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4 febrero 2012

Pura ideología y Nacionalizaciones

Los bancos centrales deberían estar sometidos a mucho mayor control. Por otra parte, y siguiendo a Stiglitz, Juan Torres hace un llamamiento a la nacionalización de los bancos.

Pura ideología
Si en estos momentos de debacle económica hay quienes deberían callar con más justificación que nadie son, sin duda, los bancos centrales.
Con todo el poder en sus manos no han sido capaces de evitar el desastre. Con lo que se jactan de tener los mejores equipos de estudios económicos a su servicio ni de lejos adivinaron lo que se nos venía encima. Habiendo adquirido la independencia a costa de provocar una quiebra histórica en los principios del estado democrático moderno, no han sabido utilizarla sino para ser cómplices de los que han provocado una crisis que terminará seguramente por alcanzar una magnitud sin precedentes. A la vista está, como en Estados Unidos, su corresponsabilidad en la gestión de la crisis.

El caso de los bancos centrales de nuestros días es verdaderamente sorprendente: se trata de instituciones a las que se les da cada vez más poder a pesar de que no aciertan en sus pronósticos; a pesar de que no son eficaces a la hora de lograr sus objetivos (ni siquiera en el de la lucha contra la inflación cuando han sido independientes, como ha sido demostrado); a pesar de que han sido concausantes o corresponsables de las crisis más severas que se han conocido en la historia económica; a pesar de que predican una cosa y constantemente hacen lo contrario (como cuando reclaman mercados libres y favorecen la concentración y los privilegios de los banqueros y los financieros). Se les concede un estatuto de tecnócratas apolíticos cuando es una evidencia clamorosa que sus decisiones tienen efectos inmediatos sobre la distribución de la renta y la riqueza y que a quien atienden con preferencia y a quienes favorecen directamente es siempre a los más ricos. Y se les da un reconocimiento teórico singular a pesar de que sus principios esenciales no solo carecen del respaldo empírico básico que es consustancial a las ideas científicas sino que son constantemente puestos en cuestión por la tozuda realidad de los hechos. Basta ir hacia atrás y comprobar hasta qué punto trabajan habitualmente con predicciones completamente erradas.

Los bancos centrales se han convertido en instituciones al servicio del status quo financiero recurriendo para ello a una retórica manida, a la prédica constante del rosario de prejuicios liberales que no tienen otro efecto que producir un reparto cada vez más injusto de la renta. Basta ver dónde terminan sus gobernadores y dirigentes cuando terminan sus mandatos.

Sea cual sea la coyuntura, sea cual sea la situación económica, bien que crezca la actividad económica, bien que se reduzca, no habrá consignas de los bancos centrales que no sean las de reducir salarios, dejar que los más poderosos tengan cada vez más libertad en los mercados, reducir el gasto público, privatizar al máximo, aliviar la carga fiscal de los más ricos, reducir los gastos sociales, eliminar al máximo la protección de los trabajadores... ¡siempre lo mismo!

Los bancos centrales han conducido el vehículo de la economía que les ha correspondido sin espejo retrovisor, con una sola marcha, sin ser conscientes de los demás que circulaban a su alrededor, y lo que es peor, mirando siempre en la misma dirección con independencia de cuál era el camino y los vericuetos por donde iban transitando. Así hasta que nos han estrellado a todos y sin que hasta el último momento hayan sido capaces de detectar el más mínimo peligro, como si nada hubiera estado pasando.

Ahora vuelven con lo mismo. Como siempre, sea lo que sea que esté ocurriendo.
Aquí, como en otros sitios, una vez más el gobernador del Banco de España sale con lo de siempre. En román paladino, que hay echar aún más carga sobre los trabajadores.
Un Premio Nobel de Economía que no es nada sospechoso de izquierdismo, Robert Solow, decía días atrás que lo que España necesita no es flexibilizar los mercados laborales sino tecnología. ¡Es evidente!... salvo para el banco de España.

Sus sesudos y bien pagados economistas no pueden concluir otra cosa que no sea la de abaratar los costes del trabajo, la estrategia de competir como pobres y empobreciéndonos. Que es la situación a la que nos ha llevado, precisamente, la política que están logrando imponer desde hace años, para regusto de los grandes capitales que en España vienen haciendo el agosto sin que al Banco de España se le ocurra pensar que se genera así un modelo que es materialmente insostenible a medio plazo, si no incluso a corto.

