El Ártico se desangra

15 marzo 2011 | Categorías: Internacional, Medio Ambiente
Políticos y grandes corporaciones negocian con el Ártico, que se deshiela más rápido de lo que estaba previsto y se lleva por delante un ecosistema crucial para el planeta. Parece como si el hombre no hubiera salido aún de las cavernas, en esa lucha por mantener el fuego en su poder.

Por DAVID GARCÍA MARTÍN*. CCS

El Ártico se deshiela. Bajo esa mole blanca afloran minerales, petróleo, gas, y pesquería. En un gesto de fuerza, algunos países como Rusia ya se han posicionado y enarbolan su bandera a más de tres mil metros de profundidad, como cuando el hombre llegó a la luna. Se estima que para el año 2040 el transporte marítimo tendrá un volumen considerable, con repercusiones climáticas impredecibles.

El cambio climático provoca el deshilo de los polos. Pero la codicia de algunos países acelera ese proceso de manera todavía más directa, urgidos por la crisis económica y la necesidad de acumular materias primas, cada vez más escasas, más caras y más difíciles de encontrar. Parece como si el hombre no hubiera salido aún de las cavernas, en esa lucha constante por mantener el fuego en su poder.

Los “dueños” de los 50.000 kilómetros cuadrados de hielo menguante –la menor extensión desde 1979- son Rusia, Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y Noruega. Pero las disputas, discusiones y pataleos por hacerse con una parcela de Ártico, también incluyen a Islandia, Suecia y Finlandia. Bajo la aparente tranquilidad de esas aguas semicongeladas se esconden el 30% de las reservas de gas y el 13% de los yacimientos de petróleo, además de oro, plata, níquel y diamantes, según datos del Servicio Geológico de Estados Unidos. Ante semejante banquete, las multinacionales ya se han posicionado.

Las consecuencias de este deshielo no tienen precedentes. “Estos cambios amenazan con disparar una serie de mecanismos de cambio abrupto y consecuencias globales, que podrían ir encadenándose en un efecto dominó que supone un claro riesgo de cambio climático peligroso”, afirman Carlos M. Duarte, profesor de investigación del CSIC, y Guiomar Duarte, experto en consumo y medioambiente, para el diario El País.

El hielo se deshace y calienta el agua. Con ello aumenta el nivel del mar y la temperatura. Esto hace que se libere más gas metano de lo que la tierra es capaz de asimilar y, como consecuencia, se acelera el calentamiento global. Las acciones en los próximos cinco años serán determinantes, según los expertos nombrados anteriormente.

Las repercusiones que estas acciones provocan no sólo afectan al hombre, sino que hay todo un ecosistema que se encuentra en una situación muy delicada. Es común ver la imagen de un oso polar desamparado en medio de la nada. Estos animales tienen cada vez más dificultades a la hora de realizar desplazamientos a través de las plataformas heladas. Esto hace que las distancias que tienen que cubrir a nado sean cada vez mayores, con consecuencias nefastas –agotamiento, imposibilidad de encontrar comida y, en algunos casos, la muerte.

También las ballenas sienten la acción del hombre en el casco polar. Este noble mamífero se está viendo afectado por los nuevos proyectos y rutas mercantiles. Algunos ejemplares se desorientan y acaban varados en las costas. Algunas poblaciones aborígenes del Ártico, como la de la región rusa de Chukotka, han advertido que algunas de las ballenas que han cazado tienen enfermedades que nunca habían visto. Entre las diecisiete especies en peligro de extinción también se encuentran la morsa y el zorro polar, advierte un informe de U.S. Center for Biological Diversitypretende.

Mientras la clase política y la grandes corporaciones hacen sus cuentas y negocian con la Naturaleza en los despachos, en las Cortes nacionales o la Duma, el Ártico se deshiela más rápido de lo que estaba previsto y se lleva por delante todo el ecosistema que hay a su alrededor. Por un lado defienden políticas contra el cambio climático, pero por otro se contradicen recurriendo a una explotación de los recursos y emitiendo más gases que muchos otros países juntos. Las naciones del Ártico emiten el 26% de las emisiones de CO2, según Duarte y Guiomar.

El hambre de consumo y los modelos de crecimiento que conllevan la sobreexplotación de la naturaleza son factores determinantes en el proceso de depredación del Ártico. La irresponsabilidad de las políticas y los intereses empresariales priman por encima del respeto y cuidado del medio ambiente. El Ártico no está perdido, pero no para de sangrar.

*Periodista

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