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16 marzo 2010

Petróleo y agua: desde las entrañas de la guerra

Un testimonio directo desde Bagdad. Una compañera deportada nos transmite sus sensaciones.

Me piden que escriba algo sobre lo que he vivido en Irak, no es mi fuerte, y se me ocurre que describiendo tres de los bombardeos, muy diferentes en sus circunstancias, creo que explican mucho por sí solos.

Frente a mi habitación en el hotel Palestina discurre lentamente el Tigris y me pregunto si no será, junto al Eufrates, un botín mucho más anhelado que el petróleo para los ejércitos que horas mas tarde desataran su primer bombardeo sobre la ciudad. El sol se pone blanco, mañana nos despertaran las bombas, y su codicia enfurecida.

Durante la noche, los periodistas que hasta ahora parecían aletargados van tomando posiciones y el hall del hotel es un hervidero de corresponsales y freelances muchos de ellos con chalecos antibalas, cascos, mascaras.... Aquellos que consiguieron camuflarse entre los escudos humanos ya han abandonado los lugares que protegían y se reúnen junto a sus compañeros en el hotel Palestina y alrededores. "I'ts a save place", no paramos de oir.

Philip y yo subimos a la azotea, no hay nadie, las bombas están cayendo al sur de la ciudad y una rabia impotente barre todo rastro del miedo que nos ha acompañado desde que decidimos venir a Baghdad. No podemos saber lo que esta pasando, si están muriendo civiles, si han tocado los lugares donde se sitúan los escudos en la parte sur. Pero nos tememos lo peor.

Por fin cesa el bombardeo pero aun no ha acabado todo. Una media hora después se reinicia el ataque y las bombas caen exactamente en los mismos lugares, allá donde se supone que los servicios de rescate y emergencia están ya trabajando. Así será cada día pero cada vez mas a menudo, mas cerca y más fuerte.

En mi primera noche en la central Eléctrica de Dora, sentí como el miedo volvía a circular por mi cerebro y enviaba señales de peligro a mi cuerpo. Pero fue el corazón quien me trajo aquí y también lo que queda de mi infancia. Esa noche imagine dormir con Seif, un niño de unos 11 anos, la persona más valiente que he conocido nunca. Le regale mi tarjeta de voluntaria por la paz y me la devolvió diciendo que esa tarjeta me salvaría la vida. Seif espera a los americanos armado únicamente con piedras y su propio dolor, como tantísimos niños en el mundo. Pido que se juzgue a nuestros gobiernos también por ello.

De camino hacia Siria, unas 5 horas después de sabernos deportados, debemos hacer noche en un pueblecito apartado de la carretera. Allí nos acoge una familia encantadora que nos ofrece su casa sin reservas a pesar de que podría resultar peligroso para ellos. Nos agradecen infinitamente él haber acudido a esta extrañilla llamada por la paz en Irak y no haberles dejado solos ante los ejércitos de nuestros gobiernos. Nos quitamos los zapatos, nos ofrecen té, Antoinette y yo vamos a la habitación de las mujeres, "que noticias traéis?", risas y bromas......... pero cae la primera bomba y todo se rompe. Cuando caen las bombas apenas hay lugar para nada mas que no sea el miedo y la solidaridad, la rabia y la impotencia. Los chicos van a buscar sus puñales, la luz se va, se rompen algunos cristales y las puertas se abren violentamente. Alguna persona entra en un ataque de pánico. Sacamos a la abuela enferma con su cama al pasillo, lejos de las ventanas. Leigh pega cinta aislante en los cristales. Antoinette calma a una mujer. Yo siento que mi país esta en Irak y en cualquier lugar donde la gente sufra la agresión de los ejércitos, ávidos de riquezas. Y siento que no es suficiente lo que estamos haciendo para evitarlo, que debemos hacer mas para pararles, que no es suficiente lo que estamos haciendo en España y en el resto de los países occidentales. Hace falta más.

Debemos dejar de consentir a EE.UU. su política medieval, o de los tiempos del imperio romano. Debemos exigir que EE.UU. evolucione de una vez por todas y deje de amenazar al mundo entero. La gente tiene otros deseos, su vida, vivir en paz y disfrutar. No podemos permitir que maneras absolutamente arcaicas pretendan gobernar el mundo aun más de lo que ya lo están haciendo. Debemos hacer mucho mas por pararles.

Desde Amman no dejo de recordar Baghdad, toda la gente.

Sobre el hotel, en Amman, continúan pasando cada día aviones de guerra supuestamente americanos, en dirección a toda la gente. Beatriz Almandoz

Beatriz Almandoz

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