Suscriben este MANIFIESTO personalidades del mundo intelectual y artistico, comenzando (en orden alfabético) por Ana Belén y Víctor Manuel;Arias, Imanol...hasta Vidal-Beneyto, José; Zapatero, Virgilio.
Integran EL COMITÉ DE APOYO DE ATTAC MADRID:
Ana Belén y Víctor Manuel; Arias, Imanol; Aute, Luis Eduardo; Berzosa, Carlos; Caballero Bonald, José Manuel; Cortina, Adela; Cueto, Juan; Díaz Salazar, Rafael; Erice, Víctor; Espasa, Antoni; Etxebarría, Lucía; Fernández Liesa, Carlos; Fonseca, Jorge; Gabilondo, Ángel; García Montero Luis; Grandes, Almudena; Marina, José Antonio; Mayor Zaragoza, Federico; Millás, Juan José; Molina Foix, Vicente; Naredo, José Manuel; Ortiz, Lourdes; Ramonet, Ignacio; Regás, Rosa; Ridao, José María; Rodríguez López, Julio; Roma, Pepa; Sampedro, José Luis; Tamayo-Acosta, Juan José; Trueba Bueso, Fernando; Vallespín, Fernando; Vidal-Beneyto, José; Zapatero, Virgilio.
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MANIFIESTO DEL COMITÉ DE APOYO DE ATTAC MADRID.
ALGUNAS MEDIDAS PARA ACABAR CON LOS PARAÍSOS FIS-CALES.
(Leído en el Acto público del 20 de Enero de 2005 de la Campaña de Attac contra la Delincuencia financiera y los Paraísos Fiscales en el INJUVE)
El Informe sobre el Desarrollo Humano 2002 de la ONU nos dice que la diferencia en el ingreso per cápita entre el 20% más rico del mundo y el 20% más pobre era en 1960 de 30 a 1; esta proporción ha aumentado hasta 74 a 1 en 1999. No se puede afirmar que el libre mercado sea el mejor mo-tor de desarrollo. Es un mito que hay que desmontar: cada vez hay más paí-ses empobrecidos.
El actual sistema económico neoliberal vigente en la actualidad en la mayoría de los países del mundo –que favorece la total libertad de movi-mientos de los capitales y, sin embargo, camina hacia una política de me-nos impuestos, menos servicios públicos y menos Estado”– ha originado un movimiento sin control, a lo largo y ancho del planeta, de una gran masa financiera que elude toda contribución social y sólo persigue ver incremen-tados sus beneficios de forma ilimitada.
Dinero de todo tipo, procedente de fortunas privadas, empresas, mul-tinacionales, de actividades tanto legales como ilegales (narcotráfico, terro-rismo, etc.) encuentra su mejor refugio en los territorios donde no hacen in-cómodas preguntas ni establecen ningún gravamen, es decir en los llamados paraísos fiscales. Lo de menos es contribuir a los gastos sociales nece-sarios para crear o mejorar los servicios públicos (educación, sanidad, vivienda...) que benefician al conjunto de la población. Como afirma Jaume Curbet (El País, 26-12-2004): “Según los cálculos más prudentes, aunque difíciles de verificar en un ámbito regido por la ley del silencio, la cifra de negocios a escala mundial del dinero procedente de actividades ilícitas de las diferentes organizaciones criminales, es decir el producto criminal bruto, no es inferior a los 800.000 millones de euros anuales, es decir el 15% de comercio mundial.”
Este dinero criminal busca su refugio en los llamados paraísos fisca-les, aprovechando los coladeros que las diferentes legislaciones nacionales permiten.
Estos paraísos fiscales, existen también en Europa: Isla de Man, Isla de Jersey, Principado de Andorra, Gibraltar, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco, San Marino, Malta y Chipre. En ellos rige el secreto bancario y una política fiscal de nula o muy débil tributación sobre los rendimientos de las actividades financieras; además, no permiten la cooperación en el plano jurídico, especialmente en lo que se refiere al intercambio de infor-mación con otros países.
Se estima que la cantidad de dinero depositada en los paraísos fisca-les asciende a más de 5 billones de dólares, y que en ellos hay registradas más de 2,4 millones de sociedades-tapadera, que favorecen la corrupción de grandes empresas que se sirven de ellas para ocultar su contabilidad y balances, como ha demostrado la salida a la luz de escándalos como los de Enron o Parmalat.
Todo esto contribuye a incrementar la desigualdad entre unos países y otros y entre los ciudadanos de cada país, de forma que junto a fortunas incalculables, que están en manos de muy pocas personas, se dan situa-ciones de extrema pobreza.
Creemos necesario un sistema que se base en la solidaridad social y que, igual que obliga los ciudadanos de cada país a contribuir con sus impuestos al mantenimiento del bienestar social, obligue también a los gran-des capitales a contribuir fiscalmente a los gastos sociales.; un sistema que persiga y castigue la corrupción y la delincuencia financiera y que no per-mita la ocultación de dinero procedente de actividades ilícitas (procedan del terrorismo, el narcotráfico, el tráfico de armas o la corrupción bancaria y empresarial)
Por ello apoyamos las acciones judiciales, las medidas y las campa-ñas que diversos colectivos profesionales (jueces, inspectores fiscales) y movimientos sociales como Attac vienen proponiendo y llevando a cabo desde hace años, como el "Llamamiento de Ginebra", de octubre de 1996; el proyecto de "Corpus Iuris" europeo, de 1997; el "Tratado de Palermo", de 2000; o la "Declaración de París" de 19 de junio de 2003, suscrita por relevantes magistrados europeos contra la corrupción de las corporaciones transnacionales y los paraísos fiscales.
Proponemos, como primeras medidas, las siguientes: a) Armonizar las legislaciones nacionales en materia de delincuencia financiera mediante la adopción de medidas preventivas (registro y seguimiento de la delin-cuencia financiera, control público europeo de las cámaras de compensa-ción, prohibición a los bancos de aceptar fondos provenientes de paraísos fiscales y de abrir filiales offshore); b) Creación de una fiscalía europea en materia de justicia y defraudación fiscal; c) Levantamiento del secreto ban-cario bajo pena de sanción a los estados no cooperantes; d) Transparencia obligatoria para las empresas en sus actividades, filiales y capitales inverti-dos en países de riesgo.
De esta forma conseguiríamos dar un paso en la lucha contra la corrupción, los sobornos, el fraude fiscal y otros delitos de corbata y conseguiríamos levantar un sistema que no se olvide de la necesaria solidaridad para que la distribución de la riqueza mundial sea un poco menos injusta.