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Finanzas, gobernanza y tecnocracia

17 enero, 2012 - Mercados Financieros, Portada

Daniel Vila Garda Attac Madrid “… y están los pícaros y medio que se burlan de los pícaros a la antigua diciendo que, cuando la pantalla total invadió nuestras vidas, ninguna verdad encontró dónde volver  a ocultarse y que, en tiempos del intercambio y la simulación universales, ya no existe una línea divisoria que separe […]

Daniel Vila Garda
Attac Madrid

“… y están los pícaros y medio que se burlan de los pícaros a la antigua diciendo que, cuando la pantalla total invadió nuestras vidas, ninguna verdad encontró dónde volver  a ocultarse y que, en tiempos del intercambio y la simulación universales, ya no existe una línea divisoria que separe un adentro de un afuera”

J. Ranciere [1]

Uno.

El capitalismo financiero actual (los llamados “mercados financieros” en tanto que espacio de intercambio y de producción de activos financieros) es un proceso de acumulación violento y vertiginoso  que pretende construir un espacio-tiempo global cuyo sentido esté dirigido por la creación de valor financiero y cuya torre de mando es disputada a los Estados nacionales por las Grandes Corporaciones globales, incluidos aquí los fondos financieros en sus distintas versiones.

Esta creación de valor financiero requiere de una reproducción ampliada del capital que disuelva todas las fronteras que caracterizaron el capitalismo industrial del siglo XIX y buena parte del siglo XX.

La globalización se nos manifiesta, por tanto, como un proceso de circulación global y, más específicamente, de circulación financiera global, que se pretende sin fronteras, sin márgenes y sin historia.

No es este el sitio para reflexionar sobre las consecuencias más profundas de esta contrarrevolución social escudada en una revolución técnico-financiera que pretende la “emancipación” de las finanzas de todo condicionamiento social y político.

Una representación esquemática de este proceso sitúa a la relación financiera como la forma hegemónica de vínculo social y a los activos financieros como la materialización u objetivación de todo (pensiones privadas, créditos de estudio, mercados de futuros, hipotecas, etc).

La “financiarización” sería, entonces, el procedimiento que debe transformar todas las relaciones sociales en relaciones financieras y a todo ente animado o inanimado en un activo financiero, con las compañías de seguros como última garantía de articulación social.

La variable estratégica es un precio global: el tipo de interés; que aparece simultáneamente como espacio de medición y cálculo (por ej: el individuo como hombre de negocios de sí mismo sometido al cálculo financiero), como instrumento de comparación y toma de decisiones (por ej: el cálculo de rentabilidades financieras  relativas)  y, por último, como instrumento sancionador (por ej: la omnipresente prima de riesgo país).

La mercantilización somete a la sociedad a una disciplina impuesta por la acción simultánea del tipo de interés y la liquidez ilimitada (“todos los activos financieros son dinero”; Naredo). El endeudamiento empresarial, familiar y estatal  hace el trabajo sucio. El apalancamiento y la titulización sin control potencia este proceso al infinito (supuesto con el que funcionan los modelos matemáticos que pretenden auto gestionar la circulación financiera).Las privatizaciones amplían el ámbito de actuación transformando bienes públicos y comunes en bienes privados. La desfiscalización  con menos impuestos y aportes sociales, hurta al Estado ingentes recursos que no se rigen por la lógica financiera y la filantropía actúa como alternativa al uso de recursos públicos en la ayuda al desarrollo (“los estados no responden a los incentivos financieros como lo hacen las empresas”, informe del Banco Mundial, 2003)

Este cuadro se inscribe en un contexto en el que se dan otros elementos consustanciales para el éxito de este proceso: la falta de transparencia que supone el secreto bancario y el consiguiente hurto del debate democrático en el proceso de toma de decisiones ( “el dinero democrático no es buen dinero” Dornbush); la existencia de santuarios del capital financiero opaco en los paraísos fiscales, sin olvidar que “los paraísos fiscales están en la Castellana”; el papel de los medios de comunicación disciplinando las noticias para que moldeen la realidad dando la impresión de que se producen simultáneamente la realidad y la noticia; así las bolsas descuentan la noticia antes de que se produzcan haciéndolas re-emerger reinterpretadas .

Dos.

El objetivo de la excesivamente  telegráfica introducción anterior,  es enmarcar la actuación de lo que podríamos llamar nueva burocracia financiera global (alias “tecnócratas” o “cosmócratas”). Marco que no ha cambiado sustancialmente con la crisis sistémica desatada en 2007 salvo por el resurgir del papel de los Estados nacionales para asumir, cual “banco malo”, los desastres actuales y la socialización las pérdidas.

