Hay que pensar en un cambio lento de la sociedad. Es necesario no olvidar la paciencia histórica. El camino hacia la utopía es una evolución lenta, con encrucijadas, con sendas perdidas, con revueltas y altibajosMe considero una persona de izquierdas. Incluso de una izquierda radical, aunque sería necesario ver lo que entendemos por radical. Sin embargo voté en blanco en las pasadas elecciones municipales en la ciudad de Madrid. Lo pensé detenidamente, y me gustaría exponer las razones por las que lo hice. Estoy convencido de que la izquierda necesita una reflexión, un debate profundo y tranquilo, y todos debemos aportar lo que podamos.
Indudablemente toda la izquierda aspira a un cambio hacia una mayor justicia, solidaridad, libertad... y felicidad. El problema es ¿cómo realizamos ese cambio?
Yo creo que en este momento lo más importante es trabajar en el campo de las ideas, la mentalidad, los valores, el “imaginario colectivo”, la visión del mundo y de los seres humanos que hay en la sociedad. Este es un campo que hoy está totalmente dominado por la ideología capitalista. Recientemente Susan George, en su investidura como Doctora Honoris Causa por la UNED, afirmaba que “El resultado es la hegemonía cultural de las personas e instituciones que yo denomino ‘gramscianos’ de derechas, porque han comprendido la importancia de los valores, las ideas y las creencias, mientras que los progresistas, generalmente, no lo han hecho”.
Hay que reconocer que somos herederos de la visión unilateral de Marx, centrada en lo económico como determinante último de la estructura social. Pero el mundo de las ideas no está determinado únicamente por la economía. Influyen en él otros muchos factores sobre los que es necesario incidir.
Los zapatistas hablan muy certeramente de "la revolución que haga posible la revolución". Efectivamente, cuando la cultura de la sociedad está totalmente impregnada por la ideología capitalista es muy difícil que se consigan avances significativos, aunque se logren triunfos electorales. Sin embargo, la idea, la más común en nuestro entorno sigue siendo la de alcanzar el poder político para conseguir avances más o menos profundos. Pero ya vemos que por este camino avanzamos muy poco. Más bien , en campos muy importantes, estamos experimentando retrocesos bastante graves.
Lo que pasa es que, precisamente por estar la sociedad tan dominada por la ideología capitalista neoliberal, sería muy difícil conseguir un éxito electoral apartándose radicalmente de ella. Y entonces los partidos con aspiraciones electorales se limitan a proponer paños calientes que palien los destrozos causados por un mundo de mercado. Es verdad que se habla de los intereses de todos, se tiende a los más desfavorecidos de la sociedad, pero no se cuestiona un sistema económico generador de desigualdades e injusticias. En las campañas electorales no aparece por ningún lado una visión universalista que es esencial desde una óptica de izquierdas. Por el contrario, con la abundancia de seductoras promesas, se tiende a reforzar la idea de que dentro de un sistema capitalista todos podríamos llegar a vivir muy bien, y hasta ser solidarios.
No cabe duda de que el PSOE tiene totalmente abandonada esta lucha ideológica, e IU, que en teoría sí participaría en esta lucha, en la realidad, y precisamente por causa de la inmersión en las contiendas electorales y la aspiración a llegar a puestos de gobierno, la tiene dejada de lado. De hecho el predominio en la organización no lo tienen los que van a defender unas ideas, sino los que van a la conquista de unos puestos.
Esta atención prioritaria en el terreno ideológico y cultural no excluye la lucha política. El parlamento, las instituciones, los medios públicos de comunicación son campos muy importantes en la lucha ideológica. Además llegará el momento en que los cambios deberán plasmarse en decisiones políticas tomadas por los gobiernos. Pero me parece claro que la lucha contra los fundamentos del pensamiento y los valores capitalistas no pueden relegarse en función de inmediatos logros políticos, que forzosamente hoy serían de muy corto alcance. Más bien sería la lucha política, electoral, la que tendría que ponerse al servicio de la lucha ideológica.
Esto nos tiene que hacer pensar en un cambio lento de la sociedad. Es necesario no olvidar la paciencia histórica. El camino hacia la utopía es una evolución lenta, con encrucijadas, con sendas perdidas, con revueltas y altibajos. En este sentido, unas elecciones perdidas no son una tragedia ni son un fracaso de alcance histórico, suponen un retraso en la marcha, otro obstáculo que superar y seguramente una buena oportunidad de revisar nuestra andadura y corregirla.
