espera con un doctorado en el bolsillo. Los que se han visto obligados a dejar detrás a sus familias y amigos para unirse al éxodo generacional en dirección a Alemania o Angola ni siquiera aparecen en las estadísticas.

En las últimas semanas, aunque tardíamente, los gobernantes europeos parece que se han sentido muy interesados por el paro juvenil. Desde Italia, el nuevo primer ministro Enrico Letta considera el desempleo juvenil el mayor problema al que se enfrenta su país y pide a la UE un plan para “combatir” el mismo. La Canciller alemana Ángela Merkel, abanderada del movimiento europeo “austeritarista”, considera igualmente que el desempleo juvenil es “el mayor desafío al que se enfrenta Europa”. Mientras tanto, una nueva campaña de concienciación pide un tanto ingenuamente que se estudie “qué es lo que está causando el desempleo juvenil y cómo se puede solucionar”.

Aparte de la obvia hipocresía de estas preocupaciones – que salen de labios de los mismos dirigentes cuya incesante insistencia en la austeridad, las reformas neoliberales y el pago total de la deuda está produciendo la crisis del desempleo, para empezar – esta simpatía recién estrenada para con nuestra generación bisagra, es una suposición peligrosa que sirve para reconstruir ideológicamente el desempleo juvenil como un “problema” que de alguna manera se puede “resolver” con una solución mágica o un plan director continental, sin abordar las causas subyacentes a los recortes, la depresión y fundamentalmente el insostenible peso de la deuda, y mucho menos sin contar con las contradicciones internas del capitalismo financiero globalizado en la eurozona y en general.

Debería quedar ya claro para cualquier persona inteligente que el desempleo juvenil no es un problema en el sentido ordinario de la palabra, sino un síntoma de una enfermedad mucho más profunda que está rompiendo nuestra sociedad desde dentro. Existen otros síntomas como el aumento del neonazismo y la violencia xenófoba en Grecia, la ola de suicidios en todo el sur de Europa, y las 400.000 familias que han sido desalojadas de sus viviendas en España, los miles de caballos muertos de hambre que han sido abandonados por sus dueños en Irlanda, los estudiantes del Reino Unido cuyos derechos de matrícula se triplicaron y ahora se enfrentan a la perspectiva de esperar que quede alguna plaza libre, estudiar en el extranjero, o acumular enormes deudas estudiantiles, sin precedentes en la zona euro de la deuda hipotecaria de los hogares holandeses, etc., etc. Por no hablar del profundo descrédito de las instituciones democráticas y los disturbios masivos que han sacudido las principales capitales europeas, como Londres, Atenas, Madrid, Lisboa o Roma.

Pero los líderes europeos parecen ciegos a la metástasis de la miseria que se ha colado en el entramado social de nuestro continente. ¿No sería genial, parecen decirnos ahora, que pudiéramos tener esta austeridad paralizante, una carga de la deuda cada vez mayor, una devastadora crisis social, pensionistas hambrientos, el retorno del fascismo, una ola de desahucios, una ola de suicidios, la penuria generalizada, pero sin desempleo juvenil? A mi no me venden esta historia y no creo que nos la traguemos ninguno de nosotros. El intento de convertir la crisis actual en una cuestión generacional sirve para abrir una brecha entre nosotros y nuestros padres desempleados, endeudados y/o jubilados. Sirve para cooptar a los jóvenes de la actual ola de reformas neoliberales, haciéndonos creer que es en nuestro mejor interés para acabar con los derechos laborales, el empleo y las pensiones de nuestros padres, para que así nosotros podamos competir mejor por los puestos de trabajo cada vez más precarios del futuro. La verdadera razón de que los líderes europeos se encuentren de pronto tan preocupados por el empleo juvenil – mientras permanecen impasibles ante la difícil situación de los pacientes de SIDA griegos , por ejemplo (que ya no pueden obtener sus medicamentos retrovirales porque los laboratorios no suministran medicinas a Grecia debido su deuda), es sencillamente que están aterrados ante un estallido del malestar social en forma de levantamiento popular. Como informa hoy The New York Times, “está claro que los responsables políticos están seriamente preocupados por la probabilidad de que los millones de jóvenes que buscan trabajo, frustrados al no encontrarlo, se conviertan en una seria amenaza para la zona euro, la deuda pública excesiva y los bancos débiles. El ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble admitió literalmente que “vamos a tener que acelerar la lucha contra el desempleo juvenil, porque de lo contrario vamos a perder su apoyo, en sentido democrático, en muchas poblaciones de la Unión Europea”. Lo que temen, en otras palabras, es un levantamiento de los jóvenes de todo el continente. En su peor momento, sus planes para “arreglar” el paro juvenil sirven para distraernos de la evidente dimensión de clase que entra en juego, promoviendo la ilusión de que la crisis social con la que nos enfrentamos, no es más que la acumulación de una serie de problemas económicos que pueden resolverse sin cambios radicales del estatus quo político.

