Existe una presión creciente para reducir los niveles de protección social aunque la economía siga creciendo.
A un periodo de movilización debería seguirle un periodo de reflexión compartida. Sin duda, la primera manifestación europea de Attac ha sido un hito en la historia del movimiento. 15.000 personas, la mayoría movilizadas directa o indirectamente por Attac Francia y Attac Alemania, con la colaboración limitada de los sindicatos, han mostrado la capacidad de Attac no sólo para la educación, sino también para la organización de protestas multitudinarias. Además, el hecho de que los movimientos sociales y los sindicatos consiguieran atraer atención sobre un tema bastante abstracto, como la directiva Bolkestein, mucho antes de que se tomara la primera decisión en el parlamento es un gran éxito. Este ejercicio formativo desembocó en una importante victoria política: el compromiso más reciente del Parlamento Europeo ha destruido el sueño neoliberal de un principio del país de origen que se imponía a las políticas sociales, salariales y medioambientales. La campaña Bolkestein y la manifestación europea han sido un paso más hacia las campañas coordinadas a escala europea. Sin embargo, durante la campaña se hicieron evidentes muchas de las dificultades que conlleva generar un movimiento internacional y hay que extraer conclusiones de cara al futuro.
Nuestro éxito político
Los sindicatos y los movimientos sociales han conseguido otro éxito en la política europea. Si el compromiso entre socialdemócratas y conservadores en el Parlamento Europeo se mantiene, la directiva Bolkestein ha perdido su peor cara. Aunque sea un paso más en la liberalización del mercado europeo, en lo esencial no destruye la capacidad de los gobiernos nacionales para legislar. Se ha destruido el "martillo Bolkestein", que habría permitido a las empresas competir bajo 25 regímenes reguladores en cualquier lugar de la UE (pronto habrían sido 27). Después del no al tratado constitucional, el rechazo a la directiva de patentes de software y el reciente rechazo de la normativa de puertos, la reformulación total del principio del país de origen ha sido un gran éxito. No debemos aceptar ningún juicio que pretenda negar este éxito. Por supuesto, quedan muchas razones para criticar el compromiso actual y por ello seguimos exigiendo la retirada total de la directiva. En cualquier caso, la diferencia entre las probables consecuencias sociales y políticas del proyecto original de la Comisión Europea y del compromiso actual es enorme. Este éxito ha sido el resultado directo del trabajo de los movimientos sociales y los sindicatos. La decisión de los Attac europeos de convertir el asunto Bolkestein en una prioridad ha sido fundamental. El éxito resulta aún mayor si se tiene en cuenta la mayoría hostil en el Parlamento Europeo.
Sin embargo, se trata de un éxito aún frágil. En primer lugar, la votación del Parlamento aún no se ha celebrado. Asimismo, aún se desconoce el resultado de las negociaciones en el Consejo Europeo. Por último, la mayoría del Parlamento podría tomar posiciones distintas durante el proceso de negociación probable entre el Parlamento y el Consejo.
El éxito de nuestra movilización
La participación de 15.000 personas en Estrasburgo fue un gran logro a la luz de varias dificultades: en primer lugar, los sindicatos organizados en la Confederación europea de Sindicatos (CES, ETUC en inglés) decidieron celebrar su manifestación sólo tres días después en el mismo lugar. A consecuencia de ello, los sindicatos alemanes organizaron el día 11 otra manifestación en Berlín que reunió a 40.000 personas. Por tanto, los movimientos sociales tuvieron que movilizarse sin los principales sindicatos y, en Alemania, en competencia parcial con los mismos. Mientras que los asistentes a la manifestación de Berlín pudieron viajar gratis, la mayoría de quienes fueron a Estrasburgo tuvieron que costearse el viaje. Sin embargo, las secciones locales de los sindicatos apoyaron la movilización considerablemente. En segundo lugar, ninguna organización del movimiento social o partido político pudo o estuvo en disposición de volcar muchos recursos financieros en la movilización. Todo se hizo a la manera de los movimientos. En tercer lugar, el esfuerzo realizado en la movilización fue muy distinto en cada país. Además, la manifestación europea fue, ante todo, un acto franco-alemán. En cuarto lugar, es difícil que los asuntos europeos puedan suscitar movilizaciones. Los temas resultan abstractos y lejanos. Si bien la directiva Bolkestein original habría tenido consecuencias graves sobre mucha gente, no conseguimos mostrar ejemplos claros que hicieran a la gente implicarse. Los movimientos y organizaciones progresistas siguen siendo incapaces de conseguir que los asuntos resulten comprensibles y cercanos.
