LOS ENEMIGOS DE LA LIBERTAD (de los demás)

5 mayo 2014 | Categorías: Nacional
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democracia4Francisco Altemir, Attac Madrid

 

Los conceptos de liberalismo y de democracia son, para José Ortega y Gasset, diferentes por no decir antagónicos. Democracia y liberalismo son dos respuestas a dos cuestiones de derecho político completamente distintas.

La democracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el poder público? La respuesta es. “El ejercicio del Poder público corresponde a la colectividad de los ciudadanos….”

El liberalismo, en cambio, responde a esta otra pregunta: ejerza quienquiera el Poder público, ¿cuáles deben ser los limites de éste? La respuesta suena así.: “el Poder público, ejérzalo un autócrata o el pueblo, no puede ser absoluto, sino que las personas tienen derechos previos a toda injerencia del Estado. Es, pues, la tendencia a limitar la intervención del Poder público. ” (El Espectador V, 1927).

Cuando Ortega escribía  esto, el único Poder organizado era el público, al día de hoy, en los albores  del Siglo XXI, existen otros Poderes, que han emergido con fuerza en este intervalo de tiempo y que desbancan al Poder público, pudiendo llegar a convertir a éste ultimo en servidor de sus intereses particulares. Me refiero a los Poderes Financieros y de los Medios de Comunicación, que actúan en intima colaboración, de tal forma que no se sabe dónde termina uno y dónde comienza el otro.

El liberalismo, a esta fecha, debe entenderse como la tendencia a limitar la intervención hegemónica de cualquier Poder sin ponerle ningún adjetivo.

Sociedad matriarcal, sociedad patriarcal

¿Cómo nace el poder? Una respuesta a esta pregunta la encontramos en la teoría de Bachofen (El derecho materno, 1861). En el comienzo de la historia de la humanidad sólo la maternidad era indiscutible, ignorándose el papel del hombre en el proceso de la procreación, al no relacionar el acto amoroso con el del nacimiento. En la madre recala la responsabilidad de los hijos. En este orden matriarcal todos los hombres eran iguales, la madre ama a sus hijos por igual. “La idea de fraternidad universal de los hombres tiene su raíz en el principio de maternidad”. La igualdad es un principio inseparable de la sociedad matriarcal. Pero Bachofen va más allá suponiendo que, tras un largo proceso histórico, los hombres derrotaron a las mujeres, por su mayor fuerza física, las sometieron a su autoridad y tomaron el poder. La sociedad patriarcal se caracteriza por estar jerárquicamente organizada, por el respeto a la autoridad del más fuerte. Se pierden los valores de igualdad y fraternidad. Posteriormente, y en una sociedad totalmente patriarcal, donde la mujer no tenía ningún derecho, nos llega el mensaje cristiano que pone el amor, que caracterizaba a la cultura matriarcal, como el máximo valor a que deberíamos aspirar; lo que evidentemente no se ha logrado, “La relación, afirma Bachofen, que ha permitido a la humanidad entrar en la civilización, que constituye el principio de desarrollo de todas las virtudes y de información en los aspectos más nobles de la existencia humana es el principio matriarcal, que se actualiza como principio del amor, de la unidad y de la paz. ”

Con la llegada de la sociedad patriarcal, donde impera la ley del más fuerte, no sólo se pierden la igualdad y la fraternidad sino algo que va indisolublemente ligado a ellas: la libertad. Comienza la rebelión contra la autoridad y el poder. Sófocles nos ha dejado una obra inmortal, Antigona, en la que la protagonista se rebela contra el rey de Tebas, Creonte, para quien la obediencia a la autoridad establecida es el valor supremo: “No hay peste mayor que la insubordinación”,  afirma.  Por el contrario Antígona, antes de morir a causa de su rebelión, nos dice: “Mi persona no está hecha para compartir el odio, sino el amor”

El poder

Normalmente se confunde el concepto de autoridad con el de poder, se confunde la auctoritas con la potestas

Quien tiene autoridad es seguido voluntariamente por el ejemplo que da, por su competencia en alguna materia; es una fuente de inspiración para los que le siguen, crea escuela. Es la Autoridad del Maestro  que propone y no se impone.

Por el contrario, un hombre tiene poder si es capaz de cumplir con los fines que se propone. En su camino se ha encontrado con otros hombres que pretendían lo mismo, pero les ha vencido y ha conquistado el poder. El dominador no puede compartirlo con los otros, excluye a los demás, les limita su libertad.