Otra reflexión que me parece necesario hacer se refiere al concepto de "socialismo científico". Francamente me parece que centrar la idea de progreso social en torno a la idea de socialismo científico es un error de Marx. Un error propio de la época en la que vive Marx, pero que hoy es necesario revisar. Creo que hoy sigue siendo necesario mantener una visión científica dentro del socialismo, como opuesta a una visión voluntarista que no tiene los pies en la realidad, o una visión fundamentalista, que vive de teorías dogmáticamente defendidas. Una visión científica que tenga muy en cuenta un análisis riguroso de las posibilidades de nuestro mundo, las posibilidades del mundo humano y del mundo natural. Lo que no le podemos pedir a la ciencia que determine cuál debe ser la evolución de la complejísima sociedad humana. Y menos podemos esperar que la ciencia sea el motor, el impulso básico de un avance hacia un mundo más humano, fraternal y solidario.
El impulso tiene que venir de la ética. El socialismo será ético o no será. Por tanto no se puede considerar la actitud ética como un prejuicio idealista que se puede despreciar en favor de la eficacia en la acción política. Y la ética la viven y la encarnan las personas. Por muy buenas que sean las ideas de una formación política, si hay una falta de ética en las personas que dicen representarlas, difícilmente va a salir algo positivo de ese grupo. Sin querer entrar en juicios personales, hay demasiados indicios de que la persona que encabezaba la lista de IU no es precisamente un ejemplo de actitud ética. Los acontecimientos ocurridos en la confección de las listas de IU, de tal manera dejan en entredicho no sólo la actitud ética, sino la actitud democrática de la dirección de esa formación en Madrid, que no me parece admisible el voto a la lista presentada para el ayuntamiento de Madrid.
A la vista de las candidaturas de la izquierda creo que bastantes nos habremos hecho una pregunta: ¿Es que en Madrid no hay otras personas que puedan representar mejor lo que supone la izquierda en una sociedad? Si no las hay, no nos queda más remedio que darnos por contentos con los resultados, y repensar muy seriamente qué nos pasa. Y si las hay (que yo creo que las hay), ¿por qué no encabezaban las listas de los partidos de izquierda? ¿cómo es el funcionamiento interno de los partidos que lleva al triunfo del mediocre?
Tengo que decir que de alguna manera me he sentido chantajeado por los aparatos de los partidos. "Esto es lo que hay. Lo tomas o lo dejas. O nos votas a nosotros, o viene la derecha". Pues si viene la derecha, lo siento mucho, pero no podemos seguir así. El triunfo de la derecha puede ser un drama para los que aspiran a hacer carrera política y ponen toda su ilusión en conseguir unos silloncitos. Para mi es peor el progresivo deterioro de las fuerzas de izquierda.
También creo que a todos nos repatea el triunfo de la derecha. Pero no creo que el guiarnos por el hecho de que unas personas nos repateen sea el mejor modo de acercarnos a una sociedad profundamente democrática, respetuosa con las posturas de todos. Si conservamos la cabeza tranquila, sin dejarnos llevar por posturas viscerales, seguramente seremos más eficaces combatiendo la ideología y los valores que representan los políticos de derechas.
Naturalmente que tenemos el riesgo de caer en una postura purista y despreciar a todo el que nos parezca que no mantiene las esencias más auténticas del anticapitalismo. Que por aspirar a los grandes objetivos, perdemos los pequeños logros que hoy se pueden conseguir. Es verdad, pero tampoco podemos morder el cebo de un aparente triunfo que deja sin cuestionar lo más mínimo aspectos muy básicos y muy negativos de nuestra sociedad y que no va a suponer ningún paso adelante hacia una transformación profunda. Valorar los pros y los contras de una postura u otra es una decisión muy personal. Yo he tomado la de votar en blanco, pero respeto profundamente la de las personas que han tomado otra y espero que ellos respeten la mía.
Sobre todo creo que no hay que ver unas elecciones como un momento estelar, decisivo por sí mismo, separado de la vida cotidiana. Unas elecciones tienen que ser la culminación de un proceso de participación social y política de los ciudadanos, el resultado de un largo trabajo de información y formación, el trabajo por una toma de conciencia y la defensa de unos valores humanos machacados por el sistema. Una lucha incansable contra la ideología dominante.
Creo que la participación continua en esa lucha es el mejor test para comprobar si realmente lo que buscamos es una transformación profunda de nuestro mundo o simplemente buscamos unas ventajas inmediatas. Si lo que realmente nos mueve es un profundo aliento ético que nos empuja a luchar por los seres humanos más oprimidos, por un mundo de justicia, solidaridad, libertad... y felicidad, en esa tarea nos encontraremos todos, sea cual sea nuestra opción ante las elecciones.
Antonio Zugasti, Attac Madrid