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17 marzo 2010

La renta basica garantizada. Un derecho fundamental

'A cada cual según sus necesidades, de cada cual según del Programa de Gotha, la ley económica fundamental de la sociedad comunista.

'A cada cual según sus necesidades, de cada cual según del Programa de Gotha, la ley económica fundamental de la sociedad comunista: la producción en función de las capacidades de cada sujeto productor y la distribución según las necesidades de los consumidores. La condición para alcanzar ese estadio comunista de la sociedad sería la abundancia de recursos y conocimientos, es decir, un amplio desarrollo de las fuerzas productivas que permitiera sobradamente la satisfacción de las necesidades sociales básicas.
Hace ya 35 años que sucedió la última conmoción política revolucionaria en Europa, el Mayo del 68 y la primavera de Praga. El inspirador filosófico del Mayo francés, Herbert Marcuse dialogando con los universitarios huelguistas en un libro titulado ‘El final de la utopía', afirmaba que las sociedades desarrolladas ya poseían suficientes recursos económicos, suficiente desarrollo de las fuerzas productivas, como para crear la utopía social de la emancipación del trabajo asalariado, forzoso y alienado. Es decir, para crear una sociedad cuya economía respondiera al principio comunista de organización social. aPor qué no se había producido el paso al comunismo? Marcuse analizaba la estructura neurótica de la personalidad humana y el carácter represivo que la constituye en nuestra civilización, para explicar el hecho de que todavía persistieran las formas irracionales de organización social; todavía los factores subjetivos de la humanidad no estaban preparados o maduros, para realizar lo que los factores objetivos permitían ya. Lo que Marcuse señalaba en 1968 es hoy en día mucho más palpable y evidente; también la alienación es mucho más grave, más aguda, más opaca, más insoportable.
En estos últimos años, sin embargo, podemos pensar que empieza a brillar una luz sobre el horizonte histórico. Entre los múltiples elementos que configuran un nuevo panorama histórico de avance hacia el comunismo se encuentra la lucha por la Renta Básica. La implantación de una Renta Básica Garantizada, es decir, la percepción por cada ciudadano de una cantidad fija de bienes materiales que cubran sus necesidades básicas de por vida, desde el momento de su nacimiento hasta el de su muerte, es la plasmación de la primera parte de la ley económica del comunismo según Marx: 'a cada cual según sus necesidades'.
Sin embargo, lo conseguido hasta ahora es muy poco, comparado con lo ambicioso del proyecto. Apenas 18.000 personas en Euskadi perciben una Renta Mínima de Inserción, como medida del gobierno vasco para luchar contra la pobreza extrema, el paro de larga duración, la marginación y la exclusión social. En el resto del Estado español apenas 8.000 personas más, sobre en todo en Cataluña, se encuentran en esas condiciones. La Renta Mínima de Inserción es una cantidad que se percibe como parte de los programas asistenciales del Estado, no un derecho reconocido a la ciudadanía como es la Renta Básica. Pero marca una vía hacia el objetivo propuesto.
Los miembros de la plataforma Baladre de perceptores de la Renta Mínima, una minoría activa dentro del colectivo, insisten en lo poco que se ha avanzado en ese camino hacia la Renta Básica. Señalan la factibilidad del objetivo propuesto, a poco que se eliminaran los gastos militares y demás gastos improductivos o destructivos de la economía capitalista. Frente al aprovechamiento reformista, limitado y asistencial, por el Estado burgués, de esa idea revolucionaria, Baladre propone una movilización que transforme la civilización capitalista desde sus mismos cimientos, al acabar con la venta de la fuerza de trabajo en el mercado laboral, terminando así con el trabajo alienado. En una sociedad donde todos los ciudadanos tuvieran asegurada la satisfacción de sus necesidades básicas, el trabajo sería voluntario, haciendo posible la emancipación de los trabajadores; los trabajos más penosos serían mejor remunerados, al contrario de lo que sucede hoy en día en el mercado capitalista; y en algún caso, cuando nadie quisiera realizarlos a pesar de las recompensas ofrecidas, esos trabajos penosos habrían de hacerse mediante un compromiso de los ciudadanos a partir de la consciencia de su necesidad, con plena libertad y mediante un reparto equitativo de las cargas sociales.
La implantación de la Renta Básica tendría otro efecto beneficioso en la estructura social, y es que permitiría definir mejor las necesidades básicas de las personas, con lo que se eliminaría mucho consumo superfluo de la actual sociedad, tanto como la producción destructiva del capitalismo actual. La determinación de las necesidades básicas habría de hacerse democráticamente por consenso social y éstas serían iguales para todos por término medio, aunque habría suficiente flexibilidad como para que cada cual utilizara su cuota de consumo como le pareciera mejor. La Renta Básica estaría determinada por un criterio económico objetivo, por ejemplo el 50% del Producto Interior Bruto repartido equitativamente entre todos los ciudadanos. Sería personal, universal e intransferible, no contributiva e independiente del mercado de trabajo. Una parte de la misma, a fijar por consenso democrático, estaría constituida por bienes colectivos (educación, salud, transporte, etc.).
Esa determinación de las necesidades también habría de tener en cuenta la definición de un bien comunista según W. Harich: 'comunista es aquel bien que podría ser consumido por todo ser humano en cualquier lugar en un momento histórico determinado'. Dado que la Renta Básica es igual para todo ser humano, todo ciudadano debería tener igual posibilidad de acceso a todos los bienes.
