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15 marzo 2010

Pax americana global

Un documento neoconservador del año 2000 inspira la actual política de George W. Bush hacia Iraq

- 09/03/2003
Barcelona

Un año antes de los atentados del 11 de septiembre, cuando George W. Bush era
simplemente candidato a la presidencia, un “think tank” neoconservador, fundado
por personalidades que hoy ocupan altos cargos en la Administración republicana,
elaboró un documento que ayuda a aproximarse a las razones de la presente crisis
iraquí. El informe era ambicioso: conformar la escena internacional del siglo XXI,
incluida la región del golfo Pérsico, de forma favorable a los intereses
estadounidenses. Y en su capítulo III, el documento afirmaba significativamente:
“Estados Unidos ha buscado durante decenios un papel permanente en la seguridad
del Golfo. Mientras el no resuelto conflicto con Iraq procura una justificación
inmediata, la necesidad de una sustancial presencia militar estadounidense en el
Golfo trasciende la cuestión del régimen de Saddam Hussein”. Era septiembre del
año 2000.

El documento, titulado “Rebuilding America's defenses: strategies, forces and
resources for a new century” (reconstrucción de la defensa de Estados Unidos:
estrategias, fuerzas y medios para un nuevo siglo), fue obra de un “think tank” cuyo
nombre no deja lugar a dudas: The Project for the New American Century (el
proyecto para el nuevo siglo estadounidense, PNAC). Entre los fundadores de este
grupo se cuentan Dick Cheney, hoy vicepresidente de Estados Unidos; Donald
Rumsfeld, secretario de Defensa; Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa, y
Zalmay Khalilzad, embajador estadounidense en Afganistán. El presidente del
grupo es William Kristol, director de “Weekly Standard”, publicación política
neoconservadora, y entre sus directores han figurado o figuran John R. Bolton,
actual número tres de Departamento de Estado, y el politólogo Robert Kagan, autor
de “¿La trampa de la ONU?”, artículo en el que denuncia que el Consejo de
Seguridad pretende dirigir la política de Washington.

En febrero de 1941, el magnate periodístico Henry Luce, fundador del semanario
“Time”, proclamó audazmente que el siglo XX sería “el siglo estadounidense”. Y
acertó. ¿Será el XXI otro siglo estadounidense? El objetivo del documento enviado
a George W. Bush en septiembre del 2000 es el diseño de una política para una
“pax americana global” en el siglo XXI, y todo parece indicar que con el tiempo se
convirtió en el borrador de la controvertida doctrina estratégica que contempla la
posibilidad del ataque preventivo y que fue anunciada el pasado mes de diciembre
por la Administración Bush.

Sobre los países del Golfo, el documento afirma: “La presencia de las fuerzas
aéreas en el Golfo es vital para la estrategia militar estadounidense, y Estados
Unidos debe tener una presencia permanente”. Se da la circunstancia, sin embargo,
de que los autores pronosticaron entonces, al contrario de lo que ahora afirman, que
“con un aumento menor de la fuerza, con más acuerdos para un despliegue
permanente y con el mantenimiento de las zonas de exclusión aérea, el peligro de
que se repita la invasión iraquí de Kuwait se reduciría considerablemente”.

Cuatro meses después de haber recibido el documento, Bush entró en la Casa
Blanca entre el temor de sus aliados a que sustituyera el internacionalismo de la
Administración Clinton por un nuevo tipo de aislacionismo. No ha sido éste el caso.
En Estados Unidos sigue habiendo considerables fuerzas aislacionistas, pero el
internacionalismo, que ha sido la clave de la grandeza de Estados Unidos, es la
fuerza dominante. La cuestión es saber qué internacionalismo domina la presidencia
de Bush, ¿el idealista de los liberales, el realista que personifica Colin Powell,
secretario de Estado, o el unilateralista que patrocinan Wolfowitz y los
neoconservadores?

El documento sobre la reconstrucción de la defensa de Estados Unidos despeja la
incógnita, sobre todo en lo que hace referencia a la región del Golfo. “No podemos
permitir que Corea del Norte, Irán, Iraq o estados similares dinamiten el liderazgo
estadounidense, intimiden a nuestros aliados o amenacen el suelo estadounidense”,
dice el informe.

