Hagámoslo ahora. (Discurso del Forum Social Mundial)
Mirad a vuestro alrededor. Es un milagro que estemos aquí juntos. Incluso hace cinco años, nadie, ni siquiera los más optimistas entre nosotros, podría haber imaginado el tamaño y el alcance de este movimiento.Queridos Amigos, queridos Camaradas,
Mirad a vuestro alrededor. Es un milagro que estemos aquí juntos. Incluso hace cinco años, nadie, ni siquiera los más optimistas entre nosotros, podría haber imaginado el tamaño y el alcance de este movimiento. En términos históricos, los cuatro años desde Seattle, las tres reuniones aquí en Porto Alegre no son nada, un simple pestañear. Lo que hemos conseguido en este breve período es asombroso. Así que deberíamos ver nuestra presencia aquí y la simple existencia de este movimiento y del Foro Social Mundial como una gran victoria.
Se nos ha pedido que tratemos específicamente esta noche sobre multinacionales y mercados financieros. Quiero hacerlo tan brevemente como sea posible especialmente porque ha sido conseguido elocuentemente por los tres previos oradores. La primera reunión en Porto Alegre en 2001 tenía como objetivo analizar la situación mundial. La segunda, en 2002, se concentró en propuestas para alternativas. Este año se supone que debemos pensar en estrategias para llevar a cabo los cambios que esperamos. Así que voy a asumir que la gente aquí son conscientes de lo básico tanto en multinacionales, o TNCs, y mercados financieros. Mi objetivo real es hablar sobre estrategias, no sólo acerca de las TNCs y mercados financieros sino también las estrategias del movimiento en general.
Las 200 TNCs más importantes producen casi la cuarta parte de la producción mundial medida o PIB pero dan trabajo a cada vez menos gente en comparación con sus ventas. En conjunto, las aproximadamente 60.000 multinacionales emplean a menos del uno por ciento de la mano de obra disponible en el mundo, así que no se puede contar con ellos para proveer empleo significativo. Para las compañías, el trabajo es un coste y mantendrán necesariamente sus costes tan bajos como sea posible.
EL comercio entre sucursales de la misma compañía supone más de un tercio del comercio mundial: en otras palabras, IBM comercia con IBM o Ford con Ford. Así que no es sorprendente que las normas de comercio y la OMC estén diseñadas para satisfacer las necesidades de estas compañías.
Quizás no todas las compañías sean tan deshonestas y agresivas como ENRON, que fracasó tan espectacularmente el año pasado. Sin embargo, la actual crisis económica demuestra que todos en el mundo corporativo y financiero estaban cooperando en los recientes escándalos. Las auditorías estaban aprobando cuentas fraudulentas, los analistas financieros le decían a la gente que comprase valores que ellos mismos estaban vendiendo; periodistas financieros estaban exagerando el “boom” mientras los bancos le prestaban más a los clientes a los que para empezar nunca deberían haber prestado. Todo el mundo aprobó, y en el caso de ENRON, esto incluye al vicepresidente y al presidente de los Estados Unidos Dick Cheney y George Bush.
Pero, ¿qué más se puede esperar?. Los directores vendieron sus valores en su máximo valor porque sólo ellos sabían realmente en qué estado estaban las compañías. Trabajadores comunes perdieron sus pensiones y su seguridad social. Pero aún así lo llamativo es que la gente se sorprendiese de forma general. Todos los que sabían lo que estaba pasando se comportaron para su propio interés, que es exactamente lo que se supone que la gente hace en una sociedad capitalista. El altruismo y la ética no tienen un lugar en la sala de reuniones de los ejecutivos. Alguna gente cree que este sistema puede ser cambiado suficientemente para darle al capitalismo transnacional un “lado humano”. Me temo que no comparto este optimismo.
La moda ahora en círculos financieros es algo llamado Responsabilidad Social Corporativa, o CSR que al menos en inglés también pueden ser las siglas de Auto-Regulación Corporativa (Corporate Self-Regulation). Porque se trata de auto-regulación. Lo que las compañías NO quieren son leyes vinculantes que gobiernen su conducta, particularmente a un nivel mundial. La oposición de las TNCs debería mostrarnos el camino: necesitamos leyes vinculantes y también necesitamos cobrar impuestos internacionalmente.
