¿Beneficiaría el TTIP a las PYMES europeas?

24 septiembre 2015 | Categorías: EE.UU., Portada, Unión Europea
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Verónica Gómez. Socióloga, economista, miembro de la Comisión Internacional de ATTAC y fundadora de la plataforma “No al TTIP”

 

El Acuerdo Transatlántico de Comercio y de Libre Comercio entre EEUU y la UE (TTIP) se está “vendiendo” por parte de la Comisión Europea como un acuerdo que beneficiaría a las PYMES europeas en gran medida, aunque en las primeras rondas de negociaciones del TTIP no fueron siquiera mencionadas. De hecho, hay que recordar que los lobbies de las multinacionales han estado preparando el TTIP durante décadas.

Ya sólo en los dos primeros años de las negociaciones, la Comisión Europea (CE) se reunió en 597 ocasiones con lobbies de las grandes empresas y corporaciones.

A pesar del optimismo con el que hablan los negociadores europeos sobre el impacto del TTIP para las PYMES, todavía no hay estudios ni evidencias que así lo apoyen. Las previsiones del estudio realizado por la CE sobre el TTIP sugieren que el PIB se incrementaría en 0,5% en 10 años. Esto es, 0,05% al año. Si esto fuera cierto, ¿qué impacto tendría sobre las proyecciones de ventas y gastos de una PYME? ¿Qué confianza puede generar este cambio?

Lo que sí está claro, es que abrir un mercado único ente los EEUU y la UE implicaría la competencia directa entre empresas americanas y europeas, además de una reestructuración productiva donde los sectores europeos menos competitivos frente a los americanos, tenderían a reducirse o desaparecer. Las pérdidas de puestos de trabajo pronosticada por la CE se estima en 1,3 millones, la cifra más optimista sería cuando menos de 600.000 puestos. Es razonable pensar que estas pérdidas serían mayoritariamente en el sector de las PYMES.

En la actualidad, disponemos de datos que abarcan 20 años de la entrada en vigor del NAFTA (Acuerdo de Libre Comercio e Inversión entre EEUU, Canadá y México), y sabemos que el impacto del tratado en las granjas mexicanas supuso un desplazamiento de 4,9 millones de familias mexicanas que se ocupaban de sus granjas y una pérdida de 1, 9 millones de empleos.

Otro ejemplo lo tenemos con la industria del automóvil estadounidense, ésta desplazó sus inversiones a México donde los sueldos eran menores, provocando una pérdida de 700.000 empleos en los EEUU. Además sabemos que la participación de las pequeñas empresas estadounidenses en las exportaciones totales a Canadá y México disminuyó. ¿Significa esto que muchas PYMES en sectores poco competitivos frente a los estadounidenses, así como empresas que fabrican componentes u ofrecen servicios a multinacionales que pueden desplazar sus inversiones a EEUU, tendrían que cerrar? Resultaría bastante probable.

Por otro lado, el informe presentado en el Parlamento Europeo por la agencia austriaca OFSE, cree que las estimaciones del estudio de la CE son demasiado optimistas, y aventura una reducción de los beneficios europeos en un 40%. Mientras que el estudio más complejo realizado hasta la fecha sobre los impactos del TTIP en Europa, llevado a cabo por Tufts University, pronostica pérdidas netas del PIB europeo, de las exportaciones, de puestos de trabajo y de las rentas del trabajo frente al capital; además de una desvertebración del mercado en la Unión Europea, a favor de un incremento de las relaciones comerciales entre los EEUU y la UE.

Hay que tener en cuenta además, que en Europa hay al menos 20 millones de PYMES, que abarcan el 65% del empleo y representan el 57% del valor añadido del PIB. Sin embargo, sólo un 25% de ellas exporta fuera de sus fronteras, y sólo un 13% fuera de Europa. Recordemos que las PYMES, en su mayoría, adolecen de los recursos necesarios para la exportación.

La CE propone ayudar a las PYMES a través de la creación de páginas web e intercambio de información y bases de datos. ¿Es ésta una ayuda suficiente para que las PYMES europeas exporten a EEUU?

Las empresas estadounidenses producen productos y servicios bajo regulaciones menos exigentes que las europeas, y por lo tanto, pueden ofrecer productos de manera rentable a precios más bajos. Ciertamente, las empresas americanas podrían arrebatar cuotas significativas de mercado a las PYMES europeas en muchos sectores. ¿Estarán las PYMES obligadas a tener que bajar sus costes en un 30-40% (diferencia media entre los sueldos estadounidenses y europeos) o transformar por completo su sistema de producción y oferta para permanecer competitivas?

No olvidemos que muchas PYMES ofrecen productos condicionados por la cultura, adaptados a los gustos locales, regionales o nacionales. Por otra parte, el TTIP contempla una serie de medidas que blindarían los intereses de las multinacionales y sus derechos frente a cualquier otro actor. El mecanismo de resolución de controversias entre Inversor y Estado (ISDS) otorga a las corporaciones extranjeras el derecho a demandar a los Estados en tribunales de arbitraje ad hoc cada vez que aprueben una normativa que contravenga sus intereses.

En dichos tribunales, no es un juez, sino un abogado con conflictos de interés – ya que su sueldo depende del número de casos y de la duración de los mismos – la persona que hace las veces de árbitro, otro abogado privado representa a la multinacional, y otro al estado. Sin embargo, no hay recurso de apelación ni otros actores afectados por el fallo pueden presentar alegaciones, pruebas ni defender sus intereses. Sin olvidarnos de que un árbitro no está obligado a tener en cuenta el interés general.

Además, las PYMES extranjeras nunca podrían costearse el recurso a estos tribunales, pues los gastos rondan los 8 millones de dólares.

También se propone la creación de un “Consejo de Cooperación Reguladora”, que no es otra cosa que un consejo con representantes de las multinacionales americanas y europeas y funcionarios americanos y europeos sentados a la mesa para seguir identificando nuevos sectores donde “armonizar” leyes y normativas.

Además, tendrán el derecho a conocer las nuevas normativas antes de que el primer borrador de ley sea hecho público en los parlamentos europeos. Este deberá ir acompañado asímismo de un informe que exponga cómo puede afectar a su actividad comercial; y por lo tanto, antes de que conozcamos el primer borrador de ley, éste puede estar ya tamizado por los intereses de las corporaciones extranjeras. 

Estos mecanismos sortean los sistemas de control democrático y ponen en primer plano los intereses de las multinacionales frente a cualquier otro actor social, con lo que debilitarían aún más nuestras ya precarias democracias europeas, aumentando la distancia entre las corporaciones y todos aquellos actores menos protegidos, como los ciudadanos y las PYMES, que no tendríamos el poder de influir en la redacción de normas y regulaciones, y estaríamos a la vera de los intereses de las multinacionales en primer término.

Este interés en blindar los derechos e intereses de las corporaciones quizás explica por qué las autoridades europeas “no son conscientes” de los impactos potencialmente negativos del TTIP sobre las PYMES y la ciudadanía, y por qué nadie está dispuesto a hacer estudios económicos consistentes sobre sus efectos en las mismas ni a explicar honestamente como el TTIP puede afectar a sus negocios.

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ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

 

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