Los bancos centrales se han convertido en instituciones empoderadas en el error, en un error que cuesta mucho sufrimiento social y grandes pérdidas económicas.

En lugar de dejarles pontificar libremente sin que nadie pueda osar criticarlos, los bancos centrales deberían empezar a estar sometidos a mucho mayor control.

Empezando, por ejemplo, por la publicidad de sus actas y terminando por ponerlos al servicio de las políticas definidas democráticamente y no de las que solo responden a las preferencias de los privilegiados que pueden influir en sus responsables. Y continuando incluso por el establecimiento de garantías para que sus gabinetes de estudio no sean simples manifestaciones del sectarismo ideológico, como sabe perfectamente que ocurre cualquiera que conozca sus entresijos; sencillamente, para que dentro de ellos hubiera pluralidad de pensamiento y responsabilidad ante el desacierto constante.

Antes de querer seguir siendo los brujos de la aldea, lo primero que tendrían que hacer los responsables de los bancos centrales es analizar críticamente lo que han venido diciendo hasta ahora y reconocer que sus teorías han fallado, que sus principios han resultado falsos y equivocados y que nada de lo que han venido diciendo que había que hacer y que se ha hecho ha logrado los objetivos que se decía perseguir.

¿Dónde está la estabilidad de los mercados, dónde el crecimiento sostenido, dónde las virtudes de lo privado y la inutilidad de los público?

La patética e impotente intervención masiva de los bancos centrales solo para echarle una mano más a quienes han desatado la crisis, poniendo a disposición de los bancos los recursos billonarios que en mucha menor cantidad han tratado siempre de evitar que se dirijan a proyectos y políticas sociales, ha sido la última puesta en escena de su perversa y lamentable trayectoria política e ideológica.

Los bancos centrales asustan. Pueden hacerlo. Disponen de mucho poder, del suyo propio y del que le prestan los que se benefician de los prejuicios ideológicos que logran que se pongan en práctica. Por eso hablan como hablan. Por eso pueden permitirse aparecer como si estuvieran por encima del bien y del mal, como técnicos asépticos a quien nadie puede llevar la contraria.

Frente a ellos, los gobiernos tienen la legitimidad del voto y no deberían renunciar a poner en marcha las políticas que prefieran las mayorías que los mantienen. Cuando se doblegan ante los santones de la religión liberal, como ha ocurrido tantas veces, perdemos todos.

Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada (Universidad de Sevilla). Su página web: http://www.juantorreslopez.com/    

 

 
 
 
Nacionalizaciones
 
Publico hoy un artículo en Sistema Digital sobre la posibilidad o conveniencia de llevar a cabo nacionalizaciones bancarias. Me parece que serán imprescindibles pero que no son lo suficiente. Lo transcribo a continuación.
"La nacionalización es la única respuesta. Estos bancos están, efectivamente, en bancarrota”. Son palabras del Premio Nobel Joseph Stiglitz. El periodista le pregunta "Los economistas Nouriel Roubini y Nassim Taleb, quienes predijeron el descenso de la economía global, han hecho un llamado para la nacionalización de los bancos a fin de detener la debacle económica, ¿Está usted de acuerdo?" y la contestación de Stiglitz no deja lugar a dudas: "Lo cierto es que los bancos están en muy mala situación. El gobierno de EE.UU. ha vertido cientos de miles de millones de dólares con muy pocos resultados. Los ciudadanos norteamericanos se han convertido en propietarios mayoritarios de un gran número de bancos importantes. Pero no tienen el control. Cualquier sistema que tenga una separación de la propiedad y el control es una receta para el desastre. La única respuesta es la nacionalización. Esos bancos ciertamente están en bancarrota".

Las autoridades no lo quieren decir pero lo que ocurre es eso: los bancos están en bancarrota y tratan de salir a hurtadillas de la situación con el dinero de los ciudadanos. Primero se fueron al casino con sus ahorros y ahora acuden a ellos para que le financien la fiesta.

Vivimos no solo la mayor debacle financiera de la historia sino también la desvergüenza económica más increíble: nunca en la historia tan pocos pretendieron quedarse, como ahora, con el dinero de tantos.

Los gobiernos y los bancos centrales no paran de ayudar a los bancos con la excusa de que el sistema bancario es imprescindible para que la economía funciones pero los bancos que las reciben no las usan para ejercer como financiadores de la actividad económica porque su agujero es mucho más que inmenso.

