¿QUÉ QUIERE DECIR RAJOY CUANDO HABLA DE PACIENCIA?

17 mayo 2013 | Categorías: Educación, Nacional, Portada

Francisco Altemir, Attac Madrid

 

Desde el fondo de ti, y arrodillado,

Un niño triste, como yo, nos mira.

Pablo Neruda

 

Se le nota a Rajoy que no ha olvidado los consejos que le daba su preparador para las oposiciones a registrador pues  las repite constantemente: perseverancia y paciencia. Que las iniciales coincidan con las siglas de su partido político parece una premonición pero lo que es una realidad es que, con esas “virtudes”, el obediente opositor  llegó a registrador para convertirse, con el tiempo, en presidente del gobierno de España. Por eso nos recomienda que seamos pacientes (más bien enfermos) de la dura enfermedad que nos ha inoculado mediante la austeridad, recomendada por algunos economistas ineptos y descerebrados, como me comenta todos los días mi panadera cuando ve que aumenta la ingesta de pan mientras cierran otras tiendas por esa enfermedad que elimina el consumo.

Me permito dudar acerca de la extendida creencia de que la obediencia, la paciencia y la perseverancia sean “virtudes”. Mas bien opino que son antivalores que nos han inoculado para que seamos mansos, dóciles y sumisos.

La educación debería buscar, ante todo, liberar al hombre de los prejuicios y del pensamiento único y permitir resistir a la presión que ejercen las fuerzas del estado y de la sociedad por medio de la publicidad y la propaganda. Esa liberación supone además no estar encadenado y atado a sensaciones internas como el ansia de poder o de poseer, ni esclavos del odio o de la ira, de la suerte o de la fortuna, de la gloria o de la distinción social.  Para conseguirlo el hombre debe encontrarse a sí mismo por lo que debe ir a contracorriente con lo que eso significa de autoexclusión. Pero al poder le interesan  los ciudadanos moldeados, disciplinados, reprimidos, dóciles y temerosos de la crítica y que no piensen. Los ejércitos saben muy bien como entrenar a los soldados. Se empieza por la llamada instrucción obedeciendo como autómatas a la orden: ¡ar!. El adiestramiento se acentúa en las llamadas fuerzas o comandos especiales que no pueden pensar ante el enemigo, tienen que actuar con eficacia para eliminarle. Pasa lo mismo con los deportistas de elite. Nadal no puede pensar, tiene que responder como un autómata a la bola envenenada del contrario. Lo ha ensayado miles de veces. Aplaudimos su rapidez de reflejos y su “no pensamiento”.

La historia de la humanidad es la de una batalla continua con los que niegan al hombre la posibilidad de liberarse mediante su esfuerzo de superación. Niegan al hombre esa posibilidad apelando a intereses superiores a los que hay que someterse. Por el otro lado nos encontramos a los que persiguen ese ideal y que nos han dejado su testimonio desde Buda a Jesús de Nazaret y otras grandes figuras de la humanidad como Gandhi o Martin Luther King.

Por todas partes existen hombres que no aceptan ninguna de las múltiples formas de barbarie contemporánea, que no dimiten de sí mismos y rechazan las múltiples formas de sumisión que les ofrecen, que consideran el castigo como una forma de odio, que la libertad derrota a la ignorancia y, por contraposición, que la búsqueda de la verdad nos hará libres.

 El filósofo Augusto Klappenbach (Buenos Aires, 1938)  acaba de publicar Memoria de la Filosofía. Reflexiones de un búho en el que afirma: “La nueva política educativa parece buscar formar generaciones dóciles que no se planteen excesivos problemas”.

Un filósofo español, Antonio Campillo, escribe en El País (13-4-2013): “Pero, en las tres últimas décadas, hemos asistido a la gran ofensiva del capitalismo neoliberal, que pretende desmantelar una a una todas las conquistas civilizatorias conseguidas en Occidente y en el resto del mundo […] Hoy estamos viviendo un nuevo retorno de la barbarie, pero la amenaza no viene ya de tal o cual Estado totalitario, sino de un capitalismo depredador, desregulado y globalizado. No solo estamos viviendo la más grave crisis económica y social desde la década de 1930, sino también una crisis ecológica global, una crisis de legitimidad de la democracia parlamentaria y una crisis civilizatoria que afecta al conjunto del pensamiento occidental”.  Campillo termina su artículo proclamando la necesidad del estudio de la Filosofía para que el hombre sea dueño de sus pensamientos: “La humanidad se enfrenta hoy a retos inmensos que ponen en riesgo la vida, la libertad, la convivencia y la supervivencia misma de millones de seres humanos. Pero carecemos de una “razón común” que nos permita afrontarlos. Vivimos una globalización de facto, pero no de iure. Por eso, hemos de repensar la relación entre ethos, polis y kosmos, para adecuarlas a las condiciones de una sociedad global cada vez más compleja, interdependiente e incierta”.

En el mismo periódico el escritor Jordi Soler compara la educación francesa, gratuita, pública, laica y desligada de la Iglesia desde su origen en tiempos de Napoleón con la española siempre dominada por la Iglesia: “La educación tiene que ser plural, debe promover la libertad de pensamiento, ser neutral frente a las religiones y dotar al alumno del equipaje intelectual que necesita para reflexionar en libertad y llegar a sus propias conclusiones […] A juzgar por lo que ha producido en uno y otro país el sistema educativo, convendría empezar a cuantificar, de manera constructiva, todo lo que se ha perdido aquí durante estos siglos de educación mangoneada por la Iglesia, y la manera en que esta pérdida ha terminado conformando al país; porque, por echar mano de un ejemplo de rabiosa actualidad, la corrupción esperpéntica que últimamente llena páginas de periódicos y noticiarios, y la tolerancia abúlica con que el ciudadano común la enfrenta, están directamente relacionadas con nuestro sistema educativo.”