Algunas compañías individuales pueden mejorar su comportamiento y no deberíamos desanimarlas; pero cuando las compañías actúan colectivamente, como suelen hacer a menudo, la ética y la responsabilidad social se olvidan. Los grupos de presión corporativos son extremadamente efectivos para obtener lo que quieren de los gobiernos. Los acuerdos bajo la Organización Mundial del Comercio, particularmente sus acuerdos sobre servicios, [los AGCS] y sobre Propiedad Intelectual [ADPICs] muestran que las compañías están intentando poner una serie de áreas nuevas y extremadamente lucrativas firmemente dentro del mercado. Salud, educación, cultura, medioambiente, incluyendo el agua y los organismos vivos son en este momento, gracias a la influencia corporativa, parte del dominio corporativo.
También esperan añadir inversiones y adquisiciones gubernamentales a la larga lista de nuevas actividades generadoras de beneficios.
Iré todavía más rápido en el tema de los mercados financieros. La continua crisis durante la última década ha mostrado que las fronteras abiertas a capital especulativo sólo producirán una catástrofe tras otra. Argentina es sólo la última en una serie aunque es, sin duda, una de las más severas. Y no será la última. Los únicos países que han sobrevivido a las acometidas de la especulación financiera en una relativa buena forma son aquellos que han puesto algún control en la afluencia y sobre todo en la salida de capital.
Tras los fiascos en Argentina, Rusia, Indonesia y tantos otros países podríais pensar que los gobiernos insistirían en sustituir al FMI. A pesar de todo el Fondo sigue imponiendo la libertad de entradas y salidas de capital en países endeudados. Sólo los países que no siguen los ajustes estructurales supervisados por el Fondo, como Chile, Malasia o China han disfrutado del lujo de crear sus propias políticas.
Ahora dejadme volver al tema de la estrategia. ¿Qué nos dicen estas rápidas observaciones acerca de las compañías y los mercados financieros? Primero, reconozcamos que exhortación y persuasión no nos llevarán a ningún lado. No supone nada bueno repetir que esto o aquello “debe” o “tiene que” pasar. Riqueza y poder nunca lo compartirán de buen grado. Las clases dominantes no ceden sus privilegios. De hecho, siempre quieren más. Nunca es suficiente. Aquellos que están en el poder no protegerán el medioambiente sólo porque es el interés común hacerlo; intentarán continuamente arañar las ganancias hechas por la gente trabajadora y no ayudarán de forma espontánea a los pobres por muy terrible que se vuelva su situación. Dejadme decirlo claramente: ningún nivel de sufrimiento humano generará cambios en la política.
Ahora voy a decir algunas cosas duras, negativas, incluso aterradoras así que antes de hacerlo, dejadme decir que a pesar de todo, soy fundamentalmente optimista y tengo esperanza. A principios del siglo XXI, creo que hemos cruzado un umbral. Por favor permitidme que me refiera a mi propio trabajo para ilustrar este punto. Hace tres años escribí un libro llamado El Informe Lugano. Cuando hablamos aquí acerca de la necesidad de un mundo radicalmente diferente, tenemos que reconocer primero el riesgo importante de que el mundo futuro podría ser todavía peor que el que tenemos si no lo impedimos. Este es precisamente el tema del Informe Lugano.
En este libro imagino a gente bastante parecida a la que ahora se reúne en la comisión de Davos, un grupo de expertos que escriben un informe. La pregunta que se hacen los comisionados es “¿Cómo podemos preservar el capitalismo en el siglo 21?” ¿Cómo puede la gente de Davos asegurarse de que el capitalismo continuará dominando y prosperando? ¿Cómo pueden garantizar que será el único sistema creíble, que ningún otro puede ser imaginado? Estos “amos del universo” quieren saber qué deben hacer para mantenerse en el poder. Esta es precisamente la pregunta que hacemos aquí esta noche, precisamente desde la perspectiva opuesta. Estamos preguntando qué se debe hacer para que el presente orden capitalista no prevalezca. ¿Qué debemos hacer para asegurarnos de que nuestras vidas y comunidades y nuestro medio ambiente no son dirigidos por los antojos de las compañías y los mercados financieros?