Los gobiernos y los bancos centrales no paran de ayudar a los bancos con la excusa de que el sistema bancario es imprescindible para que la economía funciones pero los bancos que las reciben no las usan para ejercer como financiadores de la actividad económica porque su agujero es mucho más que inmenso.

Los gobiernos y los bancos centrales no paran de ayudar a los bancos con la excusa de que el sistema bancario es imprescindible para que la economía funciones pero los bancos que las reciben no las usan para ejercer como financiadores de la actividad económica porque su agujero es mucho más que inmenso.

¿Siguen siendo, pues, imprescindibles estos bancos?
Por supuesto que no. Lo es el sistema financiero para cualquier economía pero los bancos dedicados a la especulación y a financiar el casino global son perfecta y deseablemente prescindibles.

Lo sí hay que hacer es salvar la financiación de la economía pero no al sistema financiero corrupto y a la banca irresponsable que ha hundido a la economía mundial que lo que hace es justamente lo contrario, que se paralice la actividad económica.

Lo sí hay que hacer es salvar la financiación de la economía pero no al sistema financiero corrupto y a la banca irresponsable que ha hundido a la economía mundial que lo que hace es justamente lo contrario, que se paralice la actividad económica.

Lo sí hay que hacer es salvar la financiación de la economía pero no al sistema financiero corrupto y a la banca irresponsable que ha hundido a la economía mundial que lo que hace es justamente lo contrario, que se paralice la actividad económica.

¿Pero cómo hacerlo?
Stiglitz viene a decir con razón que los bancos están ya nacionalizados de facto pero que el control sigue estando en manos de los irresponsables: un doble escándalo al que se debe poner fin y que no puede confundirse con lo que debiera ser la intervención adecuada de los estados.

La cuestión es compleja porque, por un lado, la nacionalización seguramente va a ser inevitable a medida que al agujero se vaya abriendo, como es de esperar que suceda. Pero, por otro, la mera nacionalización tampoco es una alternativa que resuelva todo por sí misma mientras no se modifiquen algunas cuestiones esenciales.

La cuestión es compleja porque, por un lado, la nacionalización seguramente va a ser inevitable a medida que al agujero se vaya abriendo, como es de esperar que suceda. Pero, por otro, la mera nacionalización tampoco es una alternativa que resuelva todo por sí misma mientras no se modifiquen algunas cuestiones esenciales.

La cuestión es compleja porque, por un lado, la nacionalización seguramente va a ser inevitable a medida que al agujero se vaya abriendo, como es de esperar que suceda. Pero, por otro, la mera nacionalización tampoco es una alternativa que resuelva todo por sí misma mientras no se modifiquen algunas cuestiones esenciales.

La primera de ellas, el modo de funcionamiento de la inversión financiera que se ha instituido en los últimos años contando, no lo olvidemos, con el visto bueno de gobiernos,  bancos centrales y organismos internacionales.
Si se quiere acabar con el cáncer que corroe a la economía mundial hay que terminar para siempre con la especulación financiera que detrae recursos de la actividad económica que crea riqueza y puestos de trabajo. Hay que poner fin a los paraísos fiscales, controlar los movimientos de capital  y establecer impuestos sobre las operaciones que no estén vinculadas con la economía real.

La segunda, el régimen en que se viene dando la actividad bancaria basada en una capacidad prácticamente ilimitada para crear dinero a través de procedimientos que son peligrosísimos para la estabilidad macroeconómica y para la propia solvencia del sistema financiero, tal y como estamos viendo.
Hay que ir restringiéndola hasta llegar a un sistema de plenas reservas. Le guste o no a los banqueros, esta crisis será el principio del fin de la banca que hemos conocido hasta ahora. No hay más remedio y el tiempo lo dirá.

La tercera cuestión a la que hay que hacer frente es al desgobierno mundial, o mejor dicho, al gobierno ejercido solamente por los poderes financieros. Es preciso crear instituciones mundiales representativas y democráticas para que los mecanismos nacionales se coordinen y la financiación fluya de modo eficiente. Las actuaciones que hoy día se lleven a cabo a nivel nacional, salvo en el caso de Estados Unidos y en menor medida la Unión Europea que pueden externalizar sus costes, están condenadas al fracaso si no se dispone de esa coordinación global.
Y, por supuesto, hay que cambiar la orientación de las políticas económicas que han traído consigo una desigualdad creciente que está en la raíz de los problemas financieros de nuestros días.

