¿Rescatamos a Grecia o a la Banca?

21 junio 2011 | Categorías: Portada, Unión Europea
En Grecia se está cumpliendo lo que anunciaban los economistas heterodoxos. Los préstamos europeos y del FMI con altos intereses que imponen recortes del gasto público para reducir el déficit (consolidación fiscal lo llaman) conducen a la disminución de la actividad económica, prolongan la recesión con un elevado desempleo que reduce las rentas y el consumo y, por consiguiente, reduce los ingresos públicos aumentando el déficit, porque el injusto sistema fiscal sigue intacto.

JUAN HDEZ. VIGUERAS, Consejo científico de Attac, Público

El Eurogrupo, con sus 17 actuales países y micropaíses, tiene pendiente el plan sobre el segundo rescate de Grecia y las condiciones de una renegociación de la deuda griega. Igual que la Alemania de los años veinte, que no podía pagar las indemnizaciones impuestas por los vencedores de la Primera Guerra Mundial, Grecia tampoco puede seguir pagando los altos intereses que exigen los mercados, es decir, la banca financiera. Es el resultado de la política de austeridad impuesta por la Alemania conservadora de Merkel y gobiernos asociados, con recortes sociales y privatizaciones de empresas públicas a pesar de las continuadas protestas sociales.

Y hay dos cuestiones de fondo a resolver, como son el círculo vicioso de la política económica neoliberal y el rompecabezas bancario. Porque está claro el fracaso de esta política europea que agrava el problema de Grecia como sucede con Portugal. “Bancos 1, Portugal 0”; “Otro país de la eurozona humillado por sus bancos”, decía el editorial del Financial Times el 6 de abril pasado, añadiendo que Lisboa había sacado la bandera blanca porque no podía pagar un interés de casi el 10% por sus bonos a cinco años. Cuatro días más tarde, el primer ministro portugués pedía la ayuda financiera europea que venía descartando para eludir la imposición de las duras condiciones que, tras las recientes elecciones generales, aplicará su sucesor, el nuevo Gobierno conservador.

En Grecia se está cumpliendo lo que anunciaban los economistas heterodoxos. Los préstamos europeos y del FMI con altos intereses que imponen recortes del gasto público para reducir el déficit (consolidación fiscal lo llaman) conducen a la disminución de la actividad económica, prolongan la recesión con un elevado desempleo que reduce las rentas y el consumo y, por consiguiente, reduce los ingresos públicos aumentando el déficit, porque el injusto sistema fiscal sigue intacto. Y ante ese deterioro, los bancos que compran los bonos griegos exigen mayor rentabilidad con tipos de interés más altos; lo que supone un mayor coste que a su vez incrementa el déficit público y la necesidad de más préstamos; lo cual aumenta el déficit y… Es el círculo vicioso de una política neoliberal ineficaz y sobre todo injusta y antidemocrática, que se verá alimentado por el nuevo préstamo para Grecia que se negocia de unos 95.000 millones de euros con cargo al FMI y al fondo europeo, pero con nuevas exigencias de recortes de gasto público y de privatizaciones.

Y el caso es que Grecia ahora no puede pagar lo que ya debe a los bancos. De ahí que por debajo de esas negociaciones y de las declaraciones de cualquier gobernante alemán, francés o quien sea, se esconda el rompecabezas a componer para salvar a la banca y la cara ante los electores. Son como mínimo cinco piezas a componer.

Primera pieza doble: la refinanciación de la deuda griega generada por el primer rescate (reducción de tipos de interés o aplazamientos del vencimiento de los bonos soberanos) significa pérdidas directas para la banca que tiene bonos en euros; e indirectas porque su calificación crediticia bajaría según amenazan las agencias, disminuyendo su cotización.

Segunda pieza: la imprevisible volatilidad del mercado de los famosos CDS, los seguros de impago de la deuda que bancos han comprado o vendido; el precio o margen de riesgo se encarecerá con las consiguientes pérdidas importantes para alguna contraparte. Nadie puede prever nada porque este es el mundo opaco de la especulación financiera.

Tercera pieza: el mismo BCE es uno de los principales tenedores de deuda griega a través de los bancos a los que les prestó dinero con esos activos que compró (repos). Por tanto se suma a la oposición de los bancos privados contra la refinanciación de la deuda griega porque teme los efectos sobre el euro. Aunque, según los analistas del Financial Times (05-06-2011), terminará aceptando las pérdidas que le toquen, porque al final serán los contribuyentes del Eurogrupo los que paguen vía sus bancos centrales, si hubiera que recapitalizarlo. La realidad es que hay una falta de transparencia sobre cuáles serían los riesgos para el Eurosistema (conjunto del BCE más los bancos centrales).

Cuarta pieza: aseguran que la refinanciación de la deuda griega (la llaman reprofiling, reperfilar) podría desestabilizar a la banca europea con una exposición de más de 180.000 millones de dólares en deuda soberana de Grecia, Irlanda y Portugal repartida entre los bancos de esos mismos países, los bancos alemanes, franceses y Benelux; y con menor porcentaje otros países (España, 4,4%). Y está claro que ni los contribuyentes alemanes ni los demás europeos están dispuestos a aceptar nuevas ayudas públicas a la banca.

Quinta pieza: la presentación del acuerdo europeo debe hacer posible que el nuevo plan de “austeridad” sea aprobado por el Parlamento griego, que tendría que aceptar el despido de funcionarios, la venta de entes de servicio público y autorizar a funcionarios de Bruselas a que supervisen su aplicación. Lo que están gritando los ciudadanos griegos no cuenta: ya votaron en su día.

En conclusión, para mantener su negocio financiero, sin dar créditos a las empresas y al consumo, la banca rescatada y avalada por los gobiernos vive de la política económica neoliberal de estos gobiernos. De ahí que, con acampadas o sin ellas, al Movimiento 15-M haya que darle la razón.

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