Se trata de una modificación en profundidad de nuestra actual estructura económica, de tal modo que algunos teóricos han señalado esa lucha por la Renta Básica como un camino capitalista hacia el comunismo. Capitalista porque mantiene una institución fundamental del actual ordenamiento económico, el mercado, como instrumento de regulación económica del intercambio, reformando las condiciones en las que funciona esa institución. Y es que, a juzgar por las experiencias del siglo pasado para alcanzar el socialismo, no se puede prescindir de las instituciones económicas capitalistas, sino que más bien hay que situarlas en un nuevo marco social. Como se hizo con el Estado del Bienestar, que supuso incorporar nuevos principios de organización social, como la igualdad de oportunidades, sin abandonar lo conseguido en la organización capitalista de la economía. Esa vía capitalista al comunismo coincidiría con la evolución del liberalismo en los últimos siglos: desde la revolución liberal, que pone las bases de la acumulación capitalista (John Locke y Adam Smith), al Estado del Bienestar, que asienta la igualdad de oportunidades como principio básico de la organización social (John Stuart Mill y John M. Keynes); y del Estado del Bienestar a la organización de la Renta Básica, que establecería el principio de diferencia como derecho a la satisfacción de las necesidades básicas (John Rawls).
Sin embargo, queda en el aire la etapa socialista de la evolución social, que según Marx se regiría por el principio de 'a cada cual según su trabajo', aboliendo la explotación. Lo que significa dos cosas: primero, que los factores de la producción vendrían a ser retribuidos según un criterio no capitalista de evaluación económica, un criterio científico que atendiera a los intereses de los trabajadores conscientes. Segundo, también se eliminarían todas aquellas actividades improductivas e incluso destructivas que son retribuidas en el sistema de la dominación capitalista (militares, policías, burócratas, publicidad, etc.).
Ese problema está muy presente en el actual planteamiento de la Renta Básica, que supone un rodeo de la evolución social para evitar el enfrentamiento de clases y la dictadura del proletariado. Porque paralelamente queda también en el aire la segunda parte de la ley de organización comunista de la economía según Marx: 'de cada cual según sus capacidades'. Pues la organización comunista de la producción no solamente se refiere a la libertad respecto del trabajo alienado, sino también al desarrollo de las capacidades humanas y a la socialización de la humanidad. Lo cual exige estímulos, no necesariamente económicos, para las actividades valiosas de los miembros de la sociedad; lo mismo que hay que desanimar las actividades perniciosas.
Con el actual planteamiento el resultado de la movilización por la Renta Básica no nos garantiza que la producción social alcance para satisfacer las necesidades sociales; los sujetos pueden optar por el ocio y el consumo sin aportar nada a cambio. Individuos egoístas a medio socializar rechazarían aceptar la responsabilidad de realizar el trabajo necesario. Pues el problema fundamental del capitalismo es que funciona con los deseos egoístas de la humanidad y se desentiende los impulsos altruistas como si fueran improductivos, de modo que bloquea e incluso anula la socialización de los miembros de la sociedad.
Es decir, la movilización por la Renta Básica necesita complementarse con otras actuaciones de los sujetos conscientes. Puede apelar al egoísmo humano para conseguir ciertos apoyos y facilitar así su instauración social. Pero no puede quedarse ahí. Hay que ir creando paralelamente asociaciones y redes de trabajadores voluntarios conscientes, que, al tiempo que se liberan del
trabajo alienado por el cobro de la Renta Básica, se realicen como personas en la solidaridad social. Hay que animar a la participación en la actividad económica y productiva de la sociedad entendida de un modo completamente nuevo, y desarrollar así la socialización de las gentes; y para eso es insuficiente el mercado, incluso contando con el apoyo de la intervención estatal. Para esto se tienen que cambiar los parámetros de evaluación de la actividad económica que funcionan dentro del capitalismo.
Por poner un ejemplo, el trabajo doméstico, sobre el que descansa la reproducción biológica de la especie, es realizado voluntariamente en su mayor parte por mujeres sin retribución económica en el sistema de mercado. Y no es deseable que ese trabajo, con un alto componente afectivo y sentimental, sea alienado por las manipulaciones mercantiles. Esto nos muestra cómo el trabajo no alienado tiene un alto componente cultural y enraíza en las motivaciones básicas de las personas. La actividad d los perceptores de Renta Básica debe encaminarse a la realización altruista de tareas útiles para la colectividad. Las propias mujeres con hijos podrían emanciparse de la tutela del varón en caso de tener resueltas sus necesidades básicas y las de sus hijos.
Una segunda tarea complementaria es la lucha contra las injustas estructuras actuales del capitalismo, contra la antiproducción inscrita en la organización económica: armamentos, instrumentos de control social represivo, burocracia, publicidad y consumo superfluo, derroche de recursos y destrucción medioambiental, etc. Pero evidentemente esa es una tarea del movimiento obrero en sus organizaciones clásicas. Es este aspecto el que nos muestra la necesidad del socialismo: un sistema social que modifique la organización económica de modo racional, a través del control obrero de la producción, basándose en la idea de que la clase obrera tiene intereses emancipadores.
La lucha por la Renta Básica está todavía en una fase embrionaria. En muchos países apenas si ha sobrepasado el nivel teórico, por ejemplo, el libro 'Imperio' de Toni Negri y Michael Hardt propone la Renta Básica como instrumento de transformación del actual capitalismo imperial; y no es casualidad que haya sido en Euskadi -allí las luchas de clase son más agudas que en ningún otro lugar de Europa- donde se han empezado a desarrollar luchas masivas, conscientes y con carácter práctico sobre esa cuestión. Pues no se trata de obtener una cuota asistencial del Estado benefactor, sino de establecer un auténtico derecho de la ciudadanía mundial.

Miguel Manzanera Salavert, socio de Sodepaz

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