Eurovegas, el fracaso de una nación

14 febrero 2013 | Categorías: Eurovegas, Nacional
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Carlos Sánchez

 

España quería ser la California de Europa y al final va camino de convertirse en Florida. O ni siquiera eso: amenaza con competir con el Estado de Nevada, donde se localiza Las Vegas y apenas se pagan impuestos. Un territorio hostil donde los haya (en medio de un desierto y con temperaturas extremas) que, curiosamente, formaba parte hasta 1821 del virreinato de Nueva España (México). No es ni bueno ni malo. Es, simplemente, la constatación de un fracaso colectivo. Como se ve, la historia sigue siendo circular.

España no ha podido (ni ha sabido) incorporarse a las naciones con modelos productivos de alto valor añadido y elevada productividad, y eso obliga ahora a las administraciones públicas a abrazar cualquier proyecto empresarial con capacidad para generar puestos de trabajo a corto plazo. Y es indudable que el mundo de los casinos y de los centros de convenciones -en realidad el meollo del asunto- esintensivo en utilización de mano de obra.Ninguna administración en su sano juicio -no sólo Madrid- hubiera rechazado una inversión de este calibre. Sobre todo con seis millones de parados. La implantación de Eurovegas en España es, por lo tanto, un acto de coherencia económica en relación el país que entre todos hemos construido. Y no luchar por lograr esa inversión sería, casi, casi, un acto de prevaricación en el actual contexto económico.

¿Quiere decir esto que Eurovegas es la solución? En absoluto, lo que pone en evidencia es que España no da para más. Incapaz de generar puestos de trabajo en la industria vinculados al  conocimiento y a la innovación, ha optado por lo más fácil y políticamente más rentable. Ha preferido  volver al ladrillo y al empleo de baja cualificación (por eso Adelson comprará más hectáreas de las que en realidad necesita para sus centros de ocio). Sólo el movimiento de tierras generará un buen número de puestos de trabajo.

Eurovegas, o mejor dicho, lo que representa, es, sin embargo, una mala idea. Supone una apuesta decidida -se verá si definitiva-  en el camino hacia un patrón de crecimiento articulado en torno a los servicios, incompatible con lo que se pregona para salir del atolladero: las exportaciones. Básicamente por una razón: generará un modelo basado en empleos de bajo valor añadido y peor calidad, donde el factor trabajo es simplemente competitivo en razón a su coste, no por su capacidad de generación de riqueza.

Un modelo de crecimiento

No estamos ante una inversión más de una empresa privada más. El proyecto Eurovegas, por sus dimensiones, representa el triunfo de un modelo de crecimiento -sin duda que derivado de la fuerza de los hechos- que, necesariamente, contaminará al resto de actividades productivas.Algo parecido sucedió cuando los ingenierosSubercasse y Santa Cruz se decantaron en 1844 por un ancho de vía ferroviaria (seis pies castellanos) distinto al que se utilizó en la inmensa mayoría de los países europeos, dando lugar a lo que de forma magistral el profesor Tortella denominó unos “Pirineos suplementarios”. Ambos ingenieros justificaron su apuesta porque ladura orografía española obligaba a disponer de máquinas más potentes para atravesar la península, pero ese ancho de vía (1,67 metros frente a 1,44 metros que comenzaba a imponerse en Europa) determinó en buena medida el desarrollo económico español durante la segunda mitad del siglo XIX y el XX. Y llegó incluso a tener consecuencias políticas y sociales en términos de aislamiento.

Eurovegas, por lo tanto, es mucho más que un proyecto. Es -como el ancho de vía- una opción que generaráexternalidades negativas en el conjunto de la región, donde la industria tenderá a especializarse en atender la demanda local, despreciando el valor de las exportaciones o de la internacionalización de la economía.

Su impacto sobre el territorio será tan grande que afectará, además, al sistema educativo. Los jóvenes tenderán a buscar empleo sin agotar su proceso de formación Exactamente igual que sucedió en los años del boom inmobiliario, culpable en buena medida del abandono escolar. Como con buen criterio le gusta decir al ministro De Guindos, “detrás de los seis millones de parados está el 55% de paro juvenil”.