Una vez superada la guerra fría, el documento de PNAC propone en su
introducción (ver cuadro adjunto) una nueva estrategia para afrontar los desafíos
del siglo XXI: “En el decenio transcurrido desde el final de la guerra fría casi todo
ha cambiado. La guerra fría fue un mundo bipolar; el siglo XXI es –al menos por el
momento– decididamente unipolar, con Estados Unidos como la única
superpotencia. Antes, el objetivo estratégico de Estados Unidos era la contención
de la Unión Soviética; hoy, el objetivo es preservar una seguridad internacional que
se corresponda con los intereses e ideales estadounidenses. El objetivo militar
durante la guerra fría fue hacer frente al expansionismo soviético. Hoy, el objetivo
es asegurar y expandir las zonas democráticas; evitar la aparición de un nuevo
poder competidor, y preservar un favorable equilibrio de poder en Europa, Oriente
Medio y en la región productora de petróleo circundante”. Pero el informe también
advierte: “Ahora, Estados Unidos no tiene ningún rival global. La estrategia de
Estados Unidos debe centrarse en la preservación y extensión de su ventajosa
posición en el futuro. Hay, sin embargo, estados potencialmente poderosos que no
están satisfechos con esta situación y pretenden cambiarla”.

Fundado en junio de 1977, el PNAC pertenece, junto con el American Enterprise
Institut, con quien comparte buena parte de sus miembros, a la denominada escuela
neoconservadora, corriente que pretende enmendar la plana a idealistas wilsonianos
y realistas, dos de las visiones tradicionales de la política exterior estadounidense.
Ronald Reagan, un conservador que supo utilizar la retórica wilsoniana sobre los
derechos humanos y la democracia, es el espejo donde se miran los
neoconservadores. “La visión del mundo de los neoconservadores se parece a la
que tenían los británicos del siglo XIX cuando proponían la expansión del imperio
para mantener la paz en el mundo y civilizarlo”, han escrito Stephen Fidler y Gerard
Baker en “Financial Times”. El documento del PNAC subraya que “el desafío
(para el siglo XXI) es preservar y mejorar” la preeminencia estadounidense, y para
conseguirlo propone la defensa de “las regiones clave de Europa, Asia oriental y
Oriente Medio”. “La estrategia para los próximos decenios debe buscar la
consolidación de las grandes victorias alcanzadas en el siglo XX –que
transformaron a Alemania y Japón en estables democracias– y mantener la
estabilidad en la región de Oriente Medio”, añaden los autores.

El documento, en el que se describe a las fuerzas armadas estadounidenses
desplegadas en el extranjero como “la caballería de la nueva frontera americana”,
reitera las tesis expuestas en un informe escrito a principios de 1992 por Paul
Wolfowitz, actual subsecretario de Defensa, en el que se afirmaba que Estados
Unidos “debe desanimar a las naciones industriales avanzadas de cualquier intento
de desafiar nuestro liderazgo o incluso de aspirar a un liderazgo regional o global”.
Este documento, elaborado cuando Dick Cheney era secretario de Defensa, fue
considerado por George Bush padre como demasiado controvertido y prefirió pasar
página.

El acceso a la presidencia de Bush hijo significó la resurrección política de Paul
Wolfowitz, matemático y diplomático de origen judío que ingresó en el Pentágono
después de la guerra árabe-israelí del Yom Kippur, en 1973. Cinco días después de
los atentados del 11 de septiembre, Wolfowitz fue el primero, según la prensa
liberal estadounidense, en recomendar a Bush que saldara la cuenta pendiente con
Saddam. Charles Kupchan, miembro del Council on Foreign Relations, ha afirmado:
“Wolfowitz es el líder intelectual de una visión que incorpora objetivos
revolucionarios en el sentido de transformar el mundo según la imagen
estadounidense”.

El grupo de politólogos organizado por Wolfowitz en los años noventa se transformó
en 1997 en el “think tank” The Project for the New American Century, del que
también pasó a formar parte Richard Perle, presidente del Defense Policy Board,
un órgano consultivo del Pentágono. Subsecretario de Defensa con el presidente
Ronald Reagan, Perle está bien relacionado con el Likud, el partido del primer
ministro Ariel Sharon, y es coautor de “A clean break”, un documento de 1996 en
el que propuso a Israel que se deshiciera de Arafat.

El informe del PNAC se puede consultar en la siguiente dirección electrónica:
http://www.newamericancentury.org.



Xavier Batalla (La Vanguardia)

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