SOBRE EL ARTÍCULO “UN DINERO REVOLUCIONARIO”

La publicación el pasado 20 de abril en El País de un artículo de D. Miguel Á. Fernández Ordoñez, Exgobernador del Banco de España, titulado “Un dinero revolucionario” nos ha dado pie para escribir el presente texto. En aquél se plantea la propuesta de que todos los ciudadanos y empresas puedan depositar su dinero en el banco central de su Estado, y sus planteamientos vienen a coincidir en parte de lo expuesto en un reciente libro de D. Antonio Quero y a su vez está recogido en otro de Jonathan Mcmillan. En el presente artículo se pretenden matizar algunas afirmaciones del Sr. Fernández y aportar nuestras propias ideas acerca de cómo llevar a cabo el proceso y sus consecuencias. Para aligerar el texto nos referiremos a los bancos centrales como el Banco de España o BE y a las entidades de crédito como bancos.

Ya en el primer párrafo el Sr. Fernández concluye que, por la seguridad inherente al depositario, el Banco de España, se eliminarían las crisis bancarias y así todas sus consecuencias negativas y que además permitiría desregularizar y liberalizar la actividad crediticia. A este respecto, nos permitimos opinar que las crisis bancarias no desaparecerían, ya que no se cuestiona la existencia de bancos privados. Estos captarían importantes recursos de los ciudadanos, tanto como accionistas o como prestamistas de aquellos. Si se dieran circunstancias en las que los bancos no pudieran devolver parte o la totalidad de sus pasivos, se generarían las alarmas sociales consiguientes. Por tanto, deberán seguir existiendo normas regulatorias y organismos para supervisar su cumplimiento, aunque pudieran ser menos complejas.
Aunque realmente no viene a cuento con el tema central, el Sr. Fernández descarta que el Bitcoin tuviera un impacto como moneda, con independencia del interés de “las masas” por el mismo, aduciendo que no sirve para realizar transacciones, por lo que no puede sustituir al dinero creado por los bancos. Sin embargo, más bien debería decir que las criptomonedas no se aceptan como dinero de forma generalizada, no que no sirvieran para tal fin. Siguiendo al profesor L. Randall Wray, lo que caracteriza al dinero como tal es su aceptación por los Estados para recaudar los impuestos y, por lo tanto, donde esto fuera así la criptomoneda sería dinero. En este sentido va a ser muy interesante observar el comportamiento del Petro, criptomoneda emitida por el Estado de Venezuela recientemente.
Se cita también en el artículo tratado, que en el siglo XIX los billetes de banco eran emitidos por los bancos privados y se decidió que fueran emitidos por los bancos centrales. En primer lugar, hay que decir que los primeros billetes prácticamente solo circulaban en las ciudades donde estaban los bancos que los emitían. Fue a partir de 1874, al concederse al Banco de España el privilegio de emisión de billetes, cuando su circulación se extendió por todo el Estado, además se ofreció a los bancos que emitían billetes que se fusionaran con aquél. Si se aplicara el mismo criterio ahora, los actuales bancos privados podrían ser absorbidos por el BE.
Lleva mucha razón el Sr. Exgobernador al decir que la entidad de crédito privada que emite dinero solo puede responder del mismo mientras sea solvente y además tenga liquidez, lo que le hace frágil e inseguro, pero esto vale también para cualquier tipo de recurso ajeno del que disfrute un banco. Este aspecto lo hemos comentado ya en el segundo párrafo, pero puede ser oportuno citar que no solo los bancos captan ahorro del público, sino también otras empresas, como ha sido el caso de Afinsa, Forum Filatélico y Nueva Rumasa. Estos hechos también han originado alarma social, ya que los afectados se han sentido discriminados respecto a los clientes de los bancos en crisis.
