POR UNA BANCA PÚBLICA

Carlos Sánchez Mato.  Miembro de la Plataforma por una Banca Pública y de Attac  Madrid.

 

Se cumplen cinco años desde que el sistema bancario de varios países europeos y de Estados Unidos tuvo que recibir un histórico rescate que se articuló con fondos públicos para evitar la debacle del sistema financiero.
Resulta paradójico que en España el proceso esté todavía en su fase inicial aunque explicable no por la inexistencia de un grave problema de solvencia sino por la incapacidad política de reconocer el mismo.
Se está realizando una enorme transferencia de dinero público a las arcas de los bancos y esa actuación contribuye a que se nos impongan más recortes del gasto social. Uno de cada tres euros de incremento de la deuda pública es a causa del respaldo a la banca y, con el nuevo rescate, esa cantidad seguirá creciendo. El resultado es que las deudas de las entidades financieras las acabamos pagando las familias trabajadoras en recortes en sanidad, educación, dependencia y todo tipo de servicios públicos, además de sufrir cada vez más paro y una mayor explotación en los puestos de trabajo.
En conjunto, se está produciendo una brutal transferencia de renta de los asalariados y capas más humildes de la sociedad a las más ricas, con un crecimiento brutal de las desigualdades que está llevando a la mayoría a sufrir unas condiciones de vida y de trabajo cada vez peores, y una total falta de expectativas de futuro.

Diagnóstico del sector bancario:

¿Por qué tienen problemas las entidades financieras?
Las entidades financieras son sociedades enormemente endeudadas (a ese
fenómeno se le llama también apalancamiento).
Con un patrimonio neto muy reducido multiplican sus activos fundamentalmente créditos).
Esa es la clave que les permite obtener beneficios nominal y porcentualmente muy elevados con poco capital.
Como vemos en el gráfico siguiente, las entidades financieras españolas tienen unos activos casi 21 veces superiores a sus fondos propios.
Eso supone que incrementos de morosidad no excesivamente elevados (del orden del 5% o 6%) en las inversiones crediticias que las entidades tienen, consumen su capital y las colocan en situación de quiebra por su incapacidad de absorber las pérdidas.
La banca es insolvente por naturaleza… Solamente funciona si existe la confianza generalizada en que atenderá sus compromisos y obligaciones financieras.
Como eso es imposible, los Estados siempre están detrás “apuntalando” la falta de credibilidad de las entidades. Sin embargo, paradójicamente, los beneficios son solo de sus accionistas

pinchar aquí para leer el informe completo: Por una banca publica octubre 2012

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