El poder supone una relación entre desiguales, el amo y el esclavo, el señor y el lacayo, el rico y el pobre,  la desigualdad origina rechazo por parte del más débil.

El poder lleva en sí mismo la semilla de su propia degeneración, si no se le limita, lleva a la tiranía y al despotismo. Lord Acton lo expresaba muy bien en una frase, generalmente mal traducida: “El poder  tiende a corromper, y el poder absoluto tiende a corromper absolutamente”.

El poder tiende a corromper a quien lo tiene, humilla a quien lo padece. Pero también tiende a corromper a éste último, que tiende a ser servil, obsequioso, a hacer méritos. “La recompensa al mérito es la recompensa por obedecer la voluntad de los otros hombres, no una compensación por los beneficios que les hemos conferido al hacer lo que pensábamos que era mejor.” Esto lo dice Hayek  (Los Fundamentos de la Libertad) uno de los padres del “neoliberalismo”, en un momento de autenticidad y de coherencia con sus orígenes.

El poderoso pretende la dominación de los demás, utilizarlos en su provecho mediante unos medios que posee: la coacción, el premio, el castigo, la violencia, bien física, bien mental, la propaganda, la manipulación y el control de los medios de comunicación y de educación.

Las revoluciones liberales tenían como objetivo principal limitar el poder de los gobiernos para proteger a los individuos, eran, ante todo, una rebelión contra la desigualdad y las injusticias que conlleva.  Hay que repensar los contextos históricos en que se producen con los abusos de las Monarquías absolutas.

Maquiavelo, en su obra “El Príncipe”, inspirada, en parte, por nuestro Rey Católico, nos habla de la forma de conseguir el poder, de mantenerlo y de acrecentado. Al buen gobierno no le concierne la bondad o la maldad de los fines que persigue el príncipe sino solamente la eficacia de sus acciones. Las virtudes del príncipe son el engaño, la hipocresía, la violencia. El fin justifica todos los medios: “Esto da pie a una discusión.‘ si es mejor ser amado que temido, o a la inversa. La respuesta es que ambas cosas son deseables, pero que puesto que son difíciles de conciliar…..es más seguro ser temido que amado.” Personalmente no sé si Maquiavelo, coetáneo de Erasmo y Tomás Moro, escribió una denuncia y crítica del poder en esta obra, para mostrar su verdadero pensamiento en “Los Discursos sobre la primera década de Tito Livio” libro más en línea con los autores citados y en el que se muestra ansioso por elevar la moral de los italianos; en el que habla del bien común, ensalzando a los pueblos libres, únicos capaces de alcanzar la grandeza, que pierden cuando sus ciudadanos se vuelven esclavos.

Libertad e igualdad

La igualdad antecede a la libertad, de tal forma que no puede existir libertad sin la previa existencia de la igualdad. El subordinado, en una empresa, no tiene libertad para expresarse de forma auténtica ante sus jefes que tienen el poder. La relación de subordinación les impide ser libres y verdaderos.

A la mujer le ha pasado lo mismo durante siglos, ha sufrido la dominación del hombre, del padre y después del marido. Esa situación de desigualdad le ha impedido ser libre e independiente y todavía al día de hoy no está totalmente equiparada al varón en cuanto a oportunidades y reconocimiento de su valía. Desde un punto de vista antropológico la teoría de Bachofen viene a corroborar esta afirmación.

Desde un punto de vista filosófico  Kant había llegado, con anterioridad, a esa conclusión: todas las personas son iguales en dignidad, mereciendo todas ellas   igual  consideración y respeto.

Ambos tienen unas raíces cristianas, y el cristianismo ha predicado siempre de palabra, que no de obra, la igualdad de todos, al ser hijos del mismo Padre.

A la libertad se le ama, por la igualdad se siente una verdadera pasión. Si en el seno de una familia se trata de forma desigual a los hijos, si se establecen diferencias, se acaba la paz familiar. No en vano somos descendientes, según la leyenda bíblica, de Caín quien mató a su hermano por ser el preferido de un “Dios” arbitrario. En la sociedad pasa lo mismo, el camino hacia la libertad pasa necesariamente por la igualdad. En las revoluciones liberales había que acabar con los privilegios (leyes privadas) de los poderosos. La Declaración Universal de Derechos Humanos recoge esta aspiración de los hombres en su artículo primero: “Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos…” Para seguir en su artículo segundo: “…sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.“

Declaración de Derechos que recoge explícitamente nuestra Constitución (Artículo 10).