 

“SI  NO  OS  HACÉIS  COMO  NIÑOS…”

“Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18, 3). Los niños tienen, naturalmente, el deseo de saber, su curiosidad no tiene límites, se pasan horas dejando caer objetos al descubrir, inocentemente, la ley de la gravedad, lo tocan todo, destrozan los juguetes llevados por su afán investigador, hacen realidad la frase de Aristóteles de que el hombre tiene deseos de saber. En este país nuestro, único que conozco desde el punto de vista educativo, llega un momento en el que los niños pierden su curiosidad innata, se produce un punto de inflexión en su “educación”, se amoldan a la presión educativa y son ahormados y domesticados por el sistema. De su rebeldía inicial pasan a la obediencia debida, pierden espontaneidad y curiosidad, limitándose a cumplir con sus deberes, con lo que se espera de ellos. Algo falla en la educación que impide llegar a ser uno mismo, que impide alcanzar la coherencia interna. Jordi Soler lo achaca a la influencia secular de la Iglesia española en la educación, afirmación cierta si consideramos que no existen diferencias entre los niños franceses y españoles al principio de sus vidas y la única diferencia estriba en la educación recibida: para la libertad de pensamiento o para la obediencia Una educación represora que no acepta comportamientos naturales produce seres que no se aceptarán a sí mismos (perdiendo, por tanto, el reino de los cielos). No aceptarán a los demás, serán egoístas en lugar de solidarios, individualistas en lugar de cooperadores. Es un tema para que lo estudien psicólogos y pedagogos.

 

EL  PALO  Y  LA  ZANAHORIA

Desde la más tierna infancia los niños están sujetos a una disciplina de forma que al llegar a la edad adulta obedecerán ciegamente a los superiores y podrán ser brutales con los de abajo. Se les ha corrompido interiormente por el deseo del premio, el paraíso,  y del temor al castigo, el infierno. La tiranía consiste en erradicar del hombre la capacidad de pensar sustituyéndola por el acatamiento de verdades absolutas o dogmas. La Iglesia no es fiel a su fundador quien, preguntado por Pilato: “¿Qué es la verdad?” (Jn, 18,38), se mantiene en un silencio elocuente porque la verdad absoluta no existe, hay que buscarla permanentemente como proponía Antonio Machado. Lo más fácil es adaptarse a ideas preexistentes pues pensar libremente produce miedo y pereza.  De esta forma los hombres y mujeres europeos están dispuestos actualmente a tolerar lo intolerable. La solidaridad es la única razón para poder tolerar el estado de TERROR  y  de  SHOCK  a que nos tiene sometidos el capitalismo salvaje que domina por encima de gobiernos corrompidos por exceso de poder y la corrupción de la obediencia ciega, pasiva e irresponsable.

Es necesaria una REFORMA  RADICAL  de la sociedad para lo que habrá que erradicar la pereza y el miedo así como la tentación perenne de ser como los poderosos pasando a engrosar sus filas.

Los psicólogos afirman que todos llevamos dentro el niño que un día fuimos y que se manifiesta sobre todo en las relaciones con el poder y con la autoridad. Reaccionamos ante el poder de la misma forma que lo hacíamos cuando se nos trataba de “educar” mediante la disciplina o la coacción. Es el niño triste y arrodillado del que habla Neruda y al que debemos despertar y alegrar mediante la esperanza y la ilusión y para que resucite el niño anterior que  hay dentro de nosotros. Un niño: rebelde, curioso, valiente, sin prejuicios. Es lo que buscaba Miguel de Unamuno ante un Cristo yacente: “Este Cristo, inmortal como la muerte, no resucita. ¿Para qué? No espera sino la muerte misma […] Porque este Cristo de mi tierra es tierra.” Era enemigo de la falsa religiosidad, de la hipocresía, del fervor por un hombre muerto y de la huída ante el  Resucitado, rebelde y capaz de empuñar un látigo.

Desgraciadamente esa rebeldía la hacen patente los poderosos cuando se niegan a respetar las normas que se ha dado la comunidad para una correcta convivencia. Se niegan a tributar lo que les corresponde, bien “optimizando” sus declaraciones, bien llevándose el dinero a paraísos fiscales. Son tan “liberales” que no aceptan ninguna norma democrática que trate de proteger a los más débiles, “a esos que los j…”, como dijo una ilustre diputada. Se hace patente cuando conducen sus potentes automóviles, o borrachos o a velocidad excesiva. También la hacen patente los ancianos achacosos, que bien cansados de la vida o despreciando las normas, cruzan andando espaciosas  avenidas eludiendo los pasos de peatones. Este es un espectáculo que observo todos los días, cruzan agachando la cabeza para que no les vean y sabiendo que cometen una transgresión. Es patético.

EL  NIÑO  REBELDE

Ese es el niño que debemos despertar en los millones de humanos que habitan el Planeta para sacudirnos el yugo de la esclavitud, buscar la verdad y conseguir  la libertad. Todos juntos y codo con codo.

 

Madrid, mayo de 2013

Francisco Altemir, Attac Madrid

 

Poema de Miguel de Unamuno en la voz de Fernando Fernán Gómez:

http://palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz.php&wid=898&t=El%20Cristo%20yacente%20de%20Santa%20Clara%20(Iglesia%20de%20la%20Cruz)%20de%20Palencia&p=Miguel%20de%20Unamuno&o=Fernando%20Fern%E1n%20G%F3mez

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

 

 

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