Manuel Vázquez Montalbán distinguió entre globalizados y globalizadores. Esta reformulación nos permite considerar a los/as ciudadanos/as como permanentes víctimas globalizadas y anecdóticos cómplices del proceso de acumulación (simultanean ahorro y deudas como factor de estabilización social; practican elusión fiscal creando un magma justificador de la evasión fiscal a gran escala). Son, por otra parte, globalizadores netos aquellos que interiorizan la lógica financiera y sueldan sus intereses personales a su reproducción, sean políticos o gestores privados.

La idea de gobernanza (“governance”) de la globalización sería la respuesta “política” global a esta nueva etapa del capitalismo, entendida como un gobierno determinado por la intervención de los diferentes actores sociales e institucionales, articulados ¿quién sabe cómo? en un proceso que modificaría la relación entre política y economía, subordinando la primera a la segunda, en el cual la empresa sería un nodo central en tanto empresa cívica o ciudadana y los gobiernos y demás organizaciones sociales, otros nodos que conforman la red global., Se trataría, por tanto, de una nueva articulación de lo social, donde la responsabilidad social corporativa (RSC) sería la interiorización organizativa y de gestión de lo social y no una actividad más de la empresa. La RSC sería la expresión de un nuevo pacto cívico y social que respondería a las nuevas condiciones sociales de la globalización. Se trataría de articular una pluralidad de intereses con la empresa como actor relevante, reflejando el nuevo papel subsidiario de la propiedad respecto de la gestión. Se estaría en presencia de una organización “autopoiética”  que gestiona el conflicto construyendo consenso, atendiendo a la articulación de los “stakeholders” en lugar de la pura representación de los “shareholders”.

Los gestores, con el sustento de las teorías del management, serían los encargados de gestionar el consenso y, por tanto, la relación entre intereses, valores y derechos.[2]

La empresa aparece así como un sistema con entorno dentro del sistema global que construye relaciones en un nuevo funcionamiento en red en el que participa sin la exigencia de democracia interna tal como se exige en el ámbito del proceso político.

Se trata de una nueva acepción de la empresa como modelo de organización no sólo “eficiente” sino también “justo”, cuya “marca” opera como un DNI en el que se explicita la cultura corporativa.

Si es, como pienso, una estrategia profunda del capital para desplazar la centralidad de la política al ámbito económico y especialmente empresarial-financiero, no se trataría sólo de desenmascarar la dimensión de marketing social de la RSC, sino de cuestionar su papel en el intento de crear una ciudadanía empresarial global hegemónica, más allá de la dimensión nacional de las políticas públicas que aparece, desde esa perspectiva, como un reciclaje de soberanías residuales.

Tres.

¿Quiénes son los encargados de gestionar esta nueva dinámica? ¿Los políticos o los “tecnócratas”? ¿Dónde está la separación clara entre unos y otros que exprese el conflicto entre economía y política? ¿ Más aún; es posible tal separación? ¿Podemos seguir hablando de estadistas o habrá que hablar de globalistas de doble vía? ¿Quiénes están en este grupo? ¿Se debe plantear el problema sólo desde una perspectiva ética y cuestionar el trasvase de dirigentes entre lo público y lo privado, entre la política y la economía, cuando  no hemos definido la frontera entre ambos ámbitos? ¿Qué diferencia hay entre el viaje de “ex- políticos” hacia las grandes corporaciones y el de “nunca ex tecnócratas” hacia los gabinetes de Gobierno?

Para que la ciudadanía pueda enfrentarse a estas cuestiones con objetivos no sólo defensivos de unas conquistas sociales y políticas en crisis, sino con un proyecto político emancipador que de una alternativa al intento actual de cancelación de la política, deberá superar su mera función de elector-consumidor y proponer una forma alternativa de regulación social global al intento totalitario de las finanzas, superando el corsé del estado-nación.

Sólo así podrá exigir a cada uno que haga su papel en el buen gobierno de los asuntos comunes y veremos luz sobre cómo evitar el puente de plata que se está construyendo entre lo que antes identificábamos como público y  privado y que no es más que una manifestación de la creciente circulación global de las élites globalizadoras.

Y entonces perderán los pícaros y medio de Ranciere.

(Documento publicado en la revista «Temas para el debate» nº 206)


[1] Momentos políticos. Jacques Ranciere; Ed: Clave Intelectual, sept. 2011

[2] Sobre los derechos de las corporaciones en el proceso electoral de EEUU, ver:     http://www.nytimes.com/2010/01/22/us/politics/22scotus.html

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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