Grecia: el FMI reconoce sus errores, pero todo sigue igual

ROMARIC GODIN
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Christine Lagarde con Dominique Strauss-Kahn.

STEPHEN JAFFE / FMI

Han pasado más de seis años desde el inicio de la crisis griega y la narración oficial, elaborada por los gobiernos y las instituciones que han gestionado esta crisis, se deshace cada día más en jirones. Mientras que la desgraciada Grecia, sometida a un tercer memorándum, firmado con sus acreedores hace un año, no acaba de desplomarse económicamente, el FMI, miembro de la troika que ha supervisado la gestión de la crisis, no deja de entonar mea culpa tardíos, pero indiscutibles.

Después de haber reconocido que había subestimado los “multiplicadores presupuestarios”, dicho de otro modo, el impacto de la consolidación presupuestaria sobre el crecimiento, para Grecia, la institución con sede en Washington ha admitido hace poco, en un artículo de investigación, los efectos negativos de las políticas de austeridad impuestas a Atenas. El jueves 28 de julio apareció un nuevo informe crítico con el papel adquirido por el FMI en la gestión de la crisis griega. Y es muy severo.

La Oficina Independiente de Evaluación (OIE) publicó un extenso informe sobre el “FMI y las crisis en Grecia, Portugal e Irlanda” que establece una conclusión: el FMI actuó bajo la presión de los intereses de ciertos países de la zona euro, contra sus propios intereses y para ello buscó cortocircuitar a su consejo de administración. Este proceder condujo claramente a graves errores de apreciación de la situación, sobre todo, en Grecia.

En su informe, la OIE confirma principalmente lo que, entre otros, la Comisión de la Verdad sobre la deuda griega, establecida en la primavera de 2015 por el Parlamento helénico, ya había criticado: para conseguir que se aprobase la ayuda financiera del FMI a Grecia, y pese a la insostenibilidad de su deuda, la dirección de la institución adoptó discretamente una modificación de los criterios de acceso a la ayuda. “El consejo de administración no fue consultado sobre esta cuestión. De hecho, a los directores no se les informó de las dudas que tenían los equipos acerca de la sostenibilidad de la deuda griega”, estima la OIE. Y continúa: “Ni la dirección del FMI ni los equipos intentaron que el Consejo prestara atención a la decisión de modificar los criterios o a que se iba a modificar un criterio de acceso excepcional para aprobar el programa griego”. Hubo a las claras una voluntad de engañar al Consejo, al incluir esta modificación crucial, que exponía al FMI a un país insolvente. La OIE refuerza esta idea al precisar que el Consejo se vio apremiado por la falta de tiempo y no tuvo posibilidad de revisar el programa en detalle.

Consecuencias desastrosas

Las consecuencias han sido desastrosas para Grecia. Este país se ha visto obligado a gestionar una deuda insostenible y creciente. La salida de este callejón sin salida era otro callejón sin salida: pedir una y otra vez más ayudas para reembolsar la deuda. Es decir, crear un esquema de Ponzi con la complicidad del FMI y de los países de la zona euro, deseosos de mantener la ficción de la “sostenibilidad” de la deuda griega. Este montaje ha obligado a Grecia a ir siempre un poco más allá en las políticas de austeridad puesto que sus acreedores pretendían hacer creer que una purga presupuestaria más “reformas estructurales” serían suficientes para que la deuda fuera sostenible. Por lo tanto, este “engaño” del FMI es una de las fuentes de los males griegos. Es destacable también el hecho de que la OIE considere que esta manera de operar plantea un problema de “legitimidad” al FMI. Una cuestión de legitimidad que se genera también para la deuda contraída por Grecia con el FMI. Una deuda que en 2015 pesó mucho en la suerte del país.

Sumisión a la zona euro

Si el FMI hubiera aplicado sus criterios ordinarios, habría impuesto desde 2010 una reestructuración de la deuda. Su procedimiento habitual es imponer austeridad a cambio de un recorte de la deuda. Según un estudio publicado en 2015 en Estados Unidos, los técnicos habían propuesto esta posibilidad al entonces director general del FMI, Dominique Strauss-Kahn. Este, sin embargo, la habría rechazado y se habría negado a proponérsela a los europeos. Y he aquí otro grave problema señalado en el estudio de la OIE: los amores culpables entre el FMI y la zona euro.