Por tanto, la cifra alcanzada de 15.000 participantes sólo representa una parte de la que podríamos conseguir en condiciones más favorables y con mejores aptitudes. Se debe considerar un tremendo éxito. Además, no fue la única movilización realizada ese día. Hubo acciones y movilizaciones en muchas otras ciudades europeas.
Este éxito es lo que cuenta, por mucho que hubiera una serie de problemas prácticos: sólo una parte de los participantes pudo oír los discursos y la manifestación careció de un objetivo común. Debido a la amplia cobertura de los medios antes de la manifestación, el acto en sí no ha recibido la atención que merecía por parte de la prensa.
Nuestro reto político
Aunque las cuatro grandes victorias a escala europea son impresionantes, no deben hacernos pensar que Europa ha cambiado. El problema esencial sigue siendo el mismo: en un mercado de la UE cada vez más competitivo, la legislación esencial (sistemas de seguridad social, salarios y políticas fiscales) sigue siendo responsabilidad casi exclusiva de los países. La consecuencia de ello es una presión creciente para reducir los niveles de protección social aunque la economía siga creciendo. Ello ha conducido a un desencanto profundo y general con el proceso de integración europea y a una crisis de legitimidad democrática del mismo.
El efecto limitado de nuestros éxitos queda claro si recordamos que todos los logros de los sindicatos y movimientos sociales en el pasado reciente han sido "éxitos negativos". Hemos sido capaces de parar nueva legislación que habría tenido efectos especialmente destructivos. Al mismo tiempo, seguimos sin saber cómo conseguir un cambio positivo a escala europea en áreas clave, como una legislación social y fiscal firme para todo el ámbito europeo.
Debemos ser realistas: sin la amenaza de un "martillo" no sabemos cómo realizar una movilización exitosa en torno a asuntos europeos. Por el momento nos tendremos que concentrar en reforzar la idea de una Europa social y en clarificar nuestras alternativas. En esta materia todavía queda mucho trabajo por hacer. Al mismo tiempo debemos realizar un debate estratégico sobre cómo llevar a cabo una movilización firme en favor de alternativas a escala europea. Si no encontramos una solución a este problema continuará la presión para destruir los logros sociales en Europa occidental, así como la realidad de una inmensa desigualdad económica, en especial en Europa oriental.
Sin embargo, aunque no tengamos respuestas a corto plazo, parece probable que la desigualdad y la inseguridad social creciente aumentarán el descontento y por tanto causarán cambios políticos. El movimiento alterglobal tiene la tarea histórica de hacer confluir este descontento en la internacionalización y europeización de los derechos y leyes sociales, fiscales y medioambientales, evitando de esta manera reacciones nacionalistas.
Progreso hacia la cooperación internacional de la organización de los movimientos sociales
Estas grandes preguntas pendientes no deben empañar el enorme progreso realizado en la coordinación a escala europea. Hace sólo cinco años, las reuniones internacionales de Attac y la mayoría de las conferencias de los movimientos sociales europeos se caracterizaban por la falta de entendimiento mutuo. El objetivo principal de la mayoría de los intervinientes consistía en informar a los asistentes de las campañas, actos y objetivos propios; no existía un proceso de cooperación. Actualmente, en el marco de Attac y las asambleas preparatorias trimestrales a escala europea, existe una capacidad creciente para organizar proyectos comunes que tengan en cuenta las necesidades de los socios europeos. Ello también tiene que ver con el hecho de que las personas implicadas cada vez se conocen más desde un punto de vista político, cultural y personal.
