El fin de la tolerancia y el nuevo populismo

23 julio 2014 | Categorías: Unión Europea

 Por Marina Prentoulis y Lasse Thomassen*

Se habla del crecimiento de los grupos marginales “euroescépticos”, con máscaras de diferentes ideologías, pero agazapados detrás de la única etiqueta del populismo reaccionario. Marina Prentoulis y Lasse Thomassen instan a la izquierda a mostrar su nueva cara tras las elecciones al parlamento europeo.



Las reflexiones sobre los resultados de las elecciones locales y europeas de 2014 han subrayado claramente el surgimiento del populismo de extrema derecha. Es evidente que se ha convertido en una fuerza política a nivel nacional e internacional, pero eso no es todo. UKIP, el Frente Nacional Francés y el Partido Popular Danés han declarado el fin de la tolerancia hacia ‘los otros’. Y los otros son tanto los migrantes y solicitantes de asilo que invaden “nuestro” espacio, como las élites escondidas en Bruselas y Estrasburgo gobernando sin “nuestro” consentimiento.

Ya sean otras etnias o élites políticas y culturales que no son parte del “nosotros”, nuestra intolerancia con ellos se promueve como algo natural. Vistos desde la corriente principal de la sociedad o desde la izquierda, estos partidos capitalizan la ansiedad que experimentan dentro de sus comunidades cada vez más sujetas a la diversidad social interna y el control económico externo. Aunque el UKIP, y otros se presentan como rebeldes contra la “política del sistema’, no son sino su descendencia monstruosa. Estas son las mismas políticas que han permitido la responsabilidad democrática y la participación ciudadana para tomar el asiento de atrás cuando los intereses neoliberales dominaron Europa. Los viejos partidos están claramente en crisis y perdiendo terreno electoral a favor de los nuevos partidos, de derecha, centro e izquierda. Los políticos preocupados por los partidos mayoritarios están pidiendo reuniones para abordar el problema. En sus mentes, el reto, sin duda, tiene poco que ver con ellos y las políticas neoliberales que se han estado respaldando. Es un reto que, desde hace algún tiempo, ha sido despectivamente desdeñado como ‘populista’, una descripción que se atribuye a la ignorancia y los temores de los “pueblos” de Europa.

Superar las divisiones

El éxito de la izquierda radical ha recibido menos atención, pero ha habido un progreso constante hacia un discurso “populista” alternativo. Al igual que el populismo de la extrema derecha, la narrativa de estos grupos también es intolerante con las élites políticas actuales, y actúa en nombre de los pueblos de Europa.


Los políticos convencionales (la casta) actualmente clasifican a la extrema derecha y a la izquierda con la misma etiqueta: los “euroescépticos”. Sin embargo, el nuevo populismo de izquierda que está ganando terreno poco a poco en toda Europa hunde sus raíces en diferentes legados históricos e ideológicos y persigue una visión muy diferente a la más difundida de la extrema derecha. Con independencia del éxito que consiga cada una, una cosa es segura: una gran parte de la política tradicional de los nuevos partidos, coaliciones y movimientos que se están desarrollando en toda Europa afirma que hay que acabar con la política tradicional.

En el sur tenemos a Syriza en Grecia (26% de los votos en las elecciones de la UE); Izquierda Unida (9,9%) y Podemos (7,9%), en España; el Movimiento Cinco Estrellas (21,2%) y L’Altra Europa con Tsipras en Italia (4,3%). Al norte: Die Linke (7,4%) y Front de Gauche (6,3%) en Alemania y Francia, respectivamente. Las movilizaciones populares que han seguido a la crisis económica en el sur de Europa contienen un nuevo discurso anti-político atacando las actitudes y la carencia de representación política. Los indignados españoles y los aganaktismenoi griegos ensayan la democracia directa y participativa a través de asambleas populares. En Italia, el Movimiento Cinco Estrellas pone en juego a los apolíticos y anti-sistema. Incluso en el Reino Unido, la lógica política y económica neoliberal ha sido atacada por el movimiento Occupy y grupos en campañas contra la austeridad. Aunque estas protestas han abandonado las calles, sus motivos siguen vivos en la mente de los pueblos europeos. Las organizaciones políticas de la izquierda están tratando de canalizar la indignación en todos los niveles desde el local al supranacional. En el sur de Europa, sobre todo, la izquierda ha tenido que replantear sus definiciones de “partido” y colaborar con redes de base que se extienden más allá de los límites tradicionales.

Una izquierda que estaba dividida, se está uniendo para formar una coalición de organizaciones políticas que abarcan todo el espectro de los ideales socialistas. Syriza en Grecia destacó no sólo la importancia de la política electoral, sino también la creación de redes de solidaridad basadas en ideologías y movimientos sociales afines. El partido Izquierda Unida de España ha dejado de lado los temas fetiche para declararse como vehículo para el cambio social que viene desde abajo, ante la gran sorpresa de Podemos en las elecciones europeas. Podemos, es un no-partido derivado de la movilización de los indignados. En Italia se están formando nuevas coaliciones de partidos, como Sinistra Ecología y Liberta. En Francia, el Partido de Gauche se está ampliando para convertirse en la coalición electoral Front de Gauche.

Dos formas de populismo, dos formas de rechazo al sistema: una desde la derecha o extrema derecha, otra desde la izquierda. Mientras que la extrema derecha ha abrazado la etiqueta de populista, la izquierda se muestra escéptica. Los dos no pueden compartir el mismo tipo de populismo, pero sería peligroso ceder la denominación a la derecha. Cuando se habla en nombre del pueblo como la nación étnica, la izquierda debe articular una idea colectiva diferente. ¿Qué significan “el pueblo” para la izquierda? ¿Qué es lo opuesto al pueblo? Cuando la extrema derecha es intolerante con la diferencia, la izquierda debe ser tolerante; donde la extrema derecha es reaccionaria y regresiva, la izquierda debe ser progresiva; y cuando la extrema derecha se queja de las personas que gobiernan, la izquierda debe quejarse del sistema político. Cambiar de Cameron a Miliband y a Farage no hace que el sistema político sea más inclusivo y participativo. Aquí es donde las nuevas formas alternativas de la política de izquierda pueden llevar a cabo un cambio real. La izquierda no debe ceder la voz populista a la derecha, sino monopolizarla. No debe hacerlo mediante el miedo al otro, o el miedo al cambio, sino en nombre del pueblo y en contra de las élites políticas y económicas. La izquierda debe abrazar el progreso: las cosas no deben ser precisamente lo que solían ser. Al igual que el populismo, la tolerancia no es una idea unívoca. A medida que el “fin de la tolerancia” gana terreno, el populismo de izquierda tiene un doble objetivo. En primer lugar, permanecer firme en contra del populismo de extrema derecha. En segundo lugar, acabar con el mito de que la política debe continuar como siempre lo ha hecho. La gente exige ser escuchada y que se tomen en serio su ansiedad y sus quejas. Una nueva izquierda está tomando forma, una que ha estado con esta gente protestando en las calles de Europa.

Ilustraciones de O COLIS
Traducido por Enrique Prudencio para Zonaizquierda.org

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* Marina Prentoulis da conferencias en Medios de Comunicación y en la Escuela de Ciencias Políticas, Sociales y Estudios Internacionales de la Universidad de East Anglia. Lasse Thomassen es profesora titular de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Queen Mary de Londres.

Fuente: http://europe.redpepper.org.uk/the-end-of-tolerance-and-the-new-populism/

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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