¡DIOS, QUÉ BUEN VASALLO SI HUBIESE BUEN SEÑOR!

23 marzo 2013 | Categorías: Nacional, Opinión
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El ciego sol, la sed y la fatiga.

Por la terrible estepa castellana,

 al destierro con doce de los suyos,

 polvo, sudor y hierro, el Cid cabalga.

M. Machado

Francisco Altemir, Attac Madrid

 

EL CID

La historia del Cid Campeador es conocida gracias a los romances y al Poema del Mío Cid estudiado por Menéndez Pidal. Sabemos que se ganó la antipatía del rey Alfonso VI por haberle hecho jurar en Santa Gadea que no había intervenido en la muerte de su hermano Sancho, lo que a la postre supuso su destierro de las tierras castellanas. El pueblo llano se puso de su parte y en contra del rey, de ahí el lamento: ¡Dios, qué buen vasallo si hubiese buen señor!

Javier Marías se extrañaba (EPS, 9-3-2013) de las sorprendentes declaraciones de Antonio Muñoz Molina afirmando que España carece de intelectuales comprometidos y apuntándose al tópico dominante de su “silencio“. Marías cita a algunos pero echo en falta a José Luis Sampedro, Ignacio Ramonet, Federico Mayor Zaragoza, Rosa Regàs y otros muchos más que tengo no solamente en mi cabeza sino en mi corazón y que llevan decenios denunciando la dictadura de los mercados. Algunos han fallecido, José Saramago, José Vidal Beneyto o Ramón Fernández Durán pero su ejemplo y rebeldía continúan sirviéndonos de acicate. Puede que los medios de “comunicación” o de “silenciamiento” hayan ignorado a muchos otros, no en vano pertenecen al sistema y perviven gracias a los anuncios, pero haber intelectuales comprometidos, haylos, como las meigas.

Esto me recuerda una controversia que mantuve en 1995 con Antonio Papell en la revista Cauce de los ingenieros de caminos: “una sociedad desarbolada moralmente, propensa a la pequeña corrupción, ávida de enriquecerse por cualquier medio, engendra una clase dirigente que no tiene empacho en hacer lo propio” Continúa Papell escandalizándose de que haya personas que pretendan regenerar la política cuando son ellos mismos los que carecen de ética o de escrúpulos. No existía liderazgo y los intelectuales callaban. Era todavía la etapa socialista, la última de Felipe González con tres millones de parados. Termina su artículo: “¿dónde están la ilusión y la utopía de las muchedumbres?”

Estando de acuerdo con su pregunta final discrepo totalmente de su tesis de que tenemos los dirigentes políticos que nos merecemos. Creo que no nos merecemos ninguno de los dirigentes de cualquier tipo que tenemos, creo que el pueblo llano y sencillo, el que sufre, el que carece de futuro, el que no tiene expectativas, el que sale a diario para manifestar su repudio al Sistema es bastante mejor que las elites dirigentes.

 

LO  EJEMPLAR

Hace muchos siglos los latinos decían, y no me canso de repetirlo una y otra vez: “verba docent, exempla trahunt”. (Las palabras enseñan, los ejemplos arrastran). El niño va aprendiendo viendo y oyendo a sus mayores. Las vidas de los héroes en los poemas de Homero son un primer ejemplo a seguir. Los poemas no constituyen un catálogo de normas a seguir, hacen patentes una serie de cualidades: valentía, amistad, compañerismo, prudencia etc que se van interiorizando poco a poco. Surgen anhelos de grandeza, de heroísmo de inmortalidad…Se aprende por contacto, por ósmosis venía a decir Ortega. En El Espectador (1927) hablaba de la degradación de la palabra criado que había perdido su significado originario. Antes se era criado por alguien, ahora se es criado de alguien. Las madres amamantan o crían a sus hijos. Ahora ser criado indica que se está a servicio de otra persona mediante estipendio; es, podríamos decir, una profesión inferior.

Ortega nos habla del vasallaje natural existente en la Edad Media. “El vasallo natural no podrá nunca, salvo caso de felonía, abandonar a su señor. Éste solía distinguir a algunos de sus vasallos naturales tomando sus hijos desde tierna infancia en su casa y familia. Allí recibían educación […] El señor los criaba; es decir los educaba,  saturándoles de la tradición moral que largamente se había formado en su hogar. […] El uso normal establecía que cada noble enviase a sus hijos, para ser criados, a casa de su señor inmediato.”  Era una educación por contagio en la que el ejemplo era fundamental.

En literatura surgen los Libros de Caballerías en los que los héroes tienen una serie de cualidades a imitar: valientes, generosos, “desfacedores de entuertos”. Son los que inspiran a Miguel de Cervantes su inmortal D. Quijote.

 

LA  EJEMPLARIDAD  HOY

Las vidas de los “famosos” que salen en prensa o televisión no son precisamente un ejemplo a seguir. A las sociedades mercantiles lo único que les interesa es vender. El fenómeno de Jordi Évole es un caso aparte así como el de  El Roto,  cada una de sus viñetas vale por un sesudo editorial. Los demás son ninguneados y su valor ejemplarizante ignorado; si alguna vez molesta su voz  se escarba en su pasado para anularlo. En último caso se exilian como El Cid, el Sistema no admite discrepantes en su seno.

Ahora priman “otros valores”. Permítanme que cuente una historia:

“Hace unos cincuenta años paseaba Enrique K. por el Paseo de la  Castellana cuando no circulaban apenas coches y el aire era respirable. Llevaba de la mano a su hijo Enriquito, Tito; de siete años.- Dime Tito, tú de mayor ¿qué quieres ser? – ¿Yo, papá?- Si, tu.- Pues yo de mayor quiero ser cabrón- Pero Tito, ¿qué dices? ¿quién te ha enseñado eso?- Pues tú papa… cada vez que pasa un señor con una rubia estupenda dices: ¡jo, qué cabrón! Si lleva un Mercedes dices: ¡Jo, qué cabrón!  ¡Yo quiero ser cabrón, papá!!

Tito ha trabajado, ha amasado una fortuna, se ha divorciado tres veces y se ha vuelto a casar. Tiene siete hijos de diferentes esposas, uno murió por sobredosis, otro es alcohólico. De vez en cuando reúne a todos en su mansión de 3.000 metros cuadrados en la zona de Las Rozas. Ha perdido la  ilusión ahogada en sus millones. Ha dejado muchos cadáveres en su vida; de vez en cuando los recuerda, pero se toma una ginebra y a pensar en el mañana.

En el caso de corrupción más sonado de nuestra historia reciente el supuesto delincuente, Luis Bárcenas, es conocido por sus compinches, en los papeles que han trascendido, como: L.B. el cabrón.

Los mandamases actuales no conocen el antiguo refrán chino: “Quien cabalga a lomos del tigre ya no puede descender”

Madrid, 15 de marzo de 2013

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

 

 

 

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