VALORACIÓN DE ATTAC DE LOS RESULTADOS DE LA 60ª ASAMBLEA DE NACIONES UNIDAS
COMUNICADO ATTAC ESPAÑALa última Asamblea General de las Naciones Unidas se ha saldado con un estrepitoso fracaso que, aunque esperado por muchos, resulta absolutamente desconsolador para los empobrecidos países del Sur, que son los que sufren de forma más sangrante una globalización neoliberal que acentúa las desigualdades a nivel planetario.
El pobre acuerdo de mínimos alcanzado en la Asamblea de Nueva York tiene varios culpables, pero el principal de ellos no es otro que el unilateralismo exacerbado exhibido por EE.UU., con un John Bolton como nuevo embajador ante la ONU que en escasos meses ha logrado que se desvirtúe lo alcanzado en anteriores Asambleas. El seguidismo interesado del resto de los gobiernos de los países ricos durante la Asamblea General de N.U. ha defraudado a millones de ciudadanos movilizados contra la pobreza, que la consideran una indignidad inadmisible en un siglo en el que la Humanidad tiene sobrados medios para erradicarla de la faz de la Tierra.
El propio acuerdo de N.U. de fijar unos insuficientes –y a la vista de los hechos parece que inalcanzables- Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) es el reconocimiento del fracaso de las políticas de desarrollo propiciadas por las instituciones internacionales hasta la fecha, pues tras más de 40 años de cooperación internacional para el desarrollo, la mitad de la población mundial sigue viviendo en la precariedad y más de mil millones en la pobreza más extrema. Y es que las estrategias de reducción de la pobreza planteadas hasta ahora en las cumbres internacionales no han conseguido escapar de una filosofía neoliberal que da prioridad a los mercados y a la competitividad, y margina las líneas de actuación básicas para acabar con la pobreza y la desigualdad en el planeta, como son incrementar los recursos financieros disponibles para el desarrollo, cancelar la deuda externa y permitir a los países pobres decidir y aplicar sus propias políticas comerciales y de alimentación.
Porque es evidente que para combatir la pobreza en el planeta, los países empobrecidos requieren importantes cantidades de dinero que hoy no disponen. Hace más de 30 años, los países ricos prometieron canalizar el 0,7 % del PIB para financiar la “Ayuda al Desarrollo” y apenas se supera en la actualidad un vergonzoso 0,25%. Nadie niega la necesidad de presionar a los gobiernos para acelerar el cumplimiento de sus compromisos, pero Attac considera que ha llegado la hora de superar las prácticas “caritativas” de los poderosos para acercarse una justicia fiscal global, lo que supone pasar de la limosna de los ricos a una fiscalidad internacional basada en unos impuestos que recauden prioritariamente el dinero allí donde se concentra la riqueza.
El mundo lleva varias décadas sufriendo una globalización neoliberal que, al imponer una libertad absoluta en los movimientos transnacionales de capitales, ha conseguido entre otros efectos indeseables hacer recaer el grueso de los impuestos estatales mundiales sobre los trabajadores, al reducir la presión fiscal soportada por un capital cada vez más globalizado y progresivamente refugiado en los paraísos fiscales. Las denuncias y movilizaciones que reclaman otra globalización, en las que Attac ha participado activamente desde su creación, han logrado por lo menos que parte de la ciudadanía y algunos de sus representantes en la comunidad internacional, hayan ido tomando poco a poco conciencia de la necesidad de una fiscalidad global para avanzar en una redistribución de la riqueza a escala planetaria. Y gracias a estas movilizaciones, la propuesta de un impuesto sobre las transacciones de cambio y las denuncias del papel nefasto de los centros financieros para no residentes que generan evasión fiscal y protegen la delincuencia financiera, se han ido abriendo camino en la escena internacional y nacional.
Cálculos realizados por expertos muestran que gravando exclusivamente las transacciones cambiarias de las instituciones financieras a unos tipos impositivos muy bajos (0,1% o menos salvo en situaciones de alerta especulativa), la recaudación esperada de un impuesto global como el propuesto sería de 100.000 millones de $ anuales, más del doble de actual Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). Una cifra largamente suficiente para alcanzar unos Objetivos de Desarrollo mucho más ambiciosos que los contemplados en la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas.
Una vez más, en la última Asamblea de Naciones Unidas ha faltado voluntad política para sentar las bases que permitan implantar en todo el planeta un impuesto sobre las transacciones cambiarias. Impuesto que además de poder suministrar recursos financieros a un desarrollo de los países empobrecidos diseñado por ellos mismos, sería capaz de atajar la nefasta especulación ejercida sobre los mercados de divisas.
Attac seguirá ejerciendo, tanto dentro de Alianza Española contra la Pobreza, como fuera de ella, una creciente presión social contra la dictadura de los mercados financieros para, mediante la introducción de una fiscalidad internacional y la erradicación de los paraísos fiscales offshore, impedir que se siga concentrando riqueza y poder en muy pocas manos. Y se seguirá movilizando junto al resto de los colectivos que defienden que Otro mundo es posible para poner freno a una globalización neoliberal al servicio de las finanzas y las empresas transnacionales, que provoca inestabilidad y fuertes crisis económicas y sociales, y que es la causante principal de la pobreza y del aumento de las desigualdades sociales y económicas entre los países y dentro de ellos.