No es, desde luego, un asunto menor. Como señala este estudio editado por el Ministerio de Industria, aproximadamente el 40% de la investigación realizada a nivel nacional por organismos públicos se realiza en la Comunidad de Madrid

Externalidades negativas

El proyecto, por lo tanto tiene un elevado coste de oportunidad que hoy no se mide para gloria de quienes lo impulsan, pero que a larga pagará la economía española por especializarse en un modelo productivo de poco valor añadido y con un fuerte componente cíclico (vinculado al consumo). Y ello sin contar con otras externalidades negativas cuyo coste correrá cargo de las administraciones públicas: infraestructuras viarias y de ferrocarril, policía y seguridad, centros de atención sanitaria, reforzamiento del tratamiento de ludopatías o servicios de bomberos, además del efecto medioambiental sobre la zona.

Eurovegas por lo tanto, supone la renuncia a imponer nuestro propio patrón de crecimiento, al contrario de lo que hicieron otras naciones que ahora se miran con envidia. Es el caso de Alemania.

Como se sabe, Alemania llegó tarde a la revolución industrial, pero sus gobernantes pudieron aprovecharse de la experiencia de Inglaterra.  Pero en lugar de intentar competir con las universidades británicas de élite -un objetivo inalcanzable en aquella época- lo que hizo Alemania en la segunda parte del siglo XIX fue construir una red de enseñanza secundaria que todavía hoy es imbatible. Es decir, que desde un nacionalismo fuerte -en el sentido no excluyente del término- la competencia fue dirigida hacia el exterior -justo lo que España necesita ahora-; mientras que en el interior las ventajas de la cooperación entre los agentes económicos fue la norma, lo que fue posible gracias a la lealtad germana hacia el Estado. De esta manera, nació una burocracia honesta y competente sin la cual el desarrollo de la economía alemana no hubiese sido lo que es hoy.

El diseño de una política industrial propia no tiene nada vez que con la recuperación de rancios nacionalismos económicos. Al contrario, hay que vincularlo a la puesta en marcha de políticas que suplen los fallos del mercado. Y aunque es verdad que cada día las fronteras entre industria y sector servicios son más difusas debido al desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación, hay que partir del reducido peso de las actividades industriales en la economía española quelastran el crecimiento, con sus letales efectos sobre el comercio exterior.

El gran drama de la economía española en este últimos 15 o 20 años ha sido, de hecho, no haber sabido beneficiarse de la eclosión de las economías emergentes, lo que determina nuestra tasa de paro. Al contrario, aún hoy, el 64,7% de las exportaciones se destinan la Unión Europea, mientras que apenas el 11% tienen como dirección las regiones más dinámicas del planeta: Asia y Latinoamérica.  Y ni que decir tiene que los servicios (turismo, centros de convención o casinos) no son ‘exportables’.

Sólo hay que comprobar que dos de las tres regiones de España en la que más pesa más el turismo (Canarias y Andalucía) -la otra es Extremadura- son las que registran la tasa de paro más elevada. Mientras que, por el contrario, las más industrializadas(País Vasco o Navarra) tienen una tasa de desempleo muy inferior a la media, y no sólo por razones fiscales. Los bienes comercializables en el exterior, son, por lo tanto, generadores de empleo, como bien ha demostrado esta crisis.

Un país que ha perdido en los últimos años caso 30.000 empresas industriales tiene un problema. Y la solución no pasa, precisamente, por Mr. Adelson. Aunque es probable que con seis millones de parados no haya mucho donde elegir. Y legislar ad hoc, como hace el Gobierno de la Comunidad de Madrid, como certeramentedenunció el gran McCoy, no es más que el reconocimiento de un fracaso colectivo. El país no da para más. También como diría McCoy, España vuelve a enfrentarse al peor de los dilemas: honra sin barcos o barcos sin honra. Ese es el problema.

El confidencial

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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