Sin embargo, se mantienen algunos problemas importantes. En primer lugar está el problema de los mandatos limitados. Las personas que representan internacionalmente a las organizaciones a menudo no son las mismas que ostentan el poder, formal o informal, en sus propias organizaciones. En segundo lugar está el problema de las prioridades nacionales, que chocan con las internacionales. La mayoría de los pensadores y organizaciones alterglobales están de acuerdo teóricamente en que sólo se puede derrotar a la hegemonía neoliberal a escala internacional. Sin embargo, la energía que se dedica a las luchas defensivas nacionales es enorme. Se trata de un problema típico de acción colectiva: aunque todo el mundo saldría muy beneficiado de las victorias internacionales, se mantiene la presión por concentrarse en las prioridades nacionales, más urgentes, y dejar que otras personas hagan el trabajo internacional. En tercer lugar, más allá del problema de la acción colectiva, todas las organizaciones que forman parte de movimientos internacionales o europeos tienen una actividad propia con fechas fijas para determinados actos y asambleas que no son fáciles de cambiar. Además, no se puede influir en las fechas de las elecciones, que afectan a la capacidad de los movimientos para crear campañas convincentes. Todo ello contribuye a que los acuerdos a escala internacional a menudo no produzcan actividad real. La manifestación europea contra la directiva Bolkestein del 11 de febrero en Estrasburgo es un buen ejemplo de ello. Si bien la decisión de organizar la manifestación se tomó en una gran reunión con asistentes de muchos países europeos y se confirmó en una reunión de Attac europeos, en Austria no hubo movilización y en Bélgica fue mínima, aunque ambos países están relativamente cerca de Estrasburgo. Asimismo, la acción del 15 de octubre de 2005 fue muy limitada en general (sólo se pueden destacar las actividades de Italia).
Conclusiones
Tenemos que dar prioridad a la coordinación con los sindicatos, y en especial la CES, para evitar competir entre nosotros mismos. Por diversos motivos, la política interna de la CES es muy compleja. La relación entre los sindicatos nacionales y sus federaciones y los movimientos sociales es muy distinta y está llena de contradicciones. Tenemos que averiguar cuáles son los motivos de los principales problemas entre los movimientos sociales y la CES para resolverlos o paliarlos. Ello sólo puede conseguirse si aumenta la confianza entre los movimientos sociales y los sindicatos a escala nacional.
Debemos desarrollar nuestros logros y aumentar la calidad de las reuniones en la coordinación europea de los movimientos sociales. Sobre todo, debemos conseguir que asistan todas las organizaciones y movimientos importantes. Esta cuestión tiene una dimensión geográfica y también política. Hay que abordar sin rodeos los problemas que alejan a las organizaciones importantes y a la gente. Uno de estos problemas es el dominio de algunos partidos políticos y organizaciones, que otros perciben como competidores.
El futuro de la campaña Bolkestein
Como se ha expuesto anteriormente, la campaña Bolkestein aún no ha terminado. Si se mantiene el compromiso del parlamento será difícil movilizar a mucha gente. Es previsible que muchos sindicatos apoyen el compromiso, así como los partidos socialdemócratas. Además, poca gente pensará que es necesario movilizarse. Sin embargo, debemos seguir de cerca el proceso de negociación. Si reaparece el "principio del país de origen" debemos reiniciar la movilización, y lo haremos.
Mientras tanto, debemos concentrarnos en resolver los problemas analizados anteriormente y, sobre todo, en profundizar nuestros análisis comunes y la discusión de alternativas. En especial, Attac tiene que jugar un papel fundamental -en colaboración con nuestros socios- en el desarrollo de un modelo social europeo convincente. A menudo se habla de los niveles europeos de seguridad social, salario mínimo y política fiscal. Sin embargo, aún no existe un modelo hegemónico, ni hemos sido capaces de expresar ninguno de los modelos que conducen a una Europa social de una manera que sea comprensible y reconocible. Aún no hemos encontrado la "tasa Tobin" de la Europa social.
Sven Giegold, cofundador de ATTAC Alemania