La incómoda verdad es que el desempleo es un elemento integral de la respuesta a la política neoliberal ante la crisis llevada a cabo por la Unión Europea y el FMI. Esto, de por sí, no es nada nuevo. Los programas de austeridad del FMI en los países en desarrollo se han distinguido por las drásticas reducciones de los salarios y el aumento del desempleo. Un minucioso análisis cuantitativo de la crisis de la deuda latinoamericana en la década de 1980 ha demostrado que “el impacto más evidente y estadísticamente significativo de los programas del Fondo en Latinoamérica…fue la reducción de la cuota de la renta del trabajo”. Incluso los estudios oficiales del FMI reconocen que sus programas de austeridad aumentan el desempleo y reducen el nivel salarial. Y lo que es más importante, los autores del informe de 2011 del FMI Medicina dolorosa , llegan a la conclusión de que la austeridad provoca paro no solo a corto plazo, sino “sobre todo de larga duración”.

En otras palabras, pedir medidas de austeridad que no produzcan desempleo juvenil es como insistir en la práctica medieval de practicar sangrías sin pérdida de sangre. No sólo es brutal, sino también imposible en la práctica. La austeridad y el desempleo son como hermanos siameses, unidos por la cadera, diseñados para fortalecerse y reforzarse mutuamente. Mientras la UE y el FMI sigan imponiendo medidas de ajuste altamente destructivas, el paro va a seguir subiendo. La única verdadera “solución” al desempleo, por tanto, sería la de liberarse de las cadenas de la austeridad y dejar de pagar la deuda externa declarándose en mora. Esta es la opción reformista llevada a cabo por Syriza en Grecia, y a pesar de la falta de carácter revolucionario de este enfoque cuasi keynesiano, sin duda se puede decir mucho a su favor desde un punto de vista humanitario.

Mientras, yo ya he escrito unas 50.000 palabras sobre esta pregunta, ¿por qué no por suspensión de pagos?, en mi tesis doctoral, mostrando precisamente la razón por la que la opción por defecto suele ser tan esquiva. En resumen, el impago de la deuda por declaración de suspensión de pagos perjudicaría en gran medida los intereses de los acreedores privados extranjeros, que acaban de pasar a controlar prácticamente todos los recursos cruciales de la economía global, lo que les proporciona una capacidad desmesurada para bloquear el tipo de soluciones que favorezcan solucionen el desempleo. Así que para llegar a la fase en la que incluso podamos empezar a considerar con realismo auténticas “soluciones” al “problema” del desempleo juvenil, a lo primero que tenemos que hacer frente es a las estructuras del poder financiero que obstaculizan el desarrollo de dichas soluciones, para empezar. Esto requiere mucho más que un plan director continental de lucha contra el desempleo juvenil. Requiere una ruptura radical con el estatus quo.

Nuestros problemas, al fin, no se deben a una falta de ideas innovadoras, sino que se deben a un exceso del poder económico concentrado en manos de una pequeña élite de banqueros. Esto significa que tenemos que reformular drásticamente nuestra pregunta. En lugar de preguntar qué ideas innovadoras pueden resolver el problema del empleo juvenil, debemos preguntarnos qué tipo de estrategias podrían poner bocabajo el poder estructural de los acreedores internacionales. Esto nos aleja de la economía y nos sitúa de nuevo en el campo de la teoría y la praxis revolucionaria. ¿Cómo pueden los jóvenes oprimidos de Europa concebir la posibilidad de hacer tambalearse el orden financiero global? A esta pregunta imposible es a la que volveré en mi próximo artículo.

Publicado en Zonaizquierda

 

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

 

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