El grupo de expertos que se supone que está escribiendo el Informe Lugano llega a conclusiones que son, por decir lo mínimo, extremadamente desagradables. Por todo tipo de razones (económicas, ecológicas y políticas) el grupo de expertos concluye que será imposible mantener el capitalismo en el año 2020 cuando haya aproximadamente ocho billones de personas en la Tierra. Por esa razón, una gran parte de esa gente, particularmente los más pobres, aquellos que no están y no pueden ser integrados en el sistema deben ser eliminados tan silenciosamente como sea posible y mediante cualquier medio necesario. Se permitirá pues dejar hacer su trabajo a la guerra, el hambre y la enfermedad y cobrarse su número de víctimas.
La pregunta que hacemos en Porto Alegre, implícita o explícitamente, es por lo tanto extremadamente seria. Podemos o no cambiar el sistema actual, porque si no podemos, entonces estoy convencida de que el escenario de Lugano es al que deberemos enfrentarnos y este escenario es realmente horrible.
Creo que ahora estamos más que nunca estrictamente confrontados con el horror de ese escenario. Si creéis que exagero, mirad a vuestro alrededor. Un síntoma es la negación de hacer cualquier cosa seria acerca de la siempre creciente crisis del SIDA. El SIDA está creciendo de manera salvaje en los países pobres entre gente pobre.
En lo que se refiere a enfermedades comunes aparte del SIDA, no se le están dando acceso a medicinas genéricas baratas a los países pobres para tratar a los asesinos más comunes porque los Estados Unidos han dado preferencia a las compañías farmacéuticas y se niega a implementar el único paso positivo que salió de la reunión ministerial de la OMC en Doha el año pasado.
Otro síntoma del tipo Lugano es la degeneración de un conflicto tras otro, sin ningún esfuerzo hacia soluciones pacíficas, negociadas. Todos pensamos primero en Israel y Palestina; pero de hecho hay al menos 80 guerras que tienen lugar en el mundo en estos momentos. Por dar un único ejemplo, la guerra Congo-Zaire ha matado ya a cuatro millones de personas.
Claramente los nuevos equipos en la Casa Blanca y el Pentágono están usando los ataques del 11 de septiembre en su favor para justificar la noción barbárica de guerra “preventiva” o “preferencial". Dichas guerras, de las que Irak parece que será la primera víctima, diezmarán la población civil a menos que el movimiento pacifista pueda parar a estos criminales americanos.
El hambre está creciendo una vez más. En los años ochenta, los gobiernos habían prometido cortar el hambre a estas alturas a sus niveles de hace veinte años. En vez de eso, más gente que nunca antes sufre falta de comida. El director de FAO dijo recientemente que a la velocidad a la que vamos llevará 150 años eliminar el hambre por completo.
Todo esto y mucho, mucho más me hace pensar que el escenario de Lugano ya esta siendo implementado. No hay una conspiración. Los ricos y poderosos han concluido aparentemente, como los autores de mi falso informe, que cientos de millones de personas en el mundo hoy en día son superfluos. No tienen trabajos remunerados y no contribuyen a la producción capitalista. No son rentables, son un obstáculo en la economía y son redundantes.
No habrá un modelo Hitler-Auschwitz porque es demasiado visible y crea resistencia y eventualmente rechazo universal. En vez de eso es un modelo post-modernista del siglo XXI en el que nada puede ser la culpa de nadie. Nadie es responsable. Cosas terribles ocurren y la vida sigue, al menos para algunos.
Nuestro esfuerzo es por lo tanto extremadamente serio. Si compartís mi análisis, como espero que hagáis, entonces esto nos da claramente a todos los aquí presentes una responsabilidad histórica. En una palabra, no podemos fallar. En medio de esta maravillosa celebración en Porto Alegre, espero que podamos también permanecer sobrios y juiciosos. El gran filósofo alemán del siglo XIX Hegel dijo “Lo único que la historia nos enseña es que nadie aprende nunca nada de la historia”. Probemos que Hegel se equivocaba y aprendamos de la historia, que nos dice que otros movimientos que prometían mucho han sido destruidos en el pasado, tanto por enemigos como por sus propios errores. Ellos también resistieron a los poderosos, ellos también lucharon contra los opresores en su tiempo, ellos también tenían grandes esperanzas de un mundo diferente.
Si hubiesen ganado, nuestra presencia aquí en Porto Alegre y nuestro movimiento serían menos necesarios porque el mundo ya sería un lugar decente para todos, un lugar sin hambre o grandes privaciones donde todo el mundo tendría derecho a lo básico en la vida. Estaríamos viviendo en armonía con el medioambiente y estaríamos gobernándonos de acuerdo con los principios democráticos y esto tristemente no es el caso.