En cuanto a que las pérdidas en la Bolsa, en los hedge funds, en los fondos de inversión, etcétera, solo son asumidas por los que arriesgaron puede ser cierto cuando los inversores solo aportan sus recursos propios, pero si no es así arrastran en mayor o menor medida al resto del sistema financiero. Dice el Sr. Exgobernador que las pérdidas de los bancos son asumidas por todos los contribuyentes, pero esto se debe a la perversión que implica la existencia de Fondos de Garantías de Depósitos respaldados de forma prácticamente ilimitada por los Estados. Esto implica, como el Sr. Exgobernador ha sufrido en sus propias carnes, la toma de decisiones muy impopulares, como la de reflotar una entidad en quiebra técnica y luego regalarla al sector privado, ya que en cualquier caso la alternativa de liquidarla es claramente más costosa.
Se viene a decir en el artículo que los depósitos de los bancos realmente no tienen ese carácter ya que aquellos disponen de los mismos para prestarlos a otras personas. Pero casualmente esto es la esencia del negocio bancario moderno, y para ello los juristas desarrollaron el concepto de depósito irregular, según el cual el depositario solo está obligado a devolver una misma cantidad de lo depositado y no idénticamente lo mismo. En cualquier caso, muyos economistas opinan que el sector financiero en general obtiene grandes beneficios por este mecanismo.
Se aprecia también en el artículo el talante liberal del Sr. Fernández cuando hace un llamamiento a la libertad de empresa que según él limita los ámbitos de actuación de los bancos (capital, liquidez, remuneración de los directivos, etcétera). El Sr. Exgobernador se posiciona aquí frente a las opiniones más extendidas sobre la causa de la crisis del 2007, que la achacan precisamente a la desregulación, o mala regulación, del sistema bancario y a la debilidad de su supervisión. Concretamente, ¿le parece al Sr. Fernández, una restricción al capital que de media los recursos propios de los bancos solo supongan el 7% de sus pasivos? y ¿de la liquidez, cuando el coeficiente técnico de caja no llega al 2%?, y ¿de las remuneraciones de sus directivos, cuando en los grandes bancos menudean sueldos de más de cinco millones de euros?
En cuanto a la política monetaria al no crearse dinero bancario en abundancia evidentemente los agregados monetarios serían más fáciles de controlar, pero esto en realidad en España no debe de preocuparnos mucho, ya que esa política está en manos del Banco Central Europeo.
Acaba el Sr. Fernández con una digresión entre revoluciones y reformas, que es ampliamente generalizable, y en la que no vamos en absoluto a entrar. Si asumimos sin dudarlo que la adopción súbita de la medida preconizada, y más aún si no se lleva a cabo un concienzudo estudio previo, tendría consecuencias desastrosas para la economía de los Estados donde se aplicara. Por esta misma razón a continuación se tratan dichos temas.
Según los datos publicados por el Banco de España el balance total consolidado de las entidades de depósito ascendía a 3,5 billones de euros el 31 de diciembre del 2017 y centrándonos en el pasivo, la rúbrica de depósitos del sector privado suponía 2,0 billones. Según esto para que el 100 % de los depósitos migraran del sector privado al BE, los bancos tendrían que liquidar el 54 % de sus activos. Ya que a los bancos les sería imposible vender a medio plazo dichos activos, estos deberían seguir en su balance financiados por el BE durante mucho tiempo.
Ahora bien, para conseguir el fin propuesto inicialmente, al vencimiento de los activos de los bancos, el importe de su reembolso revertiría al Banco de España, lo que ya da una idea de que el proceso no podría finalizar hasta el vencimiento del último de los activos en vigor o cuando su remanente fuera muy reducido. Una estimación del periodo de transición solo podría hacerla el BE, ya que es la unidad entidad que puede conocer los datos básicos. Sin embargo, nosotros proponemos un periodo de 20 años para llevar a cabo la migración, reduciéndose así la incertidumbre para los afectados.
