15M… dos años después

7 junio 2013 | Categorías: Nacional, Portada
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Liliana Pineda || Activista || miembro de Attac Madrid

Ilustraciones || Octavio Colis

Más que otra cosa el 15M ha sido y es un fenómeno social en el que se refleja y se expresa el malestar actual de la sociedad en su conjunto y su aspiración o empeño evidente y obstinado por transformar la realidad. Un fenómeno social que desde el principio se fue convirtiendo rápidamente en movimiento, con acciones, manifestaciones e iniciativas surgidas de propuestas gestadas más o menos horizontalmente, con la incidencia constante e inevitable de muchas organizaciones pretendidamente afines, y las múltiples elaboraciones asamblearias que lo definen: Acampada Sol; las de ciudades, pueblos y barrios; Comisiones de Trabajo (Legal, Difusión en red, Audiovisol…); o las de grupos como Economía, Política, Vivienda, Educación, Sanidad, Tribunal Ciudadano de Justicia, Solfónica, Marea Azul… en distintos momentos y lugares; y otras que se pueden encontrar en tomalaplaza.net

La percepción de la falta de democracia, de la corrupción de los políticos y el papel depredador del sistema financiero, incluso la manera de concebir el mundo y sus posibilidades de transformación, tienen para buena parte de la población un antes y un después del 15M, y es sustancial su influencia política y cultural en el despertar de muchas conciencias, en la amplificación de la indignación, y en la gestación de la rebeldía. Sus consignas y formas de organizar la protesta han influido en mayor o menor medida en sindicatos, partidos y en otros movimientos sociales, “de norte a sur de este a oeste”, de manera incuestionable. Por eso no es de extrañar las altas cotas de simpatía que aún mantiene entre los ciudadanos y la alta aceptación de sus demandas y, por eso mismo, no debiera sorprender que el 15M no se haya convertido en organización política, con un programa electoral al uso… En realidad, lo sorprendente y chocante hubiese sido precisamente lo contrario, como así lo demuestra la reiterada y engañosa “primicia” que se publica periódicamente: que el 15M se convierte en “partido”.

Sus consignas y formas de organizar la protesta han influido en mayor o menor medida en sindicatos, partidos y en otros movimientos sociales, “de norte a sur de este a oeste”, de manera incuestionable

Herederos, como somos, de esa visión del mundo en el que las revoluciones “deben” producirse en diez días, dos años saben a mucho tiempo y a la vez a muy poco, teniendo en cuenta el impacto y los resultados obtenidos: la movilización y la acción en las calles, el grito de insatisfacción de necesidades esenciales: vivienda, educación, sanidad, etc… que en nuestra sociedad se puede cuantificar y atribuir a un número millonario de personas sin empleo, sin ingresos y sin horizonte de futuro. Pero lo cierto es que, aunque los estallidos sociales de carácter trasformador o revolucionario se suelen producir en cuatro noches, los cambios reales de sistema sólo se consolidan en años, y aún así todo lo conseguido puede perderse en otro estallido social contrarrevolucionario que nos devuelva y sitúe de nuevo atrás… muy atrás.

Transformar al 15M en una organización al uso requeriría un esfuerzo titánico, seguramente inútil, y muchísimo tiempo, tiempo que no hemos tenido, ni tendremos probablemente, para el movimiento en general, aunque sí para las tareas aparentemente más pequeñas. De ahí que quienes emprenden acciones concretas pretendan transformarlas lógicamente en espacios más organizados con vocación de permanencia y coherencia intrínseca, un poco a imagen y semejanza de lo que conocen y practican o han observado e imitan. Y también es lógico que cara a unas próximas elecciones surjan todo tipo de iniciativas políticas que quieran dar concreción a la relativa infinitud de propuestas y acciones vertidas en las asambleas durante todos estos meses.

Asamblea de Malasaña © Octavio Colis

Ágoras, asambleas, plataformas, mareas… tanto el 15M como las innumerables expresiones de protesta y cerco al poder institucional que se han potenciado desde su nacimiento o que han surgido de sus entrañas nos demuestran una semana sí y otra también, que no será posible someter a este pueblo y estrangularlo o retorcerlo hasta sacarle el aliento, y que de alguna forma, contra viento y marea, son muchas las personas que aún siguen palpitando, latiendo, trepidando al ritmo de la movilización. Por otra parte, su presencia obstinada en calles, plazas, parques, foros, ocupaciones, desahucios, escraches… desautoriza y contradice a todos aquellos que desde el principio, y aún desde la izquierda, han deseado y vaticinado su desaparición por considerarlo insuficientemente definido, o se han enfadado por su talante irreverente y crítica persistente a la política de salón. No hay que enfadarse, irritarse o estrellarse contra lo que se mueve a favor de todos, pudiendo participar en ello con generosidad, ya sea marchando a su lado o bien abriendo camino, sin intentar fagocitarlo o instrumentalizarlo, o convertirlo en un partido político o transformarlo en caladero de votos… Desde luego no iremos tan rápido como si fuéramos solos, entre amigos o afines, pero es lo que tiene esto de ser gregarios y vivir en una sopa cuántica a la que cada cual añade un ingrediente nuevo y todo se relaciona y se toca.

No es de extrañar las altas cotas de simpatía que aún mantiene entre los ciudadanos y la alta aceptación de sus demandas y, por eso mismo, no debiera sorprender que el 15M no se haya convertido en organización política, con un programa electoral al uso

Además, no es contradictorio con el hecho de ir al mismo tiempo planeando alternativas por ese sendero que va de la indignación impaciente a la cada vez más necesaria y urgente rebelión, en la que el movimiento social es tan decisivo y necesario como las propias organizaciones que en otros ámbitos, o paralelamente, luchan por la democracia y conciben un cambio revolucionario en la forma de gestionar nuestros asuntos que garantice, asimismo, la recuperación de los bienes comunes.

 

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

 

 

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