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10 febrero 2012

Debate engañoso sobre la Constitución Europea

El próximo viernes 18/02 el señor Bernard Cassen estará en Sevilla en el acto final del Foro Social de Sevilla por el NO a esta Constitución a las 18,30 horas en la facultad de Económicas (Avda. Ramón y Cajal).

De la edición española de “Le Monde Diplomatique”

“Debate engañoso sobre la Constitución Europea” Por el periodista y director de la citada revista: Bernard Cassen

(Extractos del referido artículo)


“Un aspecto planea sobre la ratificación del “Tratado para establecer una Constitución Europea”, adoptado por los veinticinco países miembros el 18 de Junio de 2004, y firmado en Roma el 29 de Octubre siguiente. El peligro reside en que no se entienda, o –más grave aún- que se entienda demasiado bien (…)
(…) Si el lector (de la Constitución) decide comparar esa “Constitución” con la de su propio país, comprobará que es de 10 a 15 veces más extensa, lo que contradice las proclamadas intenciones de “acercar Europa a sus ciudadanos”.

Si ese ciudadano tipo (…) dispone de un buen programa informático, descubrirá –sólo en las cuatro partes del tratado- que “banco” aparece 176 veces; “mercado” 88 veces; “competencia” o “competitivo” 29 veces; “capitales” 23 veces; “comercio” y sus derivados inmediatos 38 veces; “mercancías” 11 veces; “terrorismo” 10 veces; y “religión” o “religioso” 13 veces.

Ninguno de esos términos figura en la Constitución francesa, excepto “comercio”, que aparece dos veces , y “religión” una vez. (…) ¿se trata en realidad de una “Constitución” para Europa, que por otra parte fue presentada como laica, o bien de una serie de párrafos extraídos de los estatutos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Carta de la Organización Mundial del Comercio (OMC), a los que se les sumó una reverencia a George W. Bush en lo que hace al “terrorismo” y otra al Vaticano, en lo referente a la “religión”). (…)

(….) (los dirigentes europeos) habían comprendido que el mayor peligro residía en que los ciudadanos se apropiaran del contenido del tratado. Así fue como adoptaron una doble estrategia: en primer lugar, guardar el mayor silencio sobre el núcleo del tratado: su Parte Tercera, titulada: “Las políticas y el funcionamiento de la Unión”, que es donde más abundan las palabras arriba citadas. Con ese fin decidieron presentar una síntesis altamente selectiva del texto, poniendo énfasis en los cambios institucionales y tratando de “desliberalizar” su contenido liberal. En la segunda etapa; una vez que se hubiera realizado un debate público lo más limitado posible, se repetirán consignas simplistas o alarmistas, que declinadas de múltiples maneras, ofrecen dos versiones: “Yo amo a Europa y, por lo tanto, voto “sí”, y “si el “no” se impone, Europa se va a quebrar y será el caos”(…)

(…) la “Constitución” representa el mejor medio para instaurar definitivamente la ley del mercado y de la competencia, palabras que –como vimos- figuran 88 y 29 veces respectivamente en el texto original. ¡Pero que no aparecen en la presentación del mismo que hacen los documentos de “información” oficiales! Tanto el cuadernillo editado por la Cancillería francesa, como el folleto simplificado difundido por la Oficina de Publicaciones de las Comunidades Europeas logran una sorprendente proeza: la palabra “mercado” aparece una sola vez y no hay huellas de “competencia” ni de “capital”, cuando en realidad se trata de tres palabras clave tanto de ese tratado, como de los precedentes. Así escapan a la atención de los ciudadanos 322 de los 448 artículos del conjunto del documento, precisamente los que componen la citada Parte Tercera, la que se oculta como una enfermedad vergonzosa. (…)

(…) (en) La parte tercera (…) titulada –cabe recordarlo- “Las políticas y el funcionamiento de la Unión”, permanentemente se reitera la supremacía de la competencia y del mercado. Y ello, hasta el absurdo: en efecto, el artículo III-131 estipula que deben adoptarse todas las disposiciones necesarias para “evitar que el funcionamiento del mercado interno se vea afectado por las medidas que un Estado miembro pueda verse obligado a tomar en caso de agitación interna grave que afecte al orden público, en caso de guerra o de tensión internacional grave que represente una amenaza de guerra”. Es decir que durante la guerra, los negocios seguirán su curso normal. (….)

(…) Le nouvel Observateur indica que “la principal innovación concierne al reconocimiento de los derechos sociales” en la Parte Segunda del tratado, titulada “La Carta de los derechos fundamentales de la Unión”. En realidad, esos derechos no tienen de “fundamentales” más que el nombre. Sin contar que su contenido representa un retroceso respecto al derecho nacional vigente en muchos países – allí se habla del “derecho a trabajar” y no del derecho al trabajo: del “acceso a las prestaciones de la seguridad social y a los servicios sociales”, lo que supone la existencia previa de los mismos, y no del derecho a la seguridad social y a los servicios sociales, etc. (…)

(….) En primer lugar, el tratado no habla de “servicios públicos” sino, como los dos precedentes, de “servicios de interés económico general” (SIEG), denominación impuesta por la Comisión, empecinada en neutralizar la carga simbólica de la palabra “público”. (….)

(….) Por otra parte , la Comisión tiene el monopolio de una eventua proposición de directiva. A este respecto, la comisaria encargada de la Competencia, Neelie Kroes, ya fijó sus posiciones durante su audiencia ante el Parlamento Europeo, precisando que los servicios públicos no constituyen “intereses en sí mismos”, y que lo que se procura es estimular la economía europea. (…)

(…) Se trata de un texto que no gana al darse a conocer y se entiende perfectamente que sus partidarios, en general, se nieguen a debatirlo punto por punto, prefiriendo aferrarse a consideraciones difusas y vacías de contenido. Sin embargo, les queda aún un arma temiblem teniendo en cuenta su posición dominante desde el punto de vista mediático: demonizar los argumentos adversos (…)

(…) Lo más chocante, desde el punto de vista de la honestidad intelectual, es que se agite el espantapájaros de una “vuelta al calamitoso tratado de Niza”, cuando ese texto rige a la UE desde el 1 de mayo pasado sin provocar ninguna catástrofe mayor… Segundo argumento falaz: la victoria del “no” en uno o varios países paralizaría Europa. En realidad, la Europa del “día siguiente” del referéndum sería como la del “día anterior”, pues seguirían aplicándose todos los textos, incluido el tratado de Niza. Sólo quedaría renegociar un nuevo tratado, más aceptable, y con todo el tiempo necesario para ello, pues no hay ninguna prisa. (….)

Bernard Cassen, Le Monde Diplomatique

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