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www.attacmadrid.org | 5 diciembre 2008 |
La polémica por las caricaturas de Mahoma reproducidas en medios de prensa daneses se ha transformado en lo que muchos complacientemente han denominado como una muestra del choque de culturas que protagoniza el proceso de Globalización actualmente existente. Esta teoría del choque de culturas fue popularizada por el politólogo neoconservador estadounidense Samuel Huntington y se basa en la irreconciliable relación entre las diferentes culturas que cohabitan en el planeta y que provocará una extrema competencia por la supervivencia. El continuo enfrentamiento entre el Islam y nuestra cultura occidental y cristiana es una muestra de ello, según el autor. El caso de la polémica sobre las caricaturas de Mahoma que ha culminado en la protesta violenta de miles de musulmanes que han asaltado las embajadas de varios países occidentales en Oriente Próximo, se ha tomado como una muestra más de este conflicto.
Los analistas políticos de los medios de prensa occidentales destacan como la raíz del conflicto a la moderna libertad de prensa de que gozamos en los países occidentales y el talante retrógrado y fundamentalista de los musulmanes con respecto a sus valores religiosos. Este discurso se ha efectuado profusamente, incluso desde los ámbitos progresistas de la izquierda europea, como intentando revitalizar el mítico enfrentamiento entre la diosa razón, encarnada en la libertad de prensa, y el irracional fanatismo religioso. Este tipo de claro-oscuros, incluso para un ateo convencido, me parecen inconvenientes, ya que alimentan la peligrosa teoría del choque de culturas.
Si queremos comparar ambas culturas, debemos hacer una comparativa de magnitudes compatibles. Sin embargo, es ya manido el recurso a la comparativa de los aspectos más luminosos de nuestra cultura con los aspectos más oscuros de la otra cultura. El Islam posee aspectos muy oscuros que saltan en seguida a la vista cuando un puñado de integristas recalcitrantes excitan a los fanáticos religiosos, hasta el punto de tomar al asalto una legación diplomática. Sí, es cierto, en los países musulmanes existe la manipulación de las masas, pero de eso sabemos también mucho aquí, ¿o no?. El Islam posee también aspectos luminosos que, por supuesto, no creo necesario mencionar. Así que me detendré en los aspectos oscuros de nuestra cultura, que a veces parecen olvidados.
Nuestro país puede ser una buena muestra de ello. En España las arcas públicas financian a la Conferencia Episcopal, una organización religiosa de corte católico integrista, que a su vez financia medios de comunicación como la cadena de emisoras de radio de la COPE, desde cuyos micrófonos se lanzan a menudo mensajes de corte integrista, a modo de un moderno púlpito herziano. En no pocas ocasiones, hemos podido comprobar que la sensibilidad de nuestros integristas occidentales es mayor que la de sus hermanos musulmanes. Me gustaría conocer la repercusión de una caricatura que reprodujera a Jesucristo o al Papa en una actitud inmoral. Jamás he visto una caricatura del Papa con actitud cariñosa hacia unos niños cuando se han publicado noticias en la prensa sobre casos de pederastia en la Iglesia.
En cambio, cuando la broma les cae a otros, resulta que no tienen sentido del humor. Más allá de bromas, la caricatura que representaba a Mahoma como un terrorista es de un pésimo gusto. No sólo por el hecho de que ofenda a los musulmanes, sino por el hecho de que para los no creyentes en la religión musulmana, Mahoma es un símbolo que representa al Islam; por tanto, representar a Mahoma como un terrorista viene a significar una identificación de todo el Islam con el terrorismo. Pienso que si la intención del caricaturista danés no era ésta precisamente, sí que debía estar profundamente imbuido de la teoría del choque de culturas. Esta teoría se alimenta por la obstinación de los integristas de ambas culturas. Sin embargo, es posible el acercamiento y la convivencia. A los que pensamos así, nos corresponde demostrarlo en la práctica, aunque esto suponga no llevar hasta sus últimas consecuencias la libertad de expresión.
(Publicado en: "El Grano de Arena" nº 331. 13 de febrero de 2006)
Aleksandro Palomo Garrido