Se está ocultando obcecadamente que la causa última de la crisis es la acumulación extraordinaria de beneficios en manos de los grupos sociales más ricos que se produce lógicamente a costa de las rentas más bajas.
El ex Secretario de Trabajo de Clinton, Robert Reich, lo recordaba hace unos días en un artículo: la fracción del crecimiento de las rentas que se apropia el 1% más rico pasó de ser el 45% en la etapa de Clinton al 73% en la de Bush. Y al mismo tiempo señalaba que no podía ser una simple casualidad que esta concentración haya llegado a ser tan grande como la que había en 1928.

Para combatir de raíz la crisis es necesario incrementar la capacidad potencial de crecimiento sostenible, lo que no debe entenderse como el aumento de la producción de "males" que hoy día predomina sino en el sentido de ampliar la gama de fuentes de satisfacción humana, una idea, por tanto, que no solo no es incompatible con las tesis del decrecimiento sino que las refuerza aunque se exprese de otro modo. Para lo cual resulta imprescindible que se asuma un cambio radical en la pauta de distribución y que se acepten principios de equidad que hoy día rechazan los poderosos y que son radicalmente incompatibles con las rebajas fiscales o la eliminación de impuestos que se vienen realizando.

En consecuencia, nacionalizar los bancos manteniendo la misma lógica financiera hasta ahora existente no resolverá muchas cosas porque ni siquiera así se garantiza que los bancos nacionalizados puedan actuar a medio plazo en un sentido diferente a como lo hacen ahora. Ya lo hemos visto claramente en el caso de las cajas de ahorros españolas. Se trata, ciertamente, de una medida de urgencia, que evitará nuevos desmanes a corto plazo y que al menos garantiza que los ciudadanos sean dueños de aquello que efectivamente se capitaliza con sus recursos. Pero no mucho más, aunque no sea poco.

Lo que se necesita no es solo pasar la porquería bancaria a manos del estado, ni crear el "banco malo" del que se habla (una idea sencillamente utópica cuando se está estimando que solo en la Unión Europea se pueden haber acumulado 18 billones de euros en productos financieros tóxicos). Lo que se necesita es un espacio financiero de nuevo tipo, con una banca, que puede ser incluso pública o privada pero comprometida realmente con la inversión real y con la puesta en marcha de otro tipo de políticas económicas y, sobre todo, con un control social mucho más democrático y efectivo que el que hasta ahora se ha realizado incluso en el propio sector público.

Respecto a España, es pronto para saber si a corto plazo habrá algunos bancos en la misma situación que los de los demás países con bancarrota bancaria. La situación de alguna caja de ahorros ya ha obligado a iniciar un proceso de fusión acelerado y acabamos de asistir al primer "corralito" protagonizado por la banca privada del Banco de Santander.
Dada la morosidad que se va incrementando, la deuda inmobiliaria que pesa sobre muchos de ellos y los efectos de la crisis global que aún no se han manifestado en toda su extensión no se puede descartar nada.
Pero en el caso de las cajas de ahorro se estaría a tiempo de modificar la deriva en la que han ido en los últimos años. Deberían pasar a ser la base de ese nuevo espacio o polo financiero de nuevo tipo y cuanto más se tarde en cambiar de rumbo más difícil será llegar a buen puerto.
Respecto a España, es pronto para saber si a corto plazo habrá algunos bancos en la misma situación que los de los demás países con bancarrota bancaria. La situación de alguna caja de ahorros ya ha obligado a iniciar un proceso de fusión acelerado y acabamos de asistir al primer "corralito" protagonizado por la banca privada del Banco de Santander. Dada la morosidad que se va incrementando, la deuda inmobiliaria que pesa sobre muchos de ellos y los efectos de la crisis global que aún no se han manifestado en toda su extensión no se puede descartar nada. Pero en el caso de las cajas de ahorro se estaría a tiempo de modificar la deriva en la que han ido en los últimos años. Deberían pasar a ser la base de ese nuevo espacio o polo financiero de nuevo tipo y cuanto más se tarde en cambiar de rumbo más difícil será llegar a buen puerto.
 

Juan Torres López, Consejo Científico de Attac, El Plural y Sistema Digital

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