La igualdad de todos los hombres tiene unas raíces filosóficas, antropológicas y religiosas: todas las personas son iguales en dignidad y libres de escoger sus fines y proyectos de vida. En la práctica ¡qué lejos estamos de una sociedad igualitaria! La diferencia de capacidades y potencialidades, la diversidad de proyectos personales, nos hace diferentes, pero eso no cuenta en una cultura que nos ha imbuido en los valores del tener y no en los del ser, en la que se llega a pensar y decir que todo hombre tiene un precio, desconociendo las maravillosas palabras de Kant: ‘Aquello que tiene precio puede ser sustituido  por algo equivalente,’ en cambio, lo que se halla por encima de todo precio, y, por tanto, no admite nada equivalente, eso, tiene dignidad”

Por ello:

Tendemos a sobrevalorar la riqueza sobre todo si la vemos en papel couché o en los banales magacines de las televisiones que introducen en el seno de nuestro hogar las vidas escabrosas de “famosos” o “famosas” convirtiendo nuestros “salones” en un reflejo de lo que eran las de las antiguas casas de lenocinio: ¡Niñas al salón!

Tendemos, en nuestra práctica diaria, a ser serviles con los poderosos y despreciativos con los débiles y menesterosos, a los que rehuimos y procuramos alejar de nuestro entorno.

Un aristócrata liberal como Alexis de Tocqueville se muestra apasionado por la idea de igualdad (La democracia en América, 2), la considera el motor del perfeccionamiento de los hombres.  Afirma que el deseo de igualdad es mayor que el afán de libertad: “Los bienes que la libertad procura no se perciben sino a la larga, y no siempre es fácil descubrir la causa que los origina….Las ventajas de la igualdad se dejan sentir de inmediato, y pueden verse cómo cada día brotan’ de esa fuente…La igualdad proporciona multitud de pequeños goces cotidianos a cada hombre.”

No por eso deja de intuir los peligros a que nos puede llevar un igualitarismo exacerbado. Termina su libro con esta advertencia: “Las naciones de nuestros días no pueden impedir la desigualdad de condiciones en su seno; pero de ellas depende que la igualdad las lleve a la servidumbre o a la libertad, a la civilización o a la barbarie, a la prosperidad o a la miseria ”

La libertad perdida.

La historia de la humanidad es la historia de la lucha de los hombres por recuperar la libertad perdida.

Este sentimiento de la libertad perdida anida en el corazón de todos los hombres, pero es un sentimiento dormido por diversas causas: el miedo, el afán de seguridad, la pereza, el espíritu acomodaticio. . .Es en algunos hombres: Moisés, Espartaco, Padilla, Juan Bravo, Maldonado, por citar algunos, en los que la añoranza por la libertad perdida o el espíritu de rebelión contra las desigualdades originadas por un poder injusto y totalitario, aflora a la superficie y arrastra a los demás. Moisés escucha las palabras de Yavé: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos…El clamor de los israelitas ha llegado a mí, y he visto cómo los tiranizaban los egipcios. Y ahora, anda, que te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas.”

No tuvieron tanta suerte los Comuneros castellanos en su intento de que el poder monárquico tuviera límites y estuviese controlado por el pueblo. Su derrota supuso el advenimiento de la monarquía absoluta y con ella comenzó la decadencia española, al no tener el pueblo, único protagonista de la historia, libertad para expresarse. La España Imperial tenía en su seno, en la Castilla original, enfermedades incurables:

La nobleza que no tenía escrúpulos en doblegar a sus vasallos para obtener mayores beneficios.

El clero que rivalizaba en poder y en ingresos con la nobleza, teniendo además en sus manos un arma poderosa: la Inquisición.

Se despreciaba al que trabajaba, al pechero que pagaba impuestos.

Se valoraba al pícaro, al que vivía en el ocio a costa de los demás. Era un mundo de marginados y perseguidos.

El que podía emprendía la aventura americana.

Nadie estaba libre de ser perseguido: Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Fray Luis de León lo fueron por la Inquisición. Cervantes, espíritu liberal donde los hubiera, sufrió presidio en España.

Esa era la España real y no la España Imperial de papel couché, que nos han enseñado y cuyos centenarios estamos continuamente celebrando.

En 1522, al ser derrotados los comuneros castellanos, se perdió la primera oportunidad de tener una Monarquía parlamentaria, moderna, liberal con los poderes del soberano bajo el control del pueblo.

El lema de la Revolución Francesa (1789) era, recordémosle: “Libertad.  Igualdad y Fraternidad.” Se puso, sin embargo el acento en la Libertad, con olvido de las otras dos, que van inseparablemente unidas.