Queridos amigos y camaradas, tenemos que ganar esta lucha esta vez porque estamos intentando hacer algo que nuestros predecesores no podían ni siquiera soñar. Estamos intentando desafiar la mundialización neoliberal, dirigida por las compañías en su propio terreno, el planeta. Así que no debemos trabajar sólo en nuestros contextos locales o nacionales sino también internacionalmente. La ambición de construir un movimiento de verdadera justicia mundial existe por primera vez en la historia de la humanidad.
Nuestros adversarios, las multinacionales, son una ley en sí mismas. Los mercados financieros no se dan cuenta de los desastres que provocan en la gente común. Las instituciones internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio están comprometidas en reducir en vez de en expandir los espacios democráticos; sólo sirven a aquellos que ya se están beneficiando del sistema mundial. Así que nuestro movimiento tendrá que ser cien veces más fuerte y sabio y determinado que cualquier otro que haya habido antes en crear esos espacios democráticos.
No os equivoquéis, sin embargo. Cuanto más fuertes nos volvamos, más buscarán destruirnos nuestros enemigos. Esto es natural. En el mundo que queremos, estos adversarios perderían todo: su poder, su riqueza, su prestigio. Así que debemos estar atentos a sus estrategias de destrucción y no bajar la guardia.
Aprendamos de la historia también que podemos destruirnos a nosotros mismos. Afortunadamente no veo señales de esto, más bien lo contrario. Este joven movimiento ha mostrado una madurez sorprendentemente y ha permanecido abrumadoramente no-violento. Esta es una razón por la que seremos probablemente sometidos a más provocaciones que intenten incitarnos a la violencia. Debemos resistir dichas provocaciones a toda costa y nunca reproducir en nuestras propias filas y nuestras prácticas la violencia de nuestros adversarios.
Necesitamos aprender. El primer deber de un activista es entender cómo funcionan el mundo y las instituciones que nos oprimen. La política es más complicada de lo que solía ser. Cuando yo empecé, era suficiente decir “EE.UU. fuera de Vietnam” y todo el mundo entendía de lo que hablabas. Hoy en día si sales a la calle y le hablas a la gente acerca de la OMC o del FMI, la mayor parte de ellos no tendrán ni idea de lo que hablas. Así que necesitamos aprender para poder enseñar y expandir nuestro movimiento.
También hemos conseguido dirigir un movimiento democrático a imagen del mundo democrático que esperamos crear. Este movimiento tiene héroes y heroínas morales, políticos e intelectuales y organizaciones emblemáticas a las que mirar: dichos individuos y grupos nos inspiran pero no se parecen, gracias a Dios, al liderazgo en el mundo financiero. No tenemos a nadie, ni queremos a nadie en la posición de dar ordenes y ser obedecido. Somos una red de redes. Asegurémonos de que se mantiene así.
A pesar de que nuestra tarea es hacer propuestas para el cambio, buenas propuestas no serán aceptadas simplemente porque sean buenas sino como resultado de una presión sostenida. Las viejas ideas acerca de cambio en el equilibrio de fuerzas y la lucha de clases siguen siendo relevantes. Para cambiar este equilibrio, necesitamos forjar alianzas. El movimiento ha sido hasta ahora bastante bueno en esto, haciendo causa común con los ecologistas, grupos de mujeres, pequeños granjeros, sindicatos, organizaciones de desarrollo, intelectuales y trabajadores culturales y ahora el movimiento pacifista, aunque todavía hay muchas posibilidades de mejorar.
Aún así, a pesar de estos éxitos, no siempre hemos sido capaces de incluir a los representantes de la gente menos favorecida o la mayoría de las comunidades de inmigrantes en nuestras sociedades. El movimiento sigue siendo en gran parte de clase media y debemos intentar llegar a la gente que necesita un mundo diferente, todavía más que nosotros, pero que están dedicando la mayor parte de su tiempo a su propia supervivencia.
Hasta ahora, donde quiera que nuestros adversarios se han reunido, allí hemos estado. La gente está protestando contra las élites financieras y corporativas en Davos en este preciso momento. Creo que ahora debemos ponernos de acuerdo en el siguiente principio: donde quiera que estén, algunos de nosotros estaremos, pero sólo algunos, generalmente aquellos que estén más cerca geográficamente del acontecimiento. Algunos de nosotros, pero no todos, porque muchos de nuestros camaradas no pueden permitirse viajar o no pueden permitirse estar lejos de sus trabajos o sus familias.
