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Los rescates no impedirán cuatro defaults europeos

30 mayo, 2011 - Unión Europea

Nouriel Roubini y Stephen Mihm, LA NACION NUEVA YORK.- Los países conocidos como Piigs -Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España- cargan con niveles cada vez más insostenibles de deuda pública y privada. Varios de los más afectados -Portugal, Irlanda y Grecia- han visto que los costos de su endeudamiento alcanzaban cifras sin precedente en las […]

Nouriel Roubini y Stephen Mihm, LA NACION

NUEVA YORK.- Los países conocidos como Piigs -Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España- cargan con niveles cada vez más insostenibles de deuda pública y privada. Varios de los más afectados -Portugal, Irlanda y Grecia- han visto que los costos de su endeudamiento alcanzaban cifras sin precedente en las últimas semanas, aún después de que su pérdida de acceso a los mercados propiciara rescates financiados por la UE y el FMI. También están aumentando los costos del endeudamiento de España.

Grecia es claramente insolvente. Aun con un plan de austeridad draconiano, que asciende al 10% de su PBI, su deuda pública ascendería al 160%. Portugal, donde el crecimiento lleva un decenio estancado, está experimentando un desastre en cámara lenta que provocará la insolvencia del sector público. En Irlanda y en España, la transferencia de enormes pérdidas del sistema bancario al balance general del Estado, que se suma a una deuda pública en aumento, provocará con el tiempo la insolvencia de su deuda soberana.

El planteamiento oficial, el plan A, ha sido el de fingir que esas economías padecen una crisis de liquidez y que la facilitación de préstamos de rescate, junto con austeridad fiscal y reformas estructurales, puede restablecer la sostenibilidad de la deuda y el acceso a los mercados. Esa actitud de «prolongar y fingir» o de «prestar y rezar» está condenada al fracaso porque la mayoría de las opciones a las que han recurrido en el pasado los países endeudados para librarse de su excesiva deuda no son viables.

Los Piigs no disponen de la antigua solución de imprimir dinero y escapar de la deuda mediante la inflación porque están atrapados en la eurozona. La única institución que puede poner en marcha la máquina de imprimir -el Banco Central Europeo- nunca recurrirá a la monetización de los déficits fiscales.

Tampoco podemos esperar un rápido crecimiento del PBI para salvar a esos países. La carga de la deuda de los Piigs es tal que resulta imposible que obtengan resultados económicos sólidos. El crecimiento que algunos de esos países lleguen a registrar depende de reformas impopulares que darán frutos a largo plazo… y sufrimiento mayor a corto plazo.

Para restablecer el crecimiento, esos países deben recuperar competitividad logrando una depreciación real de su divisa, convirtiendo sus déficits comerciales en superávits, pero un euro que está apreciándose, impulsado por una restricción monetaria del BCE, entraña una mayor apreciación real.

La solución alemana para ese aprieto -el aumento de los salarios por debajo de la productividad- tardó más de un decenio en dar resultados. Si los Piigs iniciaran hoy ese proceso, los beneficios tardarían demasiado en llegar.

La última opción -la deflación de los salarios y los precios- para reducir los costos, lograr una depreciación real y restablecer la competitividad va acompañada de una recesión más profunda. La depreciación real necesaria para restablecer el equilibrio del saldo del comercio exterior aumentaría el valor de las deudas en euros.

Tampoco son opciones viables las de reducir el consumo privado y público. El sector privado puede gastar menos y ahorrar más, pero eso entrañaría un costo inmediato, conocido como la paradoja de la frugalidad de Keynes: reducción de la producción económica y aumento de la deuda como porcentaje del PBI. Estudios recientes del FMI y otros indican que el aumento de los impuestos, la reducción de las subvenciones y del gasto estatal, incluso el ineficiente, asfixiaría el crecimiento, lo que exacerbaría el problema de la deuda.

Si los Piigs no pueden librarse de sus problemas mediante la inflación, el crecimiento, la devaluación ni el ahorro, el plan A está fracasando. La única opción sustitutoria es el plan B: una reestructuración ordenada y una reducción de las deudas de los Estados, familias y bancos de esos países.

Puede hacerse de varias formas. Una puede ser la de reestructurar las deudas públicas de los Piigs sin reducir la cantidad principal debida, que consiste en ampliar las fechas de vencimiento de las deudas y reducir la tasa de interés de la nueva deuda. Esa solución limita el riesgo de contagio y las posibles pérdidas que las entidades financieras arrastrarían.

Las autoridades deberían examinar la posibilidad de recurrir a las innovaciones usadas en los decenios de 1980 y 1990 para ayudar a los países en desarrollo cargados de deuda. Se podría alentar a los titulares de bonos a que cambiaran los bonos por otros vinculados con el PBI. Otra forma de convertir en parte la deuda hipotecaria en patrimonio de los accionistas es la de reducir el valor nominal de las hipotecas y aportar los beneficios futuros, en caso de que los precios de las viviendas aumenten a largo plazo, a los bancos acreedores. Se podrían reducir los bonos bancarios y convertirlos en fondos propios, lo que evitaría la absorción de los bancos por el Estado e impediría que la socialización de las pérdidas de los bancos causara una crisis de la deuda soberana.

160%

Es la relación entre la deuda y el PBI de Grecia, razón que explica por qué este país amenazó esta semana con suspender pagos en caso de no recibir un nuevo rescate.

Los autores escribieron el nuevo libro Crisis Economics: A Crash Course in the Future of Finance

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