Las causas de la negativa a la reestructuración de la deuda en 2010 son conocidas: la protección de los bancos europeos, principalmente franceses y alemanes, expuestos a la deuda griega. Había que acudir rápidamente al rescate de los acreedores para darles tiempo de vender los bonos a inversores tranquilizados por la implicación del FMI.

El informe de la OIE no se extiende en esta conclusión –bien conocida desde hace tiempo–, pero sí apunta a las estrechísimas relaciones entre la dirección del FMI y la zona euro. Critica así “la debilidad de la vigilancia sobre la zona euro” basada en la idea de que “Europa es diferente”. Esta debilidad trajo consigo la falta de análisis de los desequilibrios de la zona euro, principalmente en las cuentas corrientes. Además, condujo a un “olvido” de las “lecciones de anteriores crisis”. Estas lecciones “no fueron jamás aplicadas”, estima la OIE. De hecho, el FMI ha sido en muchas ocasiones un mero seguidor de las decisiones del Eurogrupo, puesto que las decisiones de la zona euro “precedieron siempre a las reuniones del consejo del FMI”.

 

“El FMI ha perdido su flexibilidad y su agilidad como gestor de la crisis debido a los múltiples niveles en la toma de decisión de la zona euro”, explica la OEI, que deplora también que el peso del Eurogrupo haya sometido “los juicios de los equipos técnicos del FMI a presiones políticas”. Lo que implícitamente denuncia la OEI es una sumisión a la zona euro. Además, el informe subraya la enorme “asimetría de la información” en el FMI puesto que “los directores representantes de los países de la zona euro pudieron acceder a informaciones que no estaban a disposición de otros”.

La OEI no oculta pues la sumisión del FMI a las instancias de la zona euro. Lo que lleva a plantearse la cuestión de la nacionalidad de sus directores generales. El hecho de que el FMI haya sido dirigido por un francés, Strauss-Kahn, y lo esté aún, con Christine Lagarde, aparece claramente como un obstáculo a su buen funcionamiento, pero también a la eficacia de sus políticas. Sin lugar a dudas ya es hora de dar a los llamados países emergentes su oportunidad dentro del Fondo.

Destrucción de la narración oficial

Mientras tanto, esta sumisión a la zona euro ha tenido consecuencias graves para Grecia: nadie se opuso a las decisiones tomadas por París y Berlín para  “salvar a la zona euro” y nadie aportó de verdad un espíritu crítico sobre los planes de ayuda. Esta sumisión del FMI ha permitido también el desarrollo de una narración oficial: la culpa es griega. Grecia habría cometido excesos y habría sido “salvada” y “ayudada” por los europeos. Más tarde, cuando el fracaso de estas políticas se hizo evidente, el problema volvió a recaer sobre los griegos, que habrían rechazado “apropiarse de los programas”. Ahora bien, aquí también la OEI subraya que la ceguera del FMI ha sido total y que ha cometido errores graves en sus políticas económicas. Sobre todo, como hemos visto, por el olvido del pasado. “Los programas del FMI para Grecia y Portugal han incluido proyecciones de crecimiento demasiado optimistas”, indica el informe, para añadir que “las proyecciones más realistas habrían hecho evidentes los impactos de la consolidación presupuestaria sobre el crecimiento y la dinámica de la deuda”.

La OEI indica que esto habría permitido dejar “jugar a los estabilizadores automáticos”, lo que no se hizo y llevó al derrumbamiento del 25% del PIB griego en seis años al meter a la economía griega en un círculo vicioso. Al rechazar la realidad por su sumisión política, el FMI ha sido una de las causas de la ruina griega. Esta conclusión supone una destrucción en toda regla de la narrativa oficial.