Otro tema importante versaría sobre si en esas cuentas en el BE podrían domiciliar pagos y ordenar cobros de todo tipo. Estos procesos podrían suponer millones de transacciones diarias, lo que implica una carga de trabajo que difícilmente puede soportar el BE, si además tuviera que atender consultas y solucionar incidencias. Por tanto, la gestión de cobros y pagos se debería seguir llevando a cabo por bancos u otras empresas, lo que complicaría la vida a los ciudadanos, que no lo entenderían fácilmente.
El Sr. Fernández no cita expresamente en su artículo que un objetivo básico del depósito universal en un banco central es que los bancos no se beneficien de la creación del llamado dinero bancario. Este dinero es el que se genera prestando sucesivamente los depósitos que a su vez proceden de los préstamos concedidos. El monto total del dinero producido así por el sistema bancario depende de la denominada reserva fraccionaria, que es el porcentaje de los depósitos que los bancos mantienen en el banco central o en efectivo.
Cuanto mayor es la reserva fraccionaria, menor dinero bancario se produce y por tanto fijándola muy elevada, supongamos un 98 %, se conseguiría el fin propuesto. Es decir, en lugar de que cada ciudadano tenga una cuenta en el Banco de España, cada banco depositaría en aquél el 98% de los saldos de sus clientes. En caso de quiebra del banco los liquidadores de este utilizarían los saldos en el BE para devolver los depósitos a los clientes, manteniéndose así seguros los importes depositados.
Hasta ahora hemos dado por descontado que el depositario único sería el Banco de España, pero nosotros sugerimos que sea un organismo público independiente, aunque al final los fondos estén en el BE. Este Organismo debería tener su propio servicio de inspección para asegurarse que los bancos cumplían correctamente las normas relativas a los depósitos.
Vamos a ver cómo afecta el proceso a los bancos privados, sin duda lo que va a suscitar más controversia. Ya se ha visto que, en un plazo determinado, los bancos para conceder nuevas operaciones deberán sustituir la financiación derivada de los depósitos de los clientes por la procedente de sus recursos propios o de emisiones de títulos. De no conseguir esto no podrán mantener el nivel de negocio adecuado a su dimensión actual, viendo por tanto muy afectados sus resultados, incluso pudiendo llegar a quebrar. Para no llegar a esta situación el Banco de España tendría que facilitarles eventualmente la financiación precisa, con la garantía de los préstamos que fueran concediendo, procedimiento que se conoce también como redescuento, y que fue muy utilizado ya por el BE hasta su nacionalización.
Suponiendo que los problemas citados se resolvieran técnicamente, hay que considerar que los bancos, con el sistema actual disponen de una ingente fuente de recursos gratuitos, que tendrían que sustituir por otros con coste. Por tanto, los bancos, para mantener los beneficios actuales, elevarían los tipos de intereses y las comisiones que aplican a sus clientes, y así estas medidas podrían ser negativas para los ciudadanos.
Para evitar lo anterior es imprescindible que desde los primeros momentos se establezca una banca pública, formada por una o más entidades, que aplicara sin dudar las nuevas normas y sirviera de referencia al sector privado. Muy posiblemente los bancos se desanimarían ante la nueva situación y su actividad se iría trasladando al sector público, llevando de hecho a una nacionalización parcial del sistema bancario.
Teniendo en cuenta los problemas técnicos del proceso, el previsible enfrentamiento de los bancos y las repercusiones internacionales de aquél, mucho nos tememos que, a pesar de las teóricas ventajas de este nuevo sistema, este no se lleve a cabo a medio plazo.
Nueve de mayo del 2018.

José Santos Pulido.
jsbancapublica@gmail.com

BIBLIOGRAFÍA.
L. Randall Wray. Teoría Monetaria Moderna. Lola Books.
Jonathan Mcmillan. El Fin de la banca. Taurus.
Antonio Quero. La reforma progresista del sistema financiero. Catarata.

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