Aún más, algunos de los activistas cercanos al común de la gente son también los más pobres y no están necesariamente en Porto Alegre o en los acontecimientos mayores del movimiento. ¿Cómo podemos compartir recursos materiales limitados con ellos? ¿Deberíamos empezar a pensar en obtener fondos para atraer a la gente común? Muchos donantes ya simpatizan con nuestros objetivos.
De vez en cuando necesitamos impresionar a los medios de comunicación con números. El Forum Social Europeo en Florencia fue una ocasión de ese tipo con un millón de personas manifestándose. Otra ocasión para nosotros será el G-8 en Evian, Francia, en junio. No obstante, necesitamos encontrar nuevas formas para expresar nuestra posición, y esto puede hacerse con relativamente poca gente.
Ya he dicho que la no-violencia tiene que ser nuestro principio de guía. Sin embargo, “pacífico” no significa “aburrido”. Necesitamos atraer la atención con más expresiones artísticas, más color, más creatividad y podemos aprender muchísimo de los brasileños en este aspecto. Acordémonos también de que la gente contra la que protestamos no son solamente despreciables, son ridículos. Uno de mis sueños es formar parte de varios miles de personas simplemente riéndose de estos tipos pretenciosos.
Los periodistas preguntan constantemente si deberíamos convertirnos en un partido político. Para mí, la respuesta categórica es ¡”No”!. Somos profundamente políticos y debemos por ello trabajar a través de políticos y partidos pero hacer nuestra política diferentemente. No quiero decir esto como un insulto, pero la política tradicional es el lugar del compromiso. Incluso cuando uno de los nuestros, como Lula, está en el poder, sigue necesitando un movimiento independiente que empuje a su gobierno.
No siempre o ni siquiera a menudo podemos actuar directamente en la esfera internacional y debemos ejercer una influencia a escala local y nacional. Seguro que debemos tomar la oportunidad y empujar a nuestros gobiernos para que adopten nuestras propuestas. ¿Cómo podemos cambiar o abolir la Organización Mundial del Comercio, el FMI, el Banco Mundial sino a través de gobiernos?. Parar las reuniones ocasionales mediante protestas no mata la institución. Necesitamos leyes vinculantes. La OMC puede crear leyes internacionales pero el movimiento no tiene cómo hacerlo a menos que usemos los gobiernos.
Necesitamos empujar para crear espacios en los que experimentos y cambios políticos y económicos genuinos puedan tener lugar. Algunos dicen que las propuestas para impuestos internacionales, cerrar paraísos fiscales o cancelar la deuda son meramente reformistas, no suficientemente revolucionarias. No estoy de acuerdo. Si se implementan, dichos cambios serían realmente revolucionarios porque introducirían un cambio cualitativo; de la misma forma que impuestos nacionales y redistribución cambiaron los patrones de distribución de riquezas en los países que los adoptaron. La prueba es que cada vez que la derecha vuelve al poder, baja inmediatamente los impuestos para los ricos.
Dejadme que acabe con una nota personal. El próximo año, en 2004, aunque casi no me lo pueda creer, cumpliré setenta años. Desde los días del movimiento contra la guerra de Vietnam, nunca he tenido tanta esperanza. Tengo buena salud pero ninguno de entre nosotros puede saber cuánto tiempo le queda en la Tierra. Dejadme que afirme aquí mi profunda convicción de que el futuro del movimiento de justicia global es brillante. Este movimiento ya no depende de la presencia o ausencia de esta o aquella persona, independientemente de quien sea. Ha adquirido vida propia; se ha vuelto sano, autosostenible y se está desarrollando como un organismo vivo sin competir con los otros o reemplazarlos.
Queridos amigos y camaradas: ya que somos privilegiados para participar en esta reunión única del Forum Social Mundial, recordemos que dicho privilegio conlleva responsabilidad. Nunca olvidéis que todos somos actores en la historia. Estamos unidos al pasado y tenemos el deber de ser merecedores de aquellos que vinieron antes que nosotros, la innumerable legión que luchó contra la pobreza, injusticia y opresión con las herramientas de sus propios tiempos. Nosotros, en este afortunado y brillante momento aquí en Porto Alegre, somos también un enlace y una promesa para el futuro, a través de nuestra esperanza, nuestro trabajo diario y nuestra determinación como proclamamos.