El informe de la OEI confirma lo que la Comisión sobre la deuda griega de 2015 había establecido sobre 2010: en la toma de decisiones dominó una negación de la realidad, alimentada por intereses políticos de los grandes países de la zona euro. Esta negación de la realidad se convirtió en una visión oficial que ha habido que mantener a toda costa y que ha supuesto el derrumbe de Grecia. El FMI ha contribuido a esta situación. Tal y como demostró la crisis del primer semestre del 2015, el nuevo gobierno griego reclamó el fin de este círculo vicioso y pidió un compromiso que le ha sido negado siempre. Una vez más, los acreedores prefirieron quebrar la economía griega antes que reconocer los errores que la OEI saca ahora a relucir.

La respuesta de Christine Lagarde

La pregunta todavía sin respuesta es saber cuál será el impacto real de este informe. La OEI recuerda, que desde 2011, había advertido, sin éxito, contra la ceguera respecto a la zona euro. La respuesta de la actual directora general, Christine Lagarde, el viernes 29 de julio, no resulta demasiado alentadora. Lagarde retoma las críticas a Grecia, a su falta de “apropiación” de los programas, a la inestabilidad política del país y finalmente recuerda que Grecia sigue dentro de la zona euro, lo que era “un objetivo prioritario”. En resumen, el mea culpa en el seno de las instituciones que conforman el FMI no es tal.

Recordemos que, desde 2010 a 2015, Grecia no ha conocido más que un mes de inestabilidad política después de las elecciones de mayo de 2012. El resto del tiempo, la mayoría parlamentaria a favor de la Troika ha sido estable y los gobiernos han podido aplicar los programas. Por supuesto que no todo se ha aplicado, ¿pero no será esto la señal de que no todo era aplicable? Según un estudio de la OCDE, fechado en 2015, Grecia ha sido el país más “reformador” de la organización. Decir que Grecia no ha hecho nada no tiene sentido: el derrumbe de la economía y el ajuste de las finanzas públicas son las pruebas de esta acción. La realidad es que la política puesta en práctica era lo que no tenía sentido. Seguir en la zona euro es un premio de consolación bastante escaso y una manera de evitar el cogollo del problema, lo que parece ser lo más urgente para Christine Lagarde.

La lógica actual continúa dominando

En realidad, nada ha cambiado. La política del tercer memorándum “y medio” impuesto a Grecia en agosto de 2015, y también en junio de 2016, viene a confirmarlo. En el seno de la zona euro no ha habido ninguna crítica a las políticas puestas en práctica. El Eurogrupo continúa dominando el juego e imponiendo su lógica de consolidación presupuestaria y reformas estructurales a una economía exhausta. Este Eurogrupo rechaza todo cuestionamiento de la narración oficial y sigue reclamando del gobierno griego un “compromiso” con el programa.

La puesta en marcha de recortes automáticos en los gastos para alcanzar el objetivo del excedente primario en 2018 es el non plus ultra de esta lógica. Y la prueba de que nada ha cambiado realmente. Hoy en día, el relato oficial carga todavía la culpa del fallo de los programas sobre los griegos y su gobierno, que se atrevió a rechazar en el primer semestre de 2015 estas políticas impuestas por los acreedores. Ahora bien, la crítica a este relato, que antes era muy moderada, y que constituye un llamamiento al compromiso, se revela cada día más pertinente.

En cuanto al FMI, éste afirma haber cambiado: pide una reestructuración de ahora en adelante de la deuda antes de entrar en el programa. Es un avance importante. Pero no obstante, el FMI ha aceptado el plan de junio de 2016 y el aplazamiento de la parte esencial de la reestructuración de la deuda para después de 2018. En el verano de 2015 hizo todo lo posible para que fracasara el gobierno griego y obligarle así a aceptar un tercer memorándum. Y, como hemos visto, el análisis de Christine Lagarde continúa estando muy próximo al del Eurogrupo. Al final, el informe de la OEI es un elemento importante para escribir la historia. Pero no para cambiarla.

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Traducción de Amanda Andrades.

Este artículo fue publicado originalmente en La Tribune.

AUTOR

  • Romaric Godin

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