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¿Es el 15-M un movimiento generacional?

15 mayo, 2012 - Nacional, Opinión, Portada

Marcos Roitman  Para quienes miran desde la barrera, la emergencia del 15-M tiene su origen en el descontento juvenil. Un mayo de 1968 incrustado en el siglo XXI, cuya identidad se cuela por las rendijas del capitalismo más abyecto, profundamente desigual, concentrador y excluyente. Las promesas de movilidad social ascendente, trabajo estable, emancipación familiar, salud y […]

Marcos Roitman

 Para quienes miran desde la barrera, la emergencia del 15-M tiene su origen en el descontento juvenil. Un mayo de 1968 incrustado en el siglo XXI, cuya identidad se cuela por las rendijas del capitalismo más abyecto, profundamente desigual, concentrador y excluyente. Las promesas de movilidad social ascendente, trabajo estable, emancipación familiar, salud y educación pública de calidad se desvanecen. En su lugar tenemos un futuro incierto, con trabajos precarios, contratos basura, salarios de hambre y sobre-explotación. La juventud sería el segmento social más damnificado. Su horizonte histórico se hace trizas, el capitalismo no tiene esa cara amable y bonachona preconizada por el poder político, al contrario, proyecta una imagen grotesca y monstruosa.

Seis de cada diez jóvenes, entre 18 y 30 años, vive con sus padres y el paro alcanza a un 50% de ellos. Bajo esta realidad se rompen las barreras del silencio y la juventud toma la calle. En un tiempo record las movilizaciones conquistan plazas, y son merecedoras de atención y halagos. Los tópicos comienzan a circular y juegan un papel en la caracterización posterior del 15-M. Lo primero, conseguir una etiqueta fácil y reconocible, así, se les bautiza como «indignados». Su aparición no deja a nadie indiferente y se les considera hijos de las nuevas tecnologías de la comunicación. Es la revolución de los internautas. Mensajes a móviles, twitter, correos electrónicos, web. «Spanishrevolution», nace asimilada como rebeldía juvenil. El 15-M sería un movimiento de protesta incrustado en la recesión y crisis del capitalismo cuyos integrantes son fundamentalmente jóvenes.

Pero esta interpretación resulta insuficiente cuando no manipuladora. Sin restar importancia a la participación de la juventud, el 15-M no puede ser descontextualizado. Su originalidad requiere un análisis profundo y menos ligado a la sociedad espectáculo. Es un nuevo movimiento social ciudadano, heterogéneo donde se reúnen multitud de referentes y confluyen tradiciones de luchas democráticas y políticas, anarquistas, socialistas, comunistas, libertarias, autogestionarias y también apartidistas. En sus comisiones de trabajo no se diferencia por edad, sexo o condición socio-económica. En ellas participan sin discriminación aquellos que desean trabajar en sus propuestas y debates.

Cuando se reivindica democracia, libertad y justicia, y se protesta contra la corrupción de los partidos políticos, el poder omnímodo de los banqueros, el capital financiero, las políticas de ajuste, los recortes sociales, el paro juvenil, el sistema electoral, la privatización de la salud, la enseñanza o el calentamiento global se desnudan sistemas políticos donde prima la injusticia y la explotación,la edad no es handicap. En estas reivindicaciones hay historia, un largo camino que han recorrido los movimientos sociales ciudadanos, sean de clase, culturales, genero o étnicos. La memoria colectiva les une y es el punto de inflexión que facilita comprender el desarrollo de movimientos tan desiguales y contradictorios como los que constituyen los mal llamados «indignados». No son ni espontáneos ni exclusivamente generaciones.

Los actuales movimientos sociales son parte de un proceso de rescate de la política, hoy secuestrada por los mercados, en ellos confluyen parados de larga duración, trabajadores, mujeres, estudiantes, profesionales, jubilados, intelectuales, amas de casa, gay, lesbianas y desde luego jóvenes, pero no es el eje generacional lo que marca su agenda. Expresan un momento constituyente, articulador de ciudadanía donde las nuevas formas del pensar y del actuar construyen ciudadanía política como una práctica plural de ejercicio del poder, al tiempo que demandan democracia real ya, libertad, justicia social y dignidad. Si aceptamos estos principios explicativos, podemos argumentar que el 15-M es uno de los movimientos sociales ciudadanos que está en la brecha de un proyecto democrático. Su presencia despierta conciencias. Sólo por ello debe dársele la bienvenida.

Sin embargo, el 15-M no es el todo, es parte de la solución, pero no es la solución. Su emergencia debe integrarse al acerbo de las luchas democráticas que trata de sobrevivir en tiempos de involución política donde el capitalismo salvaje pone en cuestión el propio devenir de la humanidad. A un año de su aparición, su futuro es incierto, depende de contrarrestar la nueva realidad jurídica abierta con el Partido Popular en el poder, que decide criminalizar las reivindicaciones democráticas de los movimientos sociales. Esta decisión, sin referentes en la historia contemporánea del postfranquismo, puede tener consecuencias impensables, entre otras la emergencia de un régimen totalitario, siendo la destrucción del 15-M un objetivo prioritario.

*Marcos Roitman es profesor titular de Sociología y autor de Los indignados. El rescate de la política.

publicado en : Publico.es

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización

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