La Revolución Rusa puso el acento únicamente en la Igualdad y dio origen al leninismo y a sus derivados, con el desastroso resultado que todos conocemos.

Liberalismo y Democracia

Ya hemos visto que son conceptos que responden a preguntas o necesidades diferentes. El primero pretende poner coto a los excesos de poder en beneficio de la libertad de todos los hombres. La democracia establece las reglas para que todos los ciudadanos elijan a sus representantes para que ejerzan el poder público en su nombre. El liberalismo ha encontrado en la democracia el mejor aliado para instaurar su programa, hay que tener  en cuenta, sin embargo,  que no fue el proyecto liberal el que consiguió el sufragio universal, fueron las luchas sociales en contra de las desigualdades e injusticias.

Todos los partidos democráticos se autoproclaman liberales, nadie debería usurpar en exclusiva este concepto, sin embargo:

Cuando las libertades públicas están siendo amenazadas por leyes que quieren limitarlas amordazando a los ciudadanos.

Cuando se considera la seguridad como un valor absoluto por encima de los derechos humanos fundamentales.

Cuando el poder político imperante se rinde ante confesiones religiosas no compartidas por todos, adecuando la legislación a las creencias  de esa minoría.

Cuando ese poder político quiere imponer un modelo económico contrario a la equidad y a la justicia, causando no solamente un sufrimiento inaguantable a una parte creciente de la población sino una falta de expectativas para la juventud fruto inocente de todos nosotros.

Cuando, de forma tácita, se considera que la JUSTICIA no es ni puede ser igual para todos

Cuando ese poder político fomenta que unos pocos sean cada vez más ricos y poderosos en perjuicio de la mayoría que se ve atenazada por el miedo, miedo a perder el puesto de trabajo; miedo a nunca encontrar un puesto de trabajo digno, miedo al poder arbitrario movido por intereses inconfesables que planifican ERES despiadados.  Miedo, miedo, miedo es lo que se respira en el ambiente y el MIEDO es el gran enemigo de la libertad.

Cuando el miedo agarrota a la sociedad el partido gobernante es cualquier cosa menos liberal porque se convierte en poder absoluto. Solamente defiende la “libertad”, más bien arbitrariedad, de unos pocos, hay que denunciarle ante los Tribunales Supranacionales. De caso contrario estamos a las puertas del fascismo o nazismo más depredador que los antiguos porque ahorman al pueblo por el miedo, la ignorancia, la banalidad, el consumismo y las FUERZAS DEL ORDEN PÚBLICO. Raúl Rejón nos lo advierte en eldiario.es: España dedica más riqueza nacional a Seguridad que la media europea y menos a Sanidad y Educación (http://www.eldiario.es/sociedad/gasto_publico-peso_relativo-politicas-gobierno-ue_0_254424873.html)

A esto hay que añadir que quien domina la Educación puede convertir los hombres bien en seres  libres o conducirlos a la esclavitud, base del sistema económico imperante. Personalmente lo ponía de manifiesto en un artículo “SANTÍSIMA  COMPETITIVIDAD” que comenzaba:

Primer párrafo del Anteproyecto de la LOMCE (2012): “La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global.”

El espíritu de las leyes, su sustancia, se encuentra bien en su preámbulo, bien en su exposición de motivos”. ( http://www.attacmadrid.org/?p=8406  )

 

Hay que desenmascarar a los enemigos de la libertad que se autoproclaman liberales pero que no quieren responder a las leyes que nos hemos dado. Desprecian las normas porque no van con ellos, “divinos mortales”, que eluden impuestos, que eluden las leyes de tráfico, que aparcan en sitio prohibido, que son los “listos” que adelantan por el arcén en un atasco. Las leyes y normas son  para los pecheros, aquellos  que pechan con la pesada carga de mantener un Estado del que se aprovechan unos pocos y sus amigotes.

Hace tiempo se cargaron la IGUALDAD, se cargaron la SOLIDARIDAD o FRATERNIDAD desplazándola a comedores de “caridad” que humillan a los hambrientos, portadores de Derechos Humanos inalienables.

Ahora van a borrar del mapa a la LIBERTAD mancillando su significado.

Se van a cargar a la MADRE TIERRA olvidando lo que dice la humilde tribu Massai: “Nosotros no heredamos la Tierra, se la pedimos prestada a nuestros hijos”

Todavía estamos a tiempo de parar la vuelta a la barbarie y a la ley de la selva, mañana puede ser tarde.

Madrid,  1 de Mayo de 2014

ATTAC